“LES APACHES”: LOS GAMBERROS DE LA BELLE ÉPOQUE COMO ANTECEDENTE DEL FENÓMENO RACAILLE (I)

julio 22, 2012

Retomando la descripción de los precedentes estilos juveniles contemporáneos, como ya hicimos en el caso de los scuttlers ingleses (véase la serie de entradas anteriores bajo el título Scutllers: los pandilleros de la Segunda Revolución Industrial I, II y III), en esta ocasión nos adentraremos en la Francia de la Belle Époque para conocer a las pandillas de jóvenes que pulularon por los callejuelas de Paris a inicios del siglo XX: les apaches.

un grupo de apaches parisinos posando ante la cámara

LOS PIELES ROJAS. UN ORIGEN INCIERTO

Originarios de barrios del noreste de la capital gala, como Belleville, la Bastilla, la Vilette, Ménilmontant o Montmatre, les apaches deben su nombre a la prensa de sucesos de la época. Fue el 12 de diciembre de 1900 cuando el columnista Henri Fourquier en su crónica del periódico Le Matin recogió de manera irónica la existencia de una “tribu de Apaches” que se había trasladado de las Montañas Rocosas a los distritos insalubres de Paris. Sin duda, la brutalidad de las acciones cometidas por estos jóvenes parisinos indujo al periodista a compararles con aquellos indígenas americanos que poblaban las tierras de Arizona, Nuevo Méjico y Texas, cuya imagen estereotipada había lanzado a la fama la novela de Fenimore Cooper, El último mohicano, publicada en 1826. A raíz de la popularización de dicha obra y de la fascinación que suscitó en Francia la cultura de los indios americanos tras la gira europea del espectáculo circense Buffalo Bill’s Wild West, fue habitual desde la segunda mitad del siglo XIX el uso de la voz “Peaux- Rouges” (pieles rojas) para referirse a los jóvenes residentes de los suburbios de la capital.

A pesar de ello el origen del nombre resulta incierto. Según otras fuentes, se remonta a la detención por parte de la policía de un joven de dieciocho años apodado “Terror”, miembro de la banda de Belleville. Durante los interrogatorios el rufián se jactó con arrogancia de los diversos delitos cometidos llegando a exasperar al inspector encargado del caso que llegó a exclamar: “¡Os comportáis como apaches!”. Tanto gusto a “Terror” el apelativo que no dudó en afirmar: “Eso es, apaches”. Otras versiones apuntan a un reportaje sobre un altercado acaecido en Montmatre que describía “la furia de un incidente entre dos hombres y una mujer similar a la ferocidad de los salvajes indios apaches en una batalla”. Mientras una tercera interpretación apunta como procedencia del término el descubrimiento de un cadáver brutalmente torturado que se encontró en la calle Faubourg du Temple, un hallazgo que trascendió bajo el titular: “El crimen cometido por los Apaches de Belleville”. Sea como fuere, parece claro que la denominación apache en referencia a estas pandillas callejeras integradas por jóvenes parisinos fue una invención de los medios de comunicación de la época. Así al menos lo confirman los interrogatorios hechos por la policía en los que los jóvenes pillos negaron identificarse con dicho vocablo. A pesar de ello, el término fue popularizado por la prensa mediante titulares sensacionalistas como “Los Apaches aterrorizan Paris”, “Bandas de asesinos de Paris” o “Una ejecución sangrienta en el centro de Paris”. Desde ese momento los apaches pasaron a ser sinónimo de estafadores, proxenetas y ladrones.

portada que identifica a los apaches como “la plaga de Paris”

El fenómeno apache posteriormente se expandió a los barrios más céntricos de la capital, formándose pandillas en zonas como Maubert, La Mouffe, Montparnasse o Les Halles. También se irradió a otras ciudades francesas, como Marsella o Lyon, aunque allí tomó otras denominaciones, como “nervis” o “kangourous” respectivamente.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD JUVENIL

Fourquier en su artículo definía a los apaches como unos pandilleros semi nómadas, huérfanos o desvinculados de sus familias, que al no contar con un trabajo fijo se dedicaban a deambular por las calles. Por su parte, la policía les tildaba de ejército de criminales. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los 10- 20 años, solían agruparse en pandillas. Las más afamadas fueron Les Coeurs d’Acier (corazones de hierro), Les Riffaudes, Les Aristos, Gars de Charonne, Les Habits Noirs  o la banda de Manda.

Usaban una jerga callejera propia e ininteligible para el resto de la ciudadanía, el jare. Además, poseían un código de justicia particular que castigaba con dureza cualquier traición o delación. Se les identificaba fácilmente por su vestimenta, caracterizada por el uso de chaquetas de satén negras, camisas de colores extravagantes, blusas azules, chalecos, camisetas rayadas de marinero, cinturones de franela roja, fulares de colores (con el que se reconocía a la banda a la que pertenecían), gorras planas y sus inconfundibles pantalones de fieltro apretados en las rodillas conocidos popularmente como Bénard, en horno al sastre que los confeccionó, Auguste Bénard. De hecho consiguieron tanta fama que desde entonces la palabra bénard y sus derivadas, ben o bénouze, pasaron a formar parte del argot parisino como sinónimo de pantalón. En la época de los apaches también eran conocidos como los pantalones “dolor de barriga”, debido a sus enormes bolsillos delanteros que eran empleados por los jovenzuelos para ocultar armas y los objetos que sustraían. Completaban su vestuario con un par de botas lustradas de color amarillo con botones de oro.

Otro de los elementos que les definían era los tatuajes, que por aquel entonces solían lucir únicamente los marineros y aquellos que frecuentaban los bajos fondos. Uno de los más característicos de los apaches era el llamado “oeil de biche”, un pequeño tatuaje que llevaban alrededor de los ojos. Por lo general, acostumbraban a tatuarse el pecho y los brazos con motivos diversos.

un grupo de pillos de barrio parisinos a inicios del siglo XX


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (III)

agosto 14, 2011

Los episodios de violencia y vandalismo scuttler influyeron decisivamente en su declive definitivo. El temor que suscitaron entre la ciudadanía y la administración sus actos originaron las múltiples iniciativas que determinarían su futuro inmediato. Paradójicamente, estas combinaron los castigos más inflexibles con proyectos de índole educativa basados en las nuevas formas de ocio emergentes a finales del siglo XIX.

representación gráfica del look scuttler

LA CRIMINALIZACIÓN DE UN ESTILO PRECURSOR

Los scuttlers construyeron su propio estilo a partir de elementos como la vestimenta. Así fue como se distinguían del resto de jóvenes de clase trabajadora. Su atuendo habitual lo componía un chaqueta de anchas solapas, un chaleco, unos pantalones algo acampanados de corte marinero, un cinturón con hebilla, un pañuelo de seda anudado al cuello, una gorra con visera que inclinaban hacía la izquierda para dejar visible su peinado y unos zapatos estrechos con puntera de bronce. Llevaban el pelo corto en la parte posterior y a ambos lados de la cabeza pero se dejaban crecer algo más el flequillo, un corte que se popularmente se conocía como “donkey fringes”.

El interés suscitado por los altercados que protagonizaron estos adolescentes provocó que, por primera vez en la historia, la prensa británica asociara explícitamente indumentaria y delincuencia. Periódicos como el Daily Graphic publicaron artículos sobre la vestimenta de los scuttlers, llegando incluso a reproducir el “uniforme” de los jóvenes vándalos. También la literatura se acercó al fenómeno. En 1899 se publicó el libro The Hooligan Nights del novelista Clarence Rook, que relataba las vivencias de un delincuente juvenil de diecisiete años llamado Alf. Rook se inspiró para escribir su obra en la figura de Patrick Hooligan, un portero de Lambeth de origen irlandés que asesinó a un policía y acabó muriendo en la cárcel. Según el propio Rook, Hooligan se convirtió en una especie de mito en los bajos fondos, toda una leyenda del hampa de la época. Aunque esta es una de las versiones más versemblantes que existen sobre el origen del término hooligan, posteriormente, nuevas investigaciones lo vincularon a otras procedencias.

Sir John Day, conocido como Mr. Justice, uno de los jueces mñas beligerantes

La alarma social que causaron las actuaciones vandálicas de los scuttlers tuvieron su respuesta en las contundentes sentencias judiciales que les fueron impuestas. La magistratura y las autoridades, en su objetivo por preservar a la juventud y por extensión al resto de la sociedad de lo que entendían como “alienaciones salvajes”, dictaron condenas ejemplares. Cerca de 800 jóvenes fueron acusados y sancionados por “conducta desordenada voluntaria”. Algunos de ellos incluso fueron recluidos en un barco mercante adecuado para confinar a rateros cuando tan sólo tenían catorce años. Pero las repercusiones del fenómeno scuttler fueron más allá de las medidas adoptadas por el estamento judicial. También desde el gobierno se emprendieron iniciativas, con carácter de urgencia, para acabar con la violencia de las bandas juveniles, como la reforma del código penal británico para menores.

agentes de policia de Manchester durante la década de 1880

EL FIN DE LOS SCUTTLERS: EL FÚTBOL COMO ELEMENTO CONCILIADOR DE LA CONDUCTA

La severidad de las penas impuestas por los jueces junto a otros factores, como la reestructuración urbanística que sufrieron los suburbios o la creación de los llamados Working Lads’ Clubs (clubes de chicos trabajadores) como el que se inauguró en Coronation street en Saldford, impulsaron la desaparición de las bandas. Los programas educacionales estatales y las iniciativas filantrópicas, junto a las nuevas ofertas de ocio, provocaron que los adolescentes se alejaran progresivamente de las actitudes delincuenciales precedentes. Entre las innovadoras propuestas de diversión que atrajeron a estos jóvenes se hallaba el cine y el deporte.

Una de las alternativas a la guerra de bandas precedente que caló con más éxito entre la juventud fue la creación del St Marks Football Club. Un modesto equipo del sudeste de la ciudad que en 1984 pasó a denominarse Manchester City FC. La formación del equipo consiguió alejar a los adolescentes de West Gorton, uno de los barrios de la ciudad, de las actividades delictivas.


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (II)

agosto 8, 2011

El fenómeno scuttler, inicialmente restringido a Manchester y aledaños, vivió una rápida expansión. La misma coincidió con su mayor proyección mediática tras los altercados que protagonizaron los miembros de las bandas. Ello comportó la constatación de la existencia de un estilo juvenil, el primero en la historia contemporánea de Gran Bretaña.

scuttler de Saldford a inicios de la década de 1890

1890: LA GRAN BRONCA

La mayor visualización pública del fenómeno scuttler aconteció en 1890 cuando en un incidente entre bandas rivales se vieron implicados cerca de medio millar de jóvenes. La mayoría de los participantes acabó cumpliendo condena en la prisión de Strangeways de Manchester, uno de los centros penintenciarios con peor fama del país. La ciudad pronto se convirtió en el epicentro de un estilo que se propagó a escala nacional. Sus integrantes contaron con una vestimenta característica y un argot callejero propio. El bravucón estilo scuttler se propagó más allá del Gran Manchester. En otras grandes ciudades aparecieron bandas similares que recrearon la imagen y las particularidades de los pandilleros pioneros. Así fue como se gestaron grupos juveniles de extracción obrera similares, como los Peaky Blinders en Birmingham, los High Rip en Liverpool o los Monkey’s Parade y los Bowry Boys del este de Londres.

Algunos de sus miembros acostumbraban a ir armados, aunque no eran una mayoría. Habitualmente usaban en sus peleas cuchillos y las hebillas de sus anchos cinturones de cuero decoradas con siluetas de serpientes o corazones atravesados con flechas o el nombre de su amada, que se anudaban en las manos para golpear con contundencia a sus rivales. Su principal objetivo, lejos de matar, era mutilar o desfigurar parte del rostro del adversario para intimidarle y preservar así su territorio de forasteros. Unas acciones que deben enmarcarse en un tipo de violencia ritual dirigida a impresionar a los pandilleros rivales y las chicas del barrio. Contrariamente a lo que pueda parecer, las muertes atribuidas a los scuttlers entre 1870 y 1890 no superaron la media docena. Entre ellas, la del niño de diez años John O’Toole y la del miembro de los Bengal Tigers, Joe Brady. Sobre los heridos, sólo durante la década de 1890, el hospital Manchester Royal Infirmary atendió casi a diario algún lastimado por enfrentamientos entre bandas scuttlers. Los agredidos también podían ser simples ciudadanos que reprobaban los actos de los pandilleros o peatones extraviados que paseaban por su territorio.

ficha policial de Alexander Pearson, scuttler de Ancoats encarcelado en 1892

DELITOS Y PREJUICIOS. UN ORÍGEN DEL HOOLIGANISMO

Sin duda, una de las agresiones que tuvo mayor repercusión mediática ocurrió en 1892, cuando tres jóvenes de 16 años integrantes de la banda de Lime Street cometieron un asesinato. La víctima fue un adolescente de otra pandilla rival al que apuñalaron por la espalda. El autor confeso del homicidio, William Willan, pidió clemencia ante el magistrado aduciendo su corta edad y su condición de vagabundo. Lejos de amilanar al juez, Willan fue condenado a muerte, aunque la pena le fue conmutada y acabó cumpliendo cadena perpétua.

Seis años más tarde, un suceso parecido acabó con la vida de un inmigrante armenio que cayó asesinado a manos de una banda scuttler en el sur de Londres. No era la primera vez que los pandilleros atacaban a un extranjero, asaltos similares contra jóvenes judíos en el sur y este de la capital británica se sucedieron a lo largo de toda la década. Según diversos expertos, los mismos reflejaban la ansiedad de los adolescentes locales por la competencia que, según ellos, suponían los inmigrantes en el ámbito laboral y en el de la vivienda.

El crimen de Londres se unió a las detenciones por embriaguez, los robos de joyerías, los asaltos a agentes del orden y las peleas callejeras que durante el mes de agosto de ese mismo año habían protagonizado los scuttlers en diversas ciudades del país. El aumento de los actos vandálicos alarmó a la sociedad. Fue entonces cuando la prensa se acercó al fenómeno e introdujo un nuevo epíteto para designar a los adolescentes violentos: hooligan. El término, de origen irlandés, encerraba en si mismo en aquella época connotaciones peyorativas dados los prejuicios existentes en Inglaterra por aquel entonces contra los irlandeses.

Sir Justice Day, conocido como Judgement Day, uno de los jueces más implacables con los scuttlers

Así fue como a partir de entonces a los pandilleros protagonistas de trifulcas y peleas se les empezó a denominar hooligans. Una locución que haría fortuna en los años setenta cuando se asoció a los seguidores radicales del fútbol británico. En los albores del siglo XX sirvió para designar a los adolescentes encuadrados en bandas como los Lion Boys, la Pistol Gang de Clerkenwell, los Drury Lane Boys, los Somers Town Boys o los Fulham Boys londinenses.


ZAZOUS: LOS REBELDES DEL SWING FRANCESES (II)

diciembre 7, 2010

Los zazous fueron considerados un mal ejemplo moral para la juventud francesa. El ministro de educación del gobierno de Vichy, Abel Bonnard, les consideró “un vestigio de una sociedad individualista”. De ahí que diversos medios, como el semanario La Jeunesse o el periódico La Gerbe, publicaran numerosos artículos anti- zazous (78 en 1941, 49 en 1941 y 38 en 1943), en los que se criticaba su “degeneración, egoísmo y simpatías judeo- gaullistas”.

pintada antizazou firmada por la JPF

RASEZ LE ZAZOU!: DE PERSEGUIDOS A OLVIDADOS

A partir de 1942 las palizas callejeras a zazous empezaron a ser habituales tras convertirse en el chivo expiatorio de organizaciones fascistas como Jeunesse Populaire Française (JPF). Los miembros de esta organización, liderada por Jacques Doriot, solían arremeter contra los zazous provistos con máquinas de afeitar al grito de “Scalp les zazous!”. Precisamente, una de sus principales diversiones consistía en afeitar las largas cabelleras de los zazous. Y eso fue lo que hicieron el 14 de junio de 1942, cuando centenares de jóvenes collabos organizaron una gran batida en Neuilly (barrio Latino) y los Campos Elíseos contra los zazous al grito de “Vive Pétain, Vive Doriot!”.

Jacques Doriot, líder de la JPF

Los camisas azules de la JPF eran la antítesis de los zazous. El propio líder de dicha organización teorizó alrededor del vestuario como “signo distintivo de la raza”, exhortando a sus afiliados a “ser duros, violentos, pero ir correctamente vestidos”.

LA JUVENTUD DISIDENTE, NI NAZIS NI COLLABOS

La procedencia multiétnica de los zazous, junto a su pasión por el swing jazz, y su vestuario extravagante les otorgaron una aurea de bohemia que fue percibida como un acto de disidencia por las autoridades nazis que regían la Francia ocupada. Los zazous tampoco fueron del agrado del régimen colaboracionista de Vichy, que los consideró una “degeneración cultural”. De hecho, sus homólogos alemanes, los denominados “chicos swing”, fueron también perseguidos durante los años treinta por las escuadras nacionalsocialistas. Durante la Segunda Guerra Mundial más de 300 de estos apasionados del swing fueron internados en campos de exterminio. También algún francés fue deportado. Este fue el caso de Pierre Seel, un zazou de Mulhouse que fue recluido en Schirmeck- Vörburck (Alsacia) por ser homosexual.

dibujo satírico de los encontronazos entre zazous y miembros de la JPF

Pero la actitud beligerante de los zazous ante el totalitarismo nazi fue más allá de sus preferencias musicales. Cuando en 1942 se obligó a los ciudadanos judíos de Paris a lucir una estrella de David amarilla identificativa en su pecho, los jóvenes zazous optaron por colgarse también una con la palabra “swing” o “zazou” escrita en medio de la misma. Este tipo de acciones, junto con su “inmoral” forma de bailar, fueron consideradas como inaceptables tanto por los jerarcas nazis como por el gobierno de Vichy.

estrella de David que exhibieron los zazous

Paralelamente, otros zazous fueron arrestados por la policía y confinados en áreas rurales siendo obligados a trabajar en el campo. Se prohibieron los bailes, pasando estos a ser clandestinos. Aunque de facto estos ya se celebraban en secreto, reviviendo las “fiestas sorpresa” ilegales de los años veinte, desde que los Estados Unidos declararon el estado de guerra y el jazz y el swing fueran censurados por los nazis. Algo similar ocurrió con los films norteamericanos posteriores a 1937. También fueron clausurados los cafés del Boulevard Saint- Michel como respuesta al “mauvais sprit” (mal espíritu) de los zazous. Este cúmulo de persecuciones, arrestos y prohibiciones convirtió el estilo en un fenómeno underground. Muchos zazous evitaron las detenciones y el hostigamiento transformando su vestuario por otro menos llamativo. Así fue como el estilo fue menguando hasta desaparecer a finales de los años cuarenta.


STILYAGA, EL ESTILO DE LA JUVENTUD SOVIÉTICA

noviembre 16, 2010

Mientras en Gran Bretaña emergían los teddy boys, antecedentes de los posteriores rockers, en la Unión Soviética se gestó un estilo juvenil similar, los stilyagi (nombre que recibían los seguidores del estilo stylaga). Estos buscadores de estilo o estilistas, como se deduce de la traducción del vocablo original en ruso, adoptaron una estética transgresora emulando a sus homólogos occidentales.

Gestados durante la inmediata postguerra, los stilyagi reaparecieron tras años de represión en la sociedad soviética cuando el país inició el proceso de reformas auspiciado por Nikita Jrushchov. La distensión de los mecanismos de control social imperantes durante el régimen estalinista favoreció el resurgimiento en los años cincuenta de este primer estilo juvenil soviético.

encuentro entre soviéticos y norteamericanos en Elba (abril 1945)

LA MODA DEL FRENTE

La mayoría de los jóvenes veinteañeros que se adscribieron al mismo habían servido en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Durante su estancia en el frente entraron en contacto con soldados europeos y norteamericanos que les mostraron imágenes de revistas que reproducían la moda del momento. Muchos de ellos se sintieron atraídos por unos vestuarios que les resultaban inéditos y a la vez fascinantes.

La estética contestataria de los stilyagi fue considerada moralmente incorrecta y contrastó con la austeridad y uniformidad de la sociedad soviética. Los trajes zoot suit de colores brillantes fueron habituales en los primeros años de implantación del estilo dando paso, posteriormente, a una imagen más elegante caracterizada por el uso de pantalones estrechos, chaquetas largas, camisas con lazo en el cuello y zapatos de suela gruesa similares a los creepers.

La admiración de los stilyagi por la música y la cultura norteamericanas también difirieron de su entorno. Inicialmente, sintieron fascinación por las orquestras de swing y boogie- woogie que triunfaban en aquellos años, llegando incluso a originar un baile propio ligado a este último género musical. A estos estilos, en los años cincuenta añadieron su pasión por la música rock and roll. A mediados de esa década, muchos stilyagi fueron detenidos por fabricar y distribuir sus propios discos, recibiendo penas de entre tres y cinco años de internamiento en campos de trabajo. El estilo fue incluso ridiculizado por la prensa y la clase dirigente, llegando a ser definido como “opuesto a las normas que rigen la sociedad soviética”.

escena del film Stilyagi dirigido por Valery Todorovsky en el año 2008

DISIDENCIA MUSICAL Y CULTURAL

A finales de los años cincuenta los stilyagi, cohesionados alrededor de su pasión por el rock and roll, readaptaron el discurso del sistema lanzando mensajes de protesta mediante eslóganes irónicos como “hoy baila jazz, pero mañana venderá a su patria” (Сегодня он танцует джаз, а завтра Родину продаст).

La celebración en Moscú del VI Festival Mundial de Jóvenes y Estudiantes en 1957 significó un primer signo de apertura del país a nivel internacional. A ello se sumó la derogación del decreto que prohibía la música jazz en la URSS, hecho que comportó la proliferación de discos del género desde inicios de los años sesenta. Pero cuando la situación deparaba buenas perspectivas para los stilyagi el estilo inició su declive. Muchos de sus miembros lo abandonaron, algunos hastiados por la deriva vinculada a la disidencia política que tomó el estilo y otros por llegar a la treintena y contemplar otro tipo de expectativas en su horizonte vital.


TAYOZOKU, LOS REBELDES DE POSTGUERRA EN JAPÓN

noviembre 1, 2010

En la década de los años cincuenta surgió en Japón un culto juvenil equiparable al estilo teddy boy británico. Nos estamos refiriendo a los tayozoku (tribus del sol). De hecho el sufijo zoku se utiliza en ocasiones para designar a aquellas personas adscritas a cultos juveniles. El término fue acuñado por la prensa sensacionalista japonesa, Shukansi, para referirse al segmento más rebelde de la juventud del país.

Durante la postguerra la sociedad japonesa vivió cambios sustanciales más allá de los derivados del conflicto bélico. La juventud nipona evolucionó en paralelo a las transformaciones que se dieron en Occidente. La concreción de una cultura juvenil (teenage culture) se plasmó en la emergencia de diversos estilos como los kaminarizoku (motoristas del trueno), erekizoku (apasionados de la música moderna), rokabirizoku (amantes de la música rockabilly) o saikezoku (seguidores de la psicodelia).

SUS ORÍGENES: TAIYO NO KISETSU

El origen de los tayozoku se remonta a julio de 1955, fecha de publicación por parte de la revista literaria Bungakkai de la novela Taiyo no Kisetsu (Estaciones en el sol) del polémico escritor Shintaro Ishihara, futuro gobernador de la prefectura de Tokio. La obra, de enorme repercusión, ejerció de referente de un estilo juvenil con ciertos paralelismos con la subcultura greaser/ rocker promovida por films como Rebelde sin Causa, dirigida ese mismo año por Nicholas Ray. Ishihara describe en su libro las peripecias de un grupo de jóvenes de clase media alta que dilapidan su ocio emborrachándose en clubes de jazz, flirteando con mujeres, buscando pelea y navegando en yate por la bahía de Sagami en Honshū. El autor detallaba un estilo con un nivel de vida envidiable para la mayoría de jóvenes japoneses, con coches descapotables, apartamentos en la costa, motocicletas y embarcaciones inalcanzables para su poder adquisitivo. Todo ello, junto a la combinación de sexo y violencia que caracterizó su obra, ejerció de detonante para que muchos jóvenes se sintieran atraídos por las “tribus del sol”.

Los tayozoku transgredieron valores inherentes de la conservadora sociedad japonesa como la ética de trabajo debido a su inclinación por la violencia, la bebida y la promiscuidad. Su estética se caracterizó por el uso de pantalones holgados, camisas hawaianas, gafas de sol y un corte de pelo corto muy peculiar llamado Shintaro-gari. Fueron el precedente de los futenzoku, surgidos durante los sesenta en el barrio de Shinjuku de Tokio, identificados por la prensa como vagabundos peligrosos por su adicción a las sustancias estupefacientes.

fotograma del film Taiyo No Kinetsu

EL REFLEJO CINEMATOGRÁFICO: NAGISA OSHIMA

El libro de Ishihara, llevado a la pequeña pantalla como miniserie de la televisión japonesa en 2002, influenció anteriormente también a cineastas como Takumi Furukawa o Nagisa Oshima, creador de un subgénero cinematográfico homónimo.

Furukawa dirigió en 1956 la versión para el cine de Taiyo no Kisetsu, que contó en el reparto con la presencia de un hermano menor de Ishihara, Yujiro, quién posteriormente protagonizó otras películas de culto tayozoku como Kurutta Kajitsu (Pasión juvenil) y Crazed Fruit (Fruta alocada), ambas dirigidas por Ko Nakahira. Gracias a su participación en estos films Yuhiro Ishihara se convirtió en un icono de culto de la juventud japonesa de la época. Con anterioridad otra obra de Shintaro Ishihara, Shokei No Heya (cuarto de castigo) ya había sido llevada al celuloide por Kon Ichikawa con el objetivo de explotar el fenómeno tayozoku.

el actor y cantante Yuhiro Ishihara

Por su parte, Oshima, que alcanzaría la fama con El Imperio de los Sentidos (1976), rodó una trilogía inspirada en el fenómeno de los tayozoku. Los tres títulos que configuraron la misma fueron El entierro del sol (1960), Historias crueles de la juventud (1960) y Violencia a pleno sol (1966). En estos largometrajes, no exentos de erotismo, sumisión, violencia y cierto pósito contracultural, Oshima pormenorizó las tribulaciones de estudiantes, jóvenes prostitutas, extorsionadores o enfermos mentales que transgreden las reglas de sus progenitores.


LA CRIMINALIZACIÓN DE UN ESTILO: ZOOT SUIT RIOTS (III)

septiembre 18, 2010

Tras el estallido inicial ocurrido el 30 de mayo de 1943 los episodios de violencia se sucedieron en Los Angeles con suma celeridad. El jueves 3 de junio decenas de marineros agredieron a diversos zoot suiters en el interior de un cine situado en el barrio de Alpine. La persecución contra los pachucos prosiguió por las calles y tiendas adyacentes. Dos de ellos, de 12 y 13 años, fueron golpeados y sus trajes arrancados y quemados. Por estos altercados la policía militar detuvo a varios militares, aunque a las pocas horas fueron puestos en libertad sin cargos. Al día siguiente los soldados alquilaron diversos taxis para dirigirse al este de Los Angeles, una vez allí golpearon a los zoot suiters, cinco de los cuales resultaron heridos. Los agresores volvieron a salir indemnes. El sábado, día de licencia del personal militar, favoreció que algunos infantes de marina se unieran al grupo agresor recorriendo el centro de la ciudad y amenazando a los jóvenes que vestían traje zoot suit.  A pesar de la presencia de 300 agentes de policía destacados para prevenir nuevos disturbios, el domingo los marineros invadieron el este de Los Angeles en busca de pachucos.

La prensa participe del auge de la violencia

Las informaciones aparecidas en algunos periódicos sobre los hipotéticos planes de los zoot suiters para asesinar a policías contribuyeron a extremar el clima de tensión. El lunes 7 de junio cerca de 5.000 militares y civiles confluyeron en el centro de Los Angeles donde golpearon y desnudaron a todos los zooties que encontraron. En las calles se repartían pasquines con la leyenda “De-zoot a zoot suiter” (deshazte de un zoot suiter) en los que se animaba a atacar a los jóvenes latinos, quitarles su vestimenta y quemarla en público. Esa misma noche unos 700 pachucos se organizaron y plantaron cara a soldados y civiles. La situación degeneró en peleas multitudinarias. Ante gravedad de los hechos y la imposibilidad de la policía de controlar los altercados se declaró el centro de Los Angeles fuera de jurisdicción para todo el personal castrense.

joven pachuco apaleado entre otros dos zoot suiters

La prohibición del zoot suit

Finalmente, el miércoles 9 de junio el Consejo municipal decidió prohibir los trajes zoot para evitar nuevos enfrentamientos bajo pena de 30 días de arresto. El texto de la resolución fue explícito al respecto: “Considera que el uso de trajes zoot suit constituye un estorbo al orden público y por la presente instruye al Fiscal de la ciudad a preparar una ordenanza que lo declare como tal y prohíba el uso de trajes zoot dentro de los límites de Los Ángeles”. Fletcher Bowron, alcalde la ciudad, culpó a los zooties de los incidentes remarcando que constituían un “elemento criminal temporal pero peligroso”. A pesar de ello, los altercados se prolongaron. Por su parte, el gobernador de California ordenó la creación de un comité civil que investigara los hechos. En 1943 dicho organismo determinó que la causa de los incidentes fue de índole racista. Una consideración negada por las autoridades municipales que atribuyeron los hechos a “unos pocos delincuentes juveniles y blancos sureños extremistas”.

policias y civiles patrullando en coche en búsqueda de zooties

Como resultado de los disturbios de Los Angeles el gobierno federal limitó drásticamente el comercio clandestino de trajes zoot. La División de Fraudes de Guerra prohibió a una tienda que vendiera los 800 trajes que tenía en stock. Esta medida provocó que la fabricación de prendas zoot se extendiera a otras ciudades como Nueva York o Chicago.