EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (II)

agosto 30, 2011

Las reticencias de Gadaffi acerca del fútbol fueron decreciendo a medida que percibió que podía utilizarlo en su propio beneficio. Su instrumentalización permitió al régimen libio superar el aislamiento internacional que le impuso la comunidad internacional tras el atentado de Lockerbie que en 1988 acabó con la vida de 270 personas. Mientras el fútbol servía al líder libio para mitigar la presión internacional, en el interior del país se convirtió en sinónimo de represión.

escudos del Al Ahly de Trípoli y su homónimo de Bengasi

LA REVOLUCIÓN QUE ESTALLÓ EN EL ESTADIO

Todo comenzó con la disputa de un partido entre el Al Ahly de Tripoli y el Al Ahly Bengasi SC. Se avanzaron en el marcador los jugadores del Bengasi hasta que, ya en el tiempo de descuento, el árbitro pito dos penaltis a favor del conjunto de Trípoli. La actuación del colegiado fue tan escandalosa que los futbolistas de Bengasi decidieron abandonar el terreno de juego como medida de protesta, pero la intervención de los guardaespaldas de Al- Saadi y de la policía evitó la suspensión del partido. El 1 a 2 final indignó a la afición roja. Para mostrar su rechazo a la actuación arbitral y la adulteración del campeonato los seguidores del Bengasi sacaron a la calle un burro que vestía la camiseta con el número 10 que Al- Saadi lucía en el Al- Ahly de Trípoli. El animal rápidamente fue abatido por los disparos de los soldados gadaffistas.

Los encontronazos entre Al- Saadi, ya por aquel entonces capitán del Al Alhy Trípoli, y el Al Alhy Bengasi SC no acabaron aquí. En julio de 2000 el Al Ahly Bengasi SC se enfrentó al Al Akhdar Al Bayda en el estadio Mártires de Febrero de Bengasi. La temporada estaba resultando aciaga para los locales, situados en la parte baja de la clasificación, luchaban para evitar el descenso. Era el último partido de liga, con un empate el conjunto rojo salvaba la categoría. Pero, de nuevo, un dudoso penalti acabó con las esperanzas de sus seguidores. Contrariados por la decisión arbitral los aficionados del Al Ahly invadieron el terreno de juego, hecho que motivó la suspensión del partido.

la hinchada del Al Ahly Bengasi SC animando a su equipo

La protesta continuó en las calles del centro de la ciudad, con cientos de seguidores coléricos manifestándose ante la sede de la Federación que fue incendiada. Algunos de ellos llegaron a quemar fotos de Gadaffi, toda una muestra de osada disidencia en aquel momento. La muchedumbre entonó cánticos contra Al- Saadi, presidente entonces de la Federación de Fútbol de Libia, del que se mofaban gritando que vestía como un mono. Los aficionados del equipo de Bengasi pidieron a gritos su dimisión tras culparle de las desgracias que sufría su club.

UN CLUB HUMILLADO. UN ESTADIO ARRASADO

La presión fue tal que a Al- Saadi no le quedó otro remedio que renunciar al cargo. La afrenta disgustó enormemente al hijo del líder libio. Así, antes de abandonar el organismo federativo decretó la suspensión indefinida del Al Ahly Bengasi SC y la prohibición de exhibir sus colores en público. Pero no acabarían aquí las represalias. La misma noche de las protestas diversos oficiales derribaron el monumento dedicado a la memoria de Omar Mukthar, líder de la resistencia anticolonial e icono del Al Ahly que inspiró en 1979 el film “El león del desierto” protagonizado por Anthony Quinn, trasladando sus restos a otra ciudad.

arresto de Omar Mukhtar por parte de las tropas italianas en 1931

Un día después empezaron las masivas detenciones de seguidores del club de Bengasi por parte de la policía secreta del régimen. Cerca de un centenar de aficionados, entre los que se encontraban el presidente del club y el responsable de la hinchada Abd al- Salam Thau, fueron encarcelados y torturados. Una treintena de ellos fueron juzgados por delitos de vandalismo, destrucción de bienes públicos y contactos con la disidencia libia en el extranjero. Por dichos cargos recibieron condenas de entre 3 y 10 años de cárcel. Tres de ellos incluso fueron sentenciados a la pena capital, aunque finalmente les fue conmutada por sendas cadenas perpetuas.

restos del estadio del Al Ahly Bengasi SC tras la acción de los bulldozers

Gadaffi culminó su particular venganza el 1 de septiembre, coincidiendo con el 31 aniversario de la Revolución Verde, cuando un centenar de hombres armados se presentó en las instalaciones del club de Bengasi con diversas excavadoras que arrasaron el estadio situado en el barrio de Zeituna aprovechando que el personal del club se hallaba en la mezquita anexa orando. Tras dos horas el estadio y las oficinas terminaron destruidos. Sólo quedaron en pie una parte de la grada, alguna torre de iluminación y la mencionada mezquita a la que acudían los jugadores y los trabajadores del club. Los trofeos que no pudieron ser rescatados brillaban entre los escombros junto a los vidrios de las vitrinas destrozadas. Un mes después Muammar al- Gadaffi, el autodenominado “Hermano Líder y Guía de la Revolución”, nombró de nuevo a su hijo Al- Saaid presidente de la Federación de Fútbol de Libia. Así fue como en Bengasi se fue fraguando el germen de la revolución.

Anuncios

EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (I)

agosto 25, 2011

La llegada al poder en septiembre de 1969 de Muammar al- Gadaffi, por aquel entonces un desconocido capitán del ejército, supuso la instauración en Libia de la llamada “República libre y autogobernada”. El joven militar, de tan sólo 27 años, logró liderar el movimiento revolucionario que derrocó al régimen monárquico instaurado en dicho país norteafricano tras su descolonización en 1951. La victoria del golpe de estado protagonizado por Gadaffi supuso el exilio del rey Muhammad Idris al-Senussi y la proclamación de una República árabe socialista, inspirada en el modelo egipcio de Nasser.


un joven Muammar al- Gadaffi en 1969

EL LIBRO VERDE: EL FÚTBOL COMO DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO

Acérrimo partidario del panarabismo islamista en clave socialista, Gadaffi implantó un sistema de gobierno autoritario conocido como Jamahiriya (Estado de las masas) que preveía una supuesta participación directa del pueblo en la toma de decisiones. El líder libio recogió su ideario en el llamado Libro Verde, una obra en tres volúmenes que escribió entre 1975 y 1979 donde expuso su pensamiento político. El texto se convirtió en al manual de referencia del régimen libio.

En uno de los pasajes de la obra el líder de la llamada “Revolución verde”, como hicieron otros líderes del islamismo radical, repudió la práctica deportiva. El coronel mostró su rechazo en estos términos: “Los aficionados al fútbol y a los deportes son completamente idiotas, hasta el punto de que llevan a los campos todas sus frustraciones e incapacidades. Son gente fracasada”. Una postura que mantuvo a lo largo de su trayectoria política al frente del gobierno del país, como evidenció un escrito de 2006 en el que manifestó que “quienes padecen futbolmanía y son adictos al juego, poseen mayor riesgo de desórdenes psicológicos y nerviosos”. A pesar de mantener sus reticencias, Gadaffi no perdió la oportunidad de utilizar el fútbol como herramienta de control social y arma diplomática para mejorar su imagen a nivel internacional.

el máximo dirigente de la Revolución Verde ojeando su obra

AL- SAADI, EL DÍSCOLO HEREDERO

La opinión de Gadaffi sobre el balompié no fue compartida por el tercero de sus ocho hijos, Al- Saadi, todo un apasionado de este deporte. Su interés por el fútbol llegó hasta el extremo de utilizar sus influencias para ocupar la presidencia de algunos clubes, de la propia Federación de Fútbol Libia e incluso del Comité Olímpico Libio. Pero el vínculo del vástago del gobernante no se circunscribió únicamente al ámbito directivo. A los 27 años se calzó las botas para intentar emular a sus ídolos en contra de la opinión de su padre, que al conocer las intenciones de su hijo le espetó: “Debes ser algo más que futbolista, eres más grande que eso”.

El primer club donde militó Al- Saadi fue el Al Ahly Sporting Club de Trípoli. Vistiendo su uniforme verde marcó 3 goles en 74 partidos durante la temporada 2000/ 01. Un año después fichó por su máximo rival ciudadano, el Club Social Cultural y de Gimnasia Al Ittihad, equipo fundado en 1944 tras la fusión del Al Nahda y el Al Shabab. Al- Saadi, que ocupó la presidencia de la institución, lució la camiseta roja del club de Bab Ben Gashier durante dos temporadas hasta que en 2003 dio el salto a Europa. Según su entrenador, el resignado ex futbolista del Torino Giuseppe Dossena, Al- Saadi se encargaba de dictar las alineaciones. Acostumbraba a jugar los noventa minutos y sólo era substituido cuando él quería.

Al- Saadi luciendo el número 9 del Al Ittihad de Trípoli y el brazalete de capitán del equipo

Por si todo esto fuera poco, el hijo de Gadaffi formó parte de la selección libia entrenada por el técnico argentino Carlos Salvador Bilardo donde, obviamente, ejerció como capitán. Como internacional disputó 18 encuentros entre los años 2000 y 2006 en los que anotó dos goles.


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (III)

agosto 14, 2011

Los episodios de violencia y vandalismo scuttler influyeron decisivamente en su declive definitivo. El temor que suscitaron entre la ciudadanía y la administración sus actos originaron las múltiples iniciativas que determinarían su futuro inmediato. Paradójicamente, estas combinaron los castigos más inflexibles con proyectos de índole educativa basados en las nuevas formas de ocio emergentes a finales del siglo XIX.

representación gráfica del look scuttler

LA CRIMINALIZACIÓN DE UN ESTILO PRECURSOR

Los scuttlers construyeron su propio estilo a partir de elementos como la vestimenta. Así fue como se distinguían del resto de jóvenes de clase trabajadora. Su atuendo habitual lo componía un chaqueta de anchas solapas, un chaleco, unos pantalones algo acampanados de corte marinero, un cinturón con hebilla, un pañuelo de seda anudado al cuello, una gorra con visera que inclinaban hacía la izquierda para dejar visible su peinado y unos zapatos estrechos con puntera de bronce. Llevaban el pelo corto en la parte posterior y a ambos lados de la cabeza pero se dejaban crecer algo más el flequillo, un corte que se popularmente se conocía como “donkey fringes”.

El interés suscitado por los altercados que protagonizaron estos adolescentes provocó que, por primera vez en la historia, la prensa británica asociara explícitamente indumentaria y delincuencia. Periódicos como el Daily Graphic publicaron artículos sobre la vestimenta de los scuttlers, llegando incluso a reproducir el “uniforme” de los jóvenes vándalos. También la literatura se acercó al fenómeno. En 1899 se publicó el libro The Hooligan Nights del novelista Clarence Rook, que relataba las vivencias de un delincuente juvenil de diecisiete años llamado Alf. Rook se inspiró para escribir su obra en la figura de Patrick Hooligan, un portero de Lambeth de origen irlandés que asesinó a un policía y acabó muriendo en la cárcel. Según el propio Rook, Hooligan se convirtió en una especie de mito en los bajos fondos, toda una leyenda del hampa de la época. Aunque esta es una de las versiones más versemblantes que existen sobre el origen del término hooligan, posteriormente, nuevas investigaciones lo vincularon a otras procedencias.

Sir John Day, conocido como Mr. Justice, uno de los jueces mñas beligerantes

La alarma social que causaron las actuaciones vandálicas de los scuttlers tuvieron su respuesta en las contundentes sentencias judiciales que les fueron impuestas. La magistratura y las autoridades, en su objetivo por preservar a la juventud y por extensión al resto de la sociedad de lo que entendían como “alienaciones salvajes”, dictaron condenas ejemplares. Cerca de 800 jóvenes fueron acusados y sancionados por “conducta desordenada voluntaria”. Algunos de ellos incluso fueron recluidos en un barco mercante adecuado para confinar a rateros cuando tan sólo tenían catorce años. Pero las repercusiones del fenómeno scuttler fueron más allá de las medidas adoptadas por el estamento judicial. También desde el gobierno se emprendieron iniciativas, con carácter de urgencia, para acabar con la violencia de las bandas juveniles, como la reforma del código penal británico para menores.

agentes de policia de Manchester durante la década de 1880

EL FIN DE LOS SCUTTLERS: EL FÚTBOL COMO ELEMENTO CONCILIADOR DE LA CONDUCTA

La severidad de las penas impuestas por los jueces junto a otros factores, como la reestructuración urbanística que sufrieron los suburbios o la creación de los llamados Working Lads’ Clubs (clubes de chicos trabajadores) como el que se inauguró en Coronation street en Saldford, impulsaron la desaparición de las bandas. Los programas educacionales estatales y las iniciativas filantrópicas, junto a las nuevas ofertas de ocio, provocaron que los adolescentes se alejaran progresivamente de las actitudes delincuenciales precedentes. Entre las innovadoras propuestas de diversión que atrajeron a estos jóvenes se hallaba el cine y el deporte.

Una de las alternativas a la guerra de bandas precedente que caló con más éxito entre la juventud fue la creación del St Marks Football Club. Un modesto equipo del sudeste de la ciudad que en 1984 pasó a denominarse Manchester City FC. La formación del equipo consiguió alejar a los adolescentes de West Gorton, uno de los barrios de la ciudad, de las actividades delictivas.


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (II)

agosto 8, 2011

El fenómeno scuttler, inicialmente restringido a Manchester y aledaños, vivió una rápida expansión. La misma coincidió con su mayor proyección mediática tras los altercados que protagonizaron los miembros de las bandas. Ello comportó la constatación de la existencia de un estilo juvenil, el primero en la historia contemporánea de Gran Bretaña.

scuttler de Saldford a inicios de la década de 1890

1890: LA GRAN BRONCA

La mayor visualización pública del fenómeno scuttler aconteció en 1890 cuando en un incidente entre bandas rivales se vieron implicados cerca de medio millar de jóvenes. La mayoría de los participantes acabó cumpliendo condena en la prisión de Strangeways de Manchester, uno de los centros penintenciarios con peor fama del país. La ciudad pronto se convirtió en el epicentro de un estilo que se propagó a escala nacional. Sus integrantes contaron con una vestimenta característica y un argot callejero propio. El bravucón estilo scuttler se propagó más allá del Gran Manchester. En otras grandes ciudades aparecieron bandas similares que recrearon la imagen y las particularidades de los pandilleros pioneros. Así fue como se gestaron grupos juveniles de extracción obrera similares, como los Peaky Blinders en Birmingham, los High Rip en Liverpool o los Monkey’s Parade y los Bowry Boys del este de Londres.

Algunos de sus miembros acostumbraban a ir armados, aunque no eran una mayoría. Habitualmente usaban en sus peleas cuchillos y las hebillas de sus anchos cinturones de cuero decoradas con siluetas de serpientes o corazones atravesados con flechas o el nombre de su amada, que se anudaban en las manos para golpear con contundencia a sus rivales. Su principal objetivo, lejos de matar, era mutilar o desfigurar parte del rostro del adversario para intimidarle y preservar así su territorio de forasteros. Unas acciones que deben enmarcarse en un tipo de violencia ritual dirigida a impresionar a los pandilleros rivales y las chicas del barrio. Contrariamente a lo que pueda parecer, las muertes atribuidas a los scuttlers entre 1870 y 1890 no superaron la media docena. Entre ellas, la del niño de diez años John O’Toole y la del miembro de los Bengal Tigers, Joe Brady. Sobre los heridos, sólo durante la década de 1890, el hospital Manchester Royal Infirmary atendió casi a diario algún lastimado por enfrentamientos entre bandas scuttlers. Los agredidos también podían ser simples ciudadanos que reprobaban los actos de los pandilleros o peatones extraviados que paseaban por su territorio.

ficha policial de Alexander Pearson, scuttler de Ancoats encarcelado en 1892

DELITOS Y PREJUICIOS. UN ORÍGEN DEL HOOLIGANISMO

Sin duda, una de las agresiones que tuvo mayor repercusión mediática ocurrió en 1892, cuando tres jóvenes de 16 años integrantes de la banda de Lime Street cometieron un asesinato. La víctima fue un adolescente de otra pandilla rival al que apuñalaron por la espalda. El autor confeso del homicidio, William Willan, pidió clemencia ante el magistrado aduciendo su corta edad y su condición de vagabundo. Lejos de amilanar al juez, Willan fue condenado a muerte, aunque la pena le fue conmutada y acabó cumpliendo cadena perpétua.

Seis años más tarde, un suceso parecido acabó con la vida de un inmigrante armenio que cayó asesinado a manos de una banda scuttler en el sur de Londres. No era la primera vez que los pandilleros atacaban a un extranjero, asaltos similares contra jóvenes judíos en el sur y este de la capital británica se sucedieron a lo largo de toda la década. Según diversos expertos, los mismos reflejaban la ansiedad de los adolescentes locales por la competencia que, según ellos, suponían los inmigrantes en el ámbito laboral y en el de la vivienda.

El crimen de Londres se unió a las detenciones por embriaguez, los robos de joyerías, los asaltos a agentes del orden y las peleas callejeras que durante el mes de agosto de ese mismo año habían protagonizado los scuttlers en diversas ciudades del país. El aumento de los actos vandálicos alarmó a la sociedad. Fue entonces cuando la prensa se acercó al fenómeno e introdujo un nuevo epíteto para designar a los adolescentes violentos: hooligan. El término, de origen irlandés, encerraba en si mismo en aquella época connotaciones peyorativas dados los prejuicios existentes en Inglaterra por aquel entonces contra los irlandeses.

Sir Justice Day, conocido como Judgement Day, uno de los jueces más implacables con los scuttlers

Así fue como a partir de entonces a los pandilleros protagonistas de trifulcas y peleas se les empezó a denominar hooligans. Una locución que haría fortuna en los años setenta cuando se asoció a los seguidores radicales del fútbol británico. En los albores del siglo XX sirvió para designar a los adolescentes encuadrados en bandas como los Lion Boys, la Pistol Gang de Clerkenwell, los Drury Lane Boys, los Somers Town Boys o los Fulham Boys londinenses.