HUGO CHÁVEZ. EL LEGADO BOLIVARIANO DEL FÚTBOL (V)

junio 5, 2013

Tras comprobar como el opositor Capriles se acercó al populismo que impregnó al chavismo para intentar derrotar al candidato oficialista en las pasadas elecciones presidenciales y como éste también se sirvió del fútbol para promocionarse entre la ciudadania, en esta nueva entrega abordamos algunos episodios menos conocidos de la biografía del difunto dirigente venezolano relacionados con el fútbol.

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Chávez ensimismado con un balón durante un acto protocolario

GOLEANDO CON LAS BOTAS PUESTAS

En 1999 –poco después de su victoria en las elecciones presidenciales– Hugo Chávez visitó la ciudad de Mérida. Aún ataviado con su uniforme de camuflaje, botas militares y su característica gorra roja, aquella que portaba cuando en 1992 comandando un regimiento paracaidista en Maracay se rebeló contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez y que posteriormente se convirtió en icono del chavismo, se personó en el estadio Soto Rosa donde  la Universidad de Los Andes, el popular ULA FC, jugaba contra el Táchira un partido correspondiente a la jornada 20 del campeonato nacional de liga de Primera división. Chávez era el encargado de realizar el saque inicial del encuentro.

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Chávez saludando al guardameta del ULA FC Armando “Muralla” Navarrete

Pero ante la sorpresa del público y  los jugadores, cuando el colegiado Gustavo Brand sopló su silbato Chávez en lugar de desplazar el balón empezó a correr con el hacia la portería. Armando Navarrete, guardameta colombiano del ULA FC le persiguió hasta lograr parar el primer chut con la pierna izquierda del presidente. Chávez decidido a marcar recogió el rechace para rematar de nuevo. Se convirtió en el primer goleador con botas militares y uniforme de camuflaje del fútbol venezolano. Aquel día el entonces máximo mandatario del país fue nombrado presidente honorario del ULA FC. Paradójicamente, el año 2001 el club debido a diversos problemas económicos vendió sus derechos de participación en el campeonato liguero al recién creado Monagas FC certificando su desaparición. No fue hasta 2010 cuando la institución logró superar dichos contratiempos y se refundó para disputar el torneo de Tercera división nacional.

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Gadafi junto a Chávez durante una visita a Venezuela en el 2009

LA HISTORIA DE UN ATÍPICO ESTADIO AFRICANO

También en el continente africano la figura de Chávez despertó admiración, en parte por su enardecido discurso antiimperialista que le granjeó amplias complicidades. Convertido en emblema revolucionario mundial pronto fue agasajado por diversos líderes internacionales, como el también fallecido ex presidente libio Muamar el Gadafi. No en vano en 2004 Chávez visitó Trípoli para recoger el Premio Gadafi de Derechos Humanos, en su entrega conoció personalmente al líder libio.

Cinco años más tarde, como muestra de amistad hacia el presidente venezolano, el dirigente norteafricano decidió construir un estadio de fútbol en su honor. Según manifestó el propio Gadafi, la decisión de bautizar con su nombre el campo fue su particular forma de reconocer “su programa revolucionario en Venezuela y su papel en el futuro sudamericano”.

Así el 5 de marzo de 2009 era inaugurado oficialmente el “Hugo Chávez Football Stadium” en la ciudad de Benina, situada al noreste del país cerca de Bengasi. Así rezaban las letras doradas que relucían en un rótulo colocado en un arco de acero próximo a las taquillas del recinto. Ese día se enfrentaron las selecciones sub 23 de Libia y Siria en un partido amistoso. Más allá de las excentricidades del mandatario libio, dicho terreno de juego no era ninguna nimiedad. Al contrario, el estadio fue el primero del país en contar con todo el aforo de asientos. Toda una apuesta para mejorar las infraestructuras deportivas del país de cara a la Copa África de Naciones (CAN) que debía albergar en el año 2013 (que finalmente organizará Sudáfrica). Un moderno complejo deportivo con césped artificial que podía albergar hasta 10.550 espectadores y en el que jugaron tanto los clubes de Bengasi –como el Al Nasr o el Al Ahly– como la selección nacional. Sin embargo, pronto, como el resto del país, caería en desgracia.

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Fachada principal del Hugo Chávez Stadium de Benina

El motivo no fue otro que el estallido de una guerra civil que se zanjaría con la muerte del líder libio a manos de milicianos rebeldes. Tras su caída las escenas de escarnio hacía cualquier edificio, estamento, funcionario o símbolo gubernamental se sucedieron. Y el estadio de Benina no fue menos. De hecho durante los combates que tuvieron como escenario Bengasi el estadio fue utilizado como centro de refugiados para albergar a trabajadores de origen turco, mauritano o tunecino que esperaban ser repatriados. Hasta 5.000 inmigrantes se reunieron en él usando sus tribunas o el césped para dormir y tendiendo su ropa en las redes de las porterías. Tan sólo dos semanas antes de estallar la revolución que derrocaría a Gadafi el terreno de juego había acogido el último partido de fútbol antes de la revuelta antigubernamental.

En marzo de 2011 el Consejo Nacional de Transición (CNT) acordó cambiar el nombre del mismo tras la demanda presentada por la población local. Así fue como el Estadio Hugo Chávez pasó a denominarse oficialmente “Estadio Mártires de febrero” en recuerdo a todos aquellos opositores que murieron durante el conflicto armado. Paradójicamente, con el país inmerso en una traumática posguerra, en el acceso principal al estadio aún luce el letrero que lo identifica como el “Hugo Chávez Football Stadium”. Sin medios para derribarlo o por mera desidia el cartel sigue mostrando al visitante su nombre original mientras las paredes adyacentes están repletas de pintadas espontáneas de color rojizo con la leyenda “Estadio Mártires de febrero”.

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jugadores en el césped del Hugo Chávez Stadium libio

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EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (VI)

septiembre 21, 2011

El balompié libio se convirtió en un reflejo de las transformaciones sociales que sufrió el país tras el comienzo de las protestas iniciadas a mediados de febrero. Con el campeonato de liga suspendido por las hostilidades tampoco la selección nacional pudo desarrollar su actividad habitual. Tras la caída de Trípoli, el Consejo Nacional de Transición (CNT) trató de normalizar la cotidianidad de la población. Uno de los ámbitos en los que trabajó, además de tratar de reanudar la producción de petróleo para financiar la contienda, fue el deportivo.

felicitación de los seguidores del Al Ahly de Tripoli a Gadaffi en el aniversario de la revolución

DEL VERDE AL BLANCO. UNA NUEVA SELECCIÓN NACIONAL

Tras siete meses de conflicto la sociedad libia empezó a vislumbrar los primeros cambios. El 3 de septiembre el combinado nacional jugó su primer partido oficial desde el inicio de la revuelta. El encuentro, correspondiente a la fase de clasificación para la Copa Africana de Naciones, le enfrentó a Mozambique y se disputó a puerta cerrada por motivos de seguridad en el estadio de El Cairo. El verde oficial del régimen dio paso a un nuevo uniforme que recuperaba el blanco de la era pre-Gadaffi combinado con los colores de la nueva enseña nacional tricolor. Con él los jugadores libios, muchos de ellos integrantes de la plantilla del Al Ahly Bengasi SC,  lograron derrotar a su débil contrincante por 1 gol a 0, obra de Riyadh al Laafi, extremo del Al Ittihad de Trípoli.

La mayoría de los futbolistas que consiguieron la primera victoria para la nueva selección libia se habían mantenido alejados del frente. Sólo cuatro de ellos, como el portero Juma Gtat, optaron por unirse en junio a los rebeldes. Junto a estos, otros catorce futbolistas decidieron alinearse con las fuerzas insurgentes. También se adhirió a las protestas contra Gadaffi el técnico del Al Ahly de Trípoli Adel bin Issa.

Juma Gtat posando en un vehículo armado rebelde en la ciudad de Zintan

Su posicionamiento a favor del CNT les valió la reprimenda de los jerarcas del régimen y de compañeros de profesión como el centrocampista Tariq Ibrahim el Taib, jugador internacional que inició su carrera en el club entrenado por Bin Issa. El Taib manifestó su rechazo a los rebeldes, a los que identificó como “perros y ratas”.

VICTORIA Y HOMENAJE A MOHAMED AL NABUS

La primera victoria de la renovada selección trascendió el ámbito deportivo. Fue un triunfo con un alto contenido simbólico como manifestó un aficionado anónimo: “Fue algo especial en todos los sentidos. Es una victoria para los mártires, no sólo un partido de fútbol”. Así lo entendió también uno de los jugadores del renovado equipo nacional, Ahmed Almasli, cuando tras pitar el árbitro el final del partido festejó la victoria con una camiseta con la leyenda: “No te olvidaré, Mohammed el combatiente y los mártires”. El lema hacía referencia a Mohamed Al Nabus, un ingeniero de telecomunicaciones que se convirtió en todo un símbolo de la resistencia en Bengasi tras morir al recibir un balazo durante una protesta ocurrida en dicha ciudad el 19 de febrero. Al Nabus, a través de su blog, difundía imágenes sobre la represión que Gadaffi ejercía contra los manifestantes. Su muerte le convirtió en uno de los mártires de febrero que Almasli homenajeó en el Petrosport Stadium de El Cairo.

Libia ganó en su retorno a la competición oficial con un solitario gol del extremo Al Laafi ante la selección de Mozambique


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (V)

septiembre 15, 2011

Las políticas autoritarias impuestas por Gadaffi, junto a la represión de todo signo de disidencia, favorecieron la aparición de las primeras muestras públicas de desencanto. Mezquitas y estadios fueron los principales escenarios donde los opositores manifestaron su frustración. Tras años de coacciones y prohibiciones, el malestar estalló en forma de revuelta. La población libia salió a la calle para protestar. Se estaba fraguando la Revolución del 17-F.

familiares de las víctimas de la Masacre de Abu Salim manifestándose

ESTALLA LA REVUELTA EN LAS CALLES DE BENGASI

Para entender las causas que generaron la llamada Revolución del 17-F es preciso remontarse a un hecho que ocurrió en 1996, cuando cerca de 1.200 islamistas fueron masacrados en la cárcel de Abu Salim de Trípoli por las fuerzas del orden. Este sería un nuevo episodio de represión del régimen si no fuera porque el abogado que en su momento representó a los familiares de las víctimas, el letrado Fati Terbi, fue detenido el 15 de febrero de 2011. Su arresto provocó una gran protesta en Bengasi que fue disuelta con fuego real por parte de la policía libia. Ese fue el detonante que desencadenó la llamada Revolución del 17-F en la que los seguidores del Al Ahly y los habitantes de Bengasi se convirtieron en los primeros en salir a la calle para protestar contra el régimen de Gadaffi.

Tan sólo tres días más tarde, las fuerzas del orden mataron en Bengasi a catorce manifestantes. Un día después, la nómina de muertos creció en una docena más tras la actuación del ejército. La ciudad, con su millón de habitantes, se convirtió en el principal feudo de los rebeldes. La Plaza de los Juzgados, rebautizada por los opositores como Plaza de la Libertad, que acogía uno de los cuarteles generales de los sublevados se convirtió en el símbolo de las protestas. Fue allí donde el Al Ahly Bengasi SC instaló una tienda para conseguir fondos para la revolución. Bengasi pasó a ser el corazón de la Libia rebelde y los shebabs, jóvenes manifestantes reconvertidos en guerrilleros, fueron los protagonistas de la revuelta.

miembro de las fuerzas insurgentes paseando ante un mural de la enseña del CNT

Paradójicamente, coincidiendo con la eclosión de la Revolución del 17- F, Al- Saadi Gadaffi, que ostenta como su padre el rango de teniente coronel del ejército libio, se encontraba en Bengasi. Aprovechó su estancia para liderar a las tropas leales a su padre y reprimir las protestas populares. Para calmar a los airados manifestantes Al- Saadi prometió que se acelerarían las obras de reconstrucción del estadio del Al Ahly, en un intento desesperado por congraciarse con la multitud. En esa misma línea el capitán del equipo, el centrocampista Moataz Ben Amer, recibió una llamada para que se presentara en los estudios de televisión para grabar un mensaje condenando públicamente las protestas. Ben Amer colgó. También lo hizo el presidente del club tras pedirle que relacionara a los manifestantes con Al-Qaeda. En Bengasi nadie creía ya las palabras de Al- Saadi. El hijo del líder libio tuvo que huir junto a sus guardaespaldas y demás acólitos no sin antes ordenar a sus fieles disparar contra los manifestantes desarmados.

al- Saadi exhibiendo una camiseta del Sao Paulo FC con su nombre

GUERRA Y RECONSTRUCCIÓN

Con el final del conflicto aún latente, en Bengasi los insurgentes ya se apresuraban a planificar la reconstrucción de la ciudad. Uno de los recintos que pretenden reedificar es el estadio del Al Ahly, que desde 2005 juega sus partidos en el llamado Estadio Hugo Chávez, un moderno complejo deportivo con capacidad para 11.000 espectadores que desde el mes de febrero, coincidiendo con el estallido de la revuelta pasó a llamarse Estadio de los Mártires de Febrero. A pesar de que hoy en día el viejo estadio no es más que un montón de escombros flanqueados por alguna torre eléctrica oxidada, en sus muros sigue viva la pasión de sus aficionados por el club. Pintadas con eslóganes como “Ahly te amanos” se mezclan con  otras que reproducen los colores verde, negro y rojo de la enseña del Consejo Nacional de Transición (CNT).

En las vallas que cercan el solar donde antes se levantaba el estadio los aficionados del Al Ahly han colgado banderas tricolores del CNT y pancartas con mensajes como “Somos la generación de la furia. Tu nos distes ese nombre. Ahora vas a ver una furia como jamás habrías imaginado”, que rememora el apelativo despectivo con el que en su momento Gadaffi se refirió a la afición del Al Ahly Bengasi SC.

Ben Amer celebrando un gol con la camiseta del Al Ahly Bengasi SC

En el frente son visibles entre los guerrilleros partidarios del CNT las camisetas rojas de un club diezmado por el conflicto. Con su presidente en el exilio, su entrenador y diversos de sus jugadores regresaron a sus países de origen, mientras algunos de los futbolistas libios se unían a los insurgentes. Solo continúa en Bengasi la mitad de la plantilla. Lo único que los mantiene unidos son los entrenamientos que organizan en un pequeño bosque de las afueras de la ciudad donde corren durante unos minutos para olvidar el drama que sufre su país. Incluso plantearon al CNT la posibilidad de disputar un partido amistoso para celebrar el avance de los opositores a Gadaffi. Los problemas de seguridad impidieron su disputa como ya hicieran en su momento con el campeonato de liga libio. Mientras tanto, Ben Amer y sus compañeros siguen entrenando, donando sangre y visitando a los heridos en Misrata esperando el día en que puedan volver a jugar un partido donde se levantaba su antiguo estadio.


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (IV)

septiembre 10, 2011

La clausura del Al Ahly Bengasi SC dejó al descubierto la voluntad de los dirigentes libios de acabar con cualquier tipo de disidencia, tanto en la esfera social como en la deportiva. Cualquier signo de oposición fue duramente reprimido. El caso del club de fútbol de Bengasi puso de manifiesto la existencia de unas primarias formas de resistencia al régimen que culminarían con el proceso revolucionario del 17-F.

AL AHLY BENGASI SC, UN CLUB BAJO SOSPECHA PERMANENTE

El fútbol es el deporte más popular en Bengasi, no en vano la segunda ciudad en importancia del país cuenta con cinco de los dieciséis clubes que integran la Primera División del fútbol libio. Dos de estos equipos son el Al Ahly y el Al Nasr, fundados en 1947 y 1954 respectivamente. A pesar de la gran rivalidad que ambos mantienen, el Al Ahly, que cuenta con un mayor número de seguidores, se erigió en el competidor directo de los clubes de Trípoli. Más allá de la pugna entre la capital y Bengasi, el enfrentamiento entre los dos Al Ahly traspasó los límites deportivos.

escudo del Al Nasr, club de Bengasi rival del Al Ahly

El equipo de Bengasi fue creado a partir de la Sociedad Omar Mukthar, una agrupación constituida por los antiguos guerrilleros que lucharon contra las tropas coloniales fascistas italianas. Fue a partir de la década de los cincuenta cuando el Al Alhy Bengasi SC se convirtió en uno de los clubes más populares del país, llenando quincenalmente las 30.000 localidades de su estadio. Durante el mandato de Al- Saadi Gadaffi al frente del fútbol libio la rivalidad entre el club de Bengasi y su homónimo de Trípoli se acrecentó. Al Saadi no podía soportar que aquel laureado equipo, que cuenta con 18 títulos de liga y un subcampeonato de liga africana, dejara en un segundo plano a su amado Al Ahly Trípoli.

iconografia gadaffista que reproduce al Al Ahly de Trípoli junto al líder libio

Incluso antes de vestir la camiseta verde del conjunto de la capital, Al Saadi ya tuvo sus más y sus menos con los aficionados de Bengasi cuando en 1996 sus guardaespaldas mataron a balazos a varios seguidores del Al Ahly Bengasi SC por mofarse públicamente del hijo del líder libio. A raíz de estos acontecimientos se gestó una trama para acabar con los éxitos y la popularidad del equipo de Bengasi. Al- Saadi usó sus influencias en la Federación de Fútbol de Libia para designar árbitros, cambiar las reglas del campeonato, obligar a repetir partidos, decidir que equipos ascendían y descendían de categoría, fichar a jugadores de Bengasi para el Trípoli o sobornar y coaccionar a los colegiados. Una verdadera conspiración a ojos de los seguidores del Al Alhy de Bengasi. Por si todo esto fuera poco, Al- Saadi también puso en entredicho que el club de Bengasi utilizará el mismo nombre que el equipo de la capital.

Lejos de utilizar el fútbol como distracción para mantener a la población alejada de la política, las decisiones de Al- Saadi agudizaron el simbolismo del conjunto de Bengasi. Este, tras cinco años de suspensión, pudo retomar en el año 2005 la actividad disputando, eso si, el campeonato de Segunda División.

Gadaffi luciendo  la camiseta de su hijo en la selección nacional

“A GADAFFI NO LE GUSTA BENGASI”

La rivalidad futbolística entre los equipos de Bengasi y Trípoli traspasa como hemos podido comprobar el mero enfrentamiento deportivo. Una vez más el fútbol ejerce como reflejo de la sociedad. En Libia la competencia entre el club de la capital y el de la segunda ciudad del país encierra otro tipo de lectura. No en vano, Bengasi fue considerada desde la instauración del régimen gadaffista en Libia como la capital rebelde del país. Una condición que comparte con otras localidades del este, como Ajdabiya, Derna o Tobruk, donde los opositores cuentan con numerosos apoyos.

La ciudad cirenaica se ha caracterizado por mostrar en diversas ocasiones su rechazo a Gadaffi. Una disidencia que el líder libio castigó con el ostracismo. Bengasi no entró en los planes de desarrollo económico. Sin inversión estatal, los jóvenes vieron reducidas sus expectativas de futuro. Algunos decidieron emigrar a Italia mientras otros se integraron en los incipientes grupos de oposición política. La discriminación y el desprecio del gobernante hacía la población de Bengasi pronto se tradujo en las primeras muestras de oposición. Las caricaturas de Gadafi con la estrella de David pintada en su frente proliferaron en los muros de la ciudad. No es de extrañar pues que el líder libio visitara Bengasi en contadas ocasiones.

el derby de Bengasi, encuentro de máxima rivalidad entre Al Alhy Vs Al Nasr


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (I)

agosto 25, 2011

La llegada al poder en septiembre de 1969 de Muammar al- Gadaffi, por aquel entonces un desconocido capitán del ejército, supuso la instauración en Libia de la llamada “República libre y autogobernada”. El joven militar, de tan sólo 27 años, logró liderar el movimiento revolucionario que derrocó al régimen monárquico instaurado en dicho país norteafricano tras su descolonización en 1951. La victoria del golpe de estado protagonizado por Gadaffi supuso el exilio del rey Muhammad Idris al-Senussi y la proclamación de una República árabe socialista, inspirada en el modelo egipcio de Nasser.


un joven Muammar al- Gadaffi en 1969

EL LIBRO VERDE: EL FÚTBOL COMO DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO

Acérrimo partidario del panarabismo islamista en clave socialista, Gadaffi implantó un sistema de gobierno autoritario conocido como Jamahiriya (Estado de las masas) que preveía una supuesta participación directa del pueblo en la toma de decisiones. El líder libio recogió su ideario en el llamado Libro Verde, una obra en tres volúmenes que escribió entre 1975 y 1979 donde expuso su pensamiento político. El texto se convirtió en al manual de referencia del régimen libio.

En uno de los pasajes de la obra el líder de la llamada “Revolución verde”, como hicieron otros líderes del islamismo radical, repudió la práctica deportiva. El coronel mostró su rechazo en estos términos: “Los aficionados al fútbol y a los deportes son completamente idiotas, hasta el punto de que llevan a los campos todas sus frustraciones e incapacidades. Son gente fracasada”. Una postura que mantuvo a lo largo de su trayectoria política al frente del gobierno del país, como evidenció un escrito de 2006 en el que manifestó que “quienes padecen futbolmanía y son adictos al juego, poseen mayor riesgo de desórdenes psicológicos y nerviosos”. A pesar de mantener sus reticencias, Gadaffi no perdió la oportunidad de utilizar el fútbol como herramienta de control social y arma diplomática para mejorar su imagen a nivel internacional.

el máximo dirigente de la Revolución Verde ojeando su obra

AL- SAADI, EL DÍSCOLO HEREDERO

La opinión de Gadaffi sobre el balompié no fue compartida por el tercero de sus ocho hijos, Al- Saadi, todo un apasionado de este deporte. Su interés por el fútbol llegó hasta el extremo de utilizar sus influencias para ocupar la presidencia de algunos clubes, de la propia Federación de Fútbol Libia e incluso del Comité Olímpico Libio. Pero el vínculo del vástago del gobernante no se circunscribió únicamente al ámbito directivo. A los 27 años se calzó las botas para intentar emular a sus ídolos en contra de la opinión de su padre, que al conocer las intenciones de su hijo le espetó: “Debes ser algo más que futbolista, eres más grande que eso”.

El primer club donde militó Al- Saadi fue el Al Ahly Sporting Club de Trípoli. Vistiendo su uniforme verde marcó 3 goles en 74 partidos durante la temporada 2000/ 01. Un año después fichó por su máximo rival ciudadano, el Club Social Cultural y de Gimnasia Al Ittihad, equipo fundado en 1944 tras la fusión del Al Nahda y el Al Shabab. Al- Saadi, que ocupó la presidencia de la institución, lució la camiseta roja del club de Bab Ben Gashier durante dos temporadas hasta que en 2003 dio el salto a Europa. Según su entrenador, el resignado ex futbolista del Torino Giuseppe Dossena, Al- Saadi se encargaba de dictar las alineaciones. Acostumbraba a jugar los noventa minutos y sólo era substituido cuando él quería.

Al- Saadi luciendo el número 9 del Al Ittihad de Trípoli y el brazalete de capitán del equipo

Por si todo esto fuera poco, el hijo de Gadaffi formó parte de la selección libia entrenada por el técnico argentino Carlos Salvador Bilardo donde, obviamente, ejerció como capitán. Como internacional disputó 18 encuentros entre los años 2000 y 2006 en los que anotó dos goles.