“LES APACHES”: LOS GAMBERROS DE LA BELLE ÉPOQUE COMO ANTECEDENTE DEL FENÓMENO RACAILLE (I)

julio 22, 2012

Retomando la descripción de los precedentes estilos juveniles contemporáneos, como ya hicimos en el caso de los scuttlers ingleses (véase la serie de entradas anteriores bajo el título Scutllers: los pandilleros de la Segunda Revolución Industrial I, II y III), en esta ocasión nos adentraremos en la Francia de la Belle Époque para conocer a las pandillas de jóvenes que pulularon por los callejuelas de Paris a inicios del siglo XX: les apaches.

un grupo de apaches parisinos posando ante la cámara

LOS PIELES ROJAS. UN ORIGEN INCIERTO

Originarios de barrios del noreste de la capital gala, como Belleville, la Bastilla, la Vilette, Ménilmontant o Montmatre, les apaches deben su nombre a la prensa de sucesos de la época. Fue el 12 de diciembre de 1900 cuando el columnista Henri Fourquier en su crónica del periódico Le Matin recogió de manera irónica la existencia de una “tribu de Apaches” que se había trasladado de las Montañas Rocosas a los distritos insalubres de Paris. Sin duda, la brutalidad de las acciones cometidas por estos jóvenes parisinos indujo al periodista a compararles con aquellos indígenas americanos que poblaban las tierras de Arizona, Nuevo Méjico y Texas, cuya imagen estereotipada había lanzado a la fama la novela de Fenimore Cooper, El último mohicano, publicada en 1826. A raíz de la popularización de dicha obra y de la fascinación que suscitó en Francia la cultura de los indios americanos tras la gira europea del espectáculo circense Buffalo Bill’s Wild West, fue habitual desde la segunda mitad del siglo XIX el uso de la voz “Peaux- Rouges” (pieles rojas) para referirse a los jóvenes residentes de los suburbios de la capital.

A pesar de ello el origen del nombre resulta incierto. Según otras fuentes, se remonta a la detención por parte de la policía de un joven de dieciocho años apodado “Terror”, miembro de la banda de Belleville. Durante los interrogatorios el rufián se jactó con arrogancia de los diversos delitos cometidos llegando a exasperar al inspector encargado del caso que llegó a exclamar: “¡Os comportáis como apaches!”. Tanto gusto a “Terror” el apelativo que no dudó en afirmar: “Eso es, apaches”. Otras versiones apuntan a un reportaje sobre un altercado acaecido en Montmatre que describía “la furia de un incidente entre dos hombres y una mujer similar a la ferocidad de los salvajes indios apaches en una batalla”. Mientras una tercera interpretación apunta como procedencia del término el descubrimiento de un cadáver brutalmente torturado que se encontró en la calle Faubourg du Temple, un hallazgo que trascendió bajo el titular: “El crimen cometido por los Apaches de Belleville”. Sea como fuere, parece claro que la denominación apache en referencia a estas pandillas callejeras integradas por jóvenes parisinos fue una invención de los medios de comunicación de la época. Así al menos lo confirman los interrogatorios hechos por la policía en los que los jóvenes pillos negaron identificarse con dicho vocablo. A pesar de ello, el término fue popularizado por la prensa mediante titulares sensacionalistas como “Los Apaches aterrorizan Paris”, “Bandas de asesinos de Paris” o “Una ejecución sangrienta en el centro de Paris”. Desde ese momento los apaches pasaron a ser sinónimo de estafadores, proxenetas y ladrones.

portada que identifica a los apaches como “la plaga de Paris”

El fenómeno apache posteriormente se expandió a los barrios más céntricos de la capital, formándose pandillas en zonas como Maubert, La Mouffe, Montparnasse o Les Halles. También se irradió a otras ciudades francesas, como Marsella o Lyon, aunque allí tomó otras denominaciones, como “nervis” o “kangourous” respectivamente.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD JUVENIL

Fourquier en su artículo definía a los apaches como unos pandilleros semi nómadas, huérfanos o desvinculados de sus familias, que al no contar con un trabajo fijo se dedicaban a deambular por las calles. Por su parte, la policía les tildaba de ejército de criminales. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los 10- 20 años, solían agruparse en pandillas. Las más afamadas fueron Les Coeurs d’Acier (corazones de hierro), Les Riffaudes, Les Aristos, Gars de Charonne, Les Habits Noirs  o la banda de Manda.

Usaban una jerga callejera propia e ininteligible para el resto de la ciudadanía, el jare. Además, poseían un código de justicia particular que castigaba con dureza cualquier traición o delación. Se les identificaba fácilmente por su vestimenta, caracterizada por el uso de chaquetas de satén negras, camisas de colores extravagantes, blusas azules, chalecos, camisetas rayadas de marinero, cinturones de franela roja, fulares de colores (con el que se reconocía a la banda a la que pertenecían), gorras planas y sus inconfundibles pantalones de fieltro apretados en las rodillas conocidos popularmente como Bénard, en horno al sastre que los confeccionó, Auguste Bénard. De hecho consiguieron tanta fama que desde entonces la palabra bénard y sus derivadas, ben o bénouze, pasaron a formar parte del argot parisino como sinónimo de pantalón. En la época de los apaches también eran conocidos como los pantalones “dolor de barriga”, debido a sus enormes bolsillos delanteros que eran empleados por los jovenzuelos para ocultar armas y los objetos que sustraían. Completaban su vestuario con un par de botas lustradas de color amarillo con botones de oro.

Otro de los elementos que les definían era los tatuajes, que por aquel entonces solían lucir únicamente los marineros y aquellos que frecuentaban los bajos fondos. Uno de los más característicos de los apaches era el llamado “oeil de biche”, un pequeño tatuaje que llevaban alrededor de los ojos. Por lo general, acostumbraban a tatuarse el pecho y los brazos con motivos diversos.

un grupo de pillos de barrio parisinos a inicios del siglo XX


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (II)

agosto 8, 2011

El fenómeno scuttler, inicialmente restringido a Manchester y aledaños, vivió una rápida expansión. La misma coincidió con su mayor proyección mediática tras los altercados que protagonizaron los miembros de las bandas. Ello comportó la constatación de la existencia de un estilo juvenil, el primero en la historia contemporánea de Gran Bretaña.

scuttler de Saldford a inicios de la década de 1890

1890: LA GRAN BRONCA

La mayor visualización pública del fenómeno scuttler aconteció en 1890 cuando en un incidente entre bandas rivales se vieron implicados cerca de medio millar de jóvenes. La mayoría de los participantes acabó cumpliendo condena en la prisión de Strangeways de Manchester, uno de los centros penintenciarios con peor fama del país. La ciudad pronto se convirtió en el epicentro de un estilo que se propagó a escala nacional. Sus integrantes contaron con una vestimenta característica y un argot callejero propio. El bravucón estilo scuttler se propagó más allá del Gran Manchester. En otras grandes ciudades aparecieron bandas similares que recrearon la imagen y las particularidades de los pandilleros pioneros. Así fue como se gestaron grupos juveniles de extracción obrera similares, como los Peaky Blinders en Birmingham, los High Rip en Liverpool o los Monkey’s Parade y los Bowry Boys del este de Londres.

Algunos de sus miembros acostumbraban a ir armados, aunque no eran una mayoría. Habitualmente usaban en sus peleas cuchillos y las hebillas de sus anchos cinturones de cuero decoradas con siluetas de serpientes o corazones atravesados con flechas o el nombre de su amada, que se anudaban en las manos para golpear con contundencia a sus rivales. Su principal objetivo, lejos de matar, era mutilar o desfigurar parte del rostro del adversario para intimidarle y preservar así su territorio de forasteros. Unas acciones que deben enmarcarse en un tipo de violencia ritual dirigida a impresionar a los pandilleros rivales y las chicas del barrio. Contrariamente a lo que pueda parecer, las muertes atribuidas a los scuttlers entre 1870 y 1890 no superaron la media docena. Entre ellas, la del niño de diez años John O’Toole y la del miembro de los Bengal Tigers, Joe Brady. Sobre los heridos, sólo durante la década de 1890, el hospital Manchester Royal Infirmary atendió casi a diario algún lastimado por enfrentamientos entre bandas scuttlers. Los agredidos también podían ser simples ciudadanos que reprobaban los actos de los pandilleros o peatones extraviados que paseaban por su territorio.

ficha policial de Alexander Pearson, scuttler de Ancoats encarcelado en 1892

DELITOS Y PREJUICIOS. UN ORÍGEN DEL HOOLIGANISMO

Sin duda, una de las agresiones que tuvo mayor repercusión mediática ocurrió en 1892, cuando tres jóvenes de 16 años integrantes de la banda de Lime Street cometieron un asesinato. La víctima fue un adolescente de otra pandilla rival al que apuñalaron por la espalda. El autor confeso del homicidio, William Willan, pidió clemencia ante el magistrado aduciendo su corta edad y su condición de vagabundo. Lejos de amilanar al juez, Willan fue condenado a muerte, aunque la pena le fue conmutada y acabó cumpliendo cadena perpétua.

Seis años más tarde, un suceso parecido acabó con la vida de un inmigrante armenio que cayó asesinado a manos de una banda scuttler en el sur de Londres. No era la primera vez que los pandilleros atacaban a un extranjero, asaltos similares contra jóvenes judíos en el sur y este de la capital británica se sucedieron a lo largo de toda la década. Según diversos expertos, los mismos reflejaban la ansiedad de los adolescentes locales por la competencia que, según ellos, suponían los inmigrantes en el ámbito laboral y en el de la vivienda.

El crimen de Londres se unió a las detenciones por embriaguez, los robos de joyerías, los asaltos a agentes del orden y las peleas callejeras que durante el mes de agosto de ese mismo año habían protagonizado los scuttlers en diversas ciudades del país. El aumento de los actos vandálicos alarmó a la sociedad. Fue entonces cuando la prensa se acercó al fenómeno e introdujo un nuevo epíteto para designar a los adolescentes violentos: hooligan. El término, de origen irlandés, encerraba en si mismo en aquella época connotaciones peyorativas dados los prejuicios existentes en Inglaterra por aquel entonces contra los irlandeses.

Sir Justice Day, conocido como Judgement Day, uno de los jueces más implacables con los scuttlers

Así fue como a partir de entonces a los pandilleros protagonistas de trifulcas y peleas se les empezó a denominar hooligans. Una locución que haría fortuna en los años setenta cuando se asoció a los seguidores radicales del fútbol británico. En los albores del siglo XX sirvió para designar a los adolescentes encuadrados en bandas como los Lion Boys, la Pistol Gang de Clerkenwell, los Drury Lane Boys, los Somers Town Boys o los Fulham Boys londinenses.


SCUTTLERS: LOS PANDILLEROS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL (I)

julio 31, 2011

A finales del siglo XIX la sociedad inglesa sufrió el aumento de los delitos protagonizados por adolescentes. Aquellos “jóvenes rufianes callejeros”, como les denominó la prensa de la época, provocaron una alarma social considerable en el seno de la ciudadanía. La delincuencia juvenil se convirtió en una cuestión de estado, toda una prioridad para las autoridades. El fenómeno pero no era ninguna novedad.

adolescentes trabajando en Manchester a finales del siglo XIX

EDUCATION ACT. LA JUVENTUD COMO PROBLEMA

Desde mediados de siglo los llamados “rebeldes de la ciudad”, como eran conocidos popularmente, constituyeron un problema de orden público en las grandes urbes del país. A partir de 1860 los asaltos con violencia y las peleas entre bandas de jóvenes se convirtieron en un hecho habitual. Ello obligó al gobierno a tomar medidas para intentar paliar la violencia y “proteger a la sociedad de los adolescentes”. Con este objetivo la legislación británica introdujo los primeros cambios para atajar lo que percebia como un “peligro para la población”. En 1880 se promulgó la Education Act, una ley que  implantó la escolarización obligatoria de todos los menores de diez años. A pesar de su instauración, los casos de indisciplina se multiplicaron. La creciente falta de control parental de los padres sobre sus hijos también incidió en la aparición de las primeras bandas juveniles. Con su adscripción a ellas los adolescentes afirmaban una identidad propia, alejada de las directrices y los castigos corporales impuestos por sus tutores, y se sentían amos de su destino. Construyeron un estilo propio donde la territorialidad y la masculinidad se erigieron en elementos básicos del mismo.

vista de la zona industrial de Manchester a mediados del siglo XIX

MANCHESTER, REDUCTO SCUTTLER

En plena era victoriana (1837- 1902) las calles de Manchester y otras localidades próximas se llenaron de los llamados scuttlers, adolescentes de extracción obrera de edades comprendidas entre los 14 y los 18 años que se agrupaban en bandas caracterizadas por el compartamiento violento de sus miembros.

El nombre que sirvió para denominar a las mismas tenía su origen en una de sus prácticas más habituales de la época, el llamado scuttling, unas peleas multitudinarias que acontencían en las callejuelas de los suburbios de Bradford y Saldford, áreas cercanas a Manchester. El término scuttling, originario del condado de Lancashire, se utilizaba en esa zona para definir las luchas territoriales que mantenían grupos de vecinos enfrentados. Fue durante la década de 1890 cuando estas refriegas protagonizadas por grupos de adolescentes, a los que posteriormente también se les conoció como ikey lads, se extendieron a otras partes del país.

niños empleados en una fábrica téxtil de Manchester

Así fue como aparecieron scuttlers en el centro de la ciudad y en áreas del condado del Gran Manchester, como Gorton i Openshaw. Muchos de estos jóvenes pandilleros trabajaban en ocupaciones manuales semi cualificadas o sin cualificar. Entre ellos había pocos aprendices, la mayoría estaban empleados en fábricas o eran carreteros. El componente de territorialidad fue decisivo en la gestación de las bandas, como reflejan sus propios nombres con referencias a la zona que frecuentaban o donde residían sus integrantes: Bengal Tigers, gestados en el área de Ancoats con mayoría de miembros de origen católico irlandés, Forty Row, Lime Street, Meadow Lads, Hope Street de Saldfor o Holland Street, originarios de la zona de Miles Platting.