CALMUQUIA, EL PAÍS DONDE EL AJEDREZ ARRINCONÓ AL FÚTBOL (I)

septiembre 29, 2011

Entre las estepas del sur de Rusia emerge la desconocida República de Calmuquia. Enclavada entre Daguestán, Kazajistán, Kabardino- Balkaria, Karacháyevo- Cherkesia, Ucrania e Ingushia, este ente autónomo vinculado a la Federación rusa ha logrado mantenerse ajeno a los conflictos que han asolado el Caúcaso durante la última década. Su nombre obedece a la procedencia de sus 300.000 habitantes, los calmucs, que en su lengua materna significa “los que se han separado”, una referencia a sus orígenes en Mongolia occidental y la región de Sinkiang, situada al noroeste de China. Una comunidad que en el siglo XVII emigró a la costa del mar Caspio en busca de pastos fértiles para su ganado.

bandera oficial de la República de Calmuquia

DE LA RUSIA ZARISTA A REPÚBLICA SOVIÉTICA

Calmuquia, por su ubicación, fue históricamente un territorio geoestrategicamente clave para preservar el equilibro de poder en la zona. Desde el éxodo de los calmucs, la región se erigió en un preciado aliado del imperio zarista para proteger su frontera y aislar de esta manera a los pueblos caucásicos musulmanes y, a la vez, frenar el expansionismo del kanato tártaro de Crimea.

Durante la revolución de los soviets los calmucs, el único pueblo de origen mongol y religión budista que vive en Europa, se alinearon con la Rusia blanca. No fue hasta 1920 cuando el ejército rojo ocupó Calmuquia y reprimió con dureza toda disidencia.  Ocho años más tarde, la capital se trasladó de Astrakhan a Elista, una nueva ciudad que las autoridades soviéticas levantaron en medio del desierto donde reasentaron a diversos grupos de calmucs que se encontraban repartidos por la Unión Soviética. En octubre de 1935 el Oblast Autónomo Calmuc se convirtió oficialmente en la República Socialista Soviética de los Calmucs (RSSC). El estallido de la Segunda Guerra Mundial volvería a tensionar las relaciones entre la jerárquia soviética y los habitantes de dicha república. Aprovechando la ocupación nazi en 1942, los calmucs proclamaron el Estado Libre Calmuc, que colaboró con los alemanes organizando dos cuerpos de voluntarios de caballería que combatieron codo con codo con los germanos. La derrota de las tropas del Eje comportó la abolición de la República Calmuc en 1943, la deportación de los nativos colaboracionistas a Kazajistán y la destrucción de todos los templos budistas existentes en su territorio. La caída del régimen pro nazi también afectó a su capital, Elista, que a partir de entonces pasó a llamarse Stepnoi.

mapa étnico lingüístico del Caúcaso, en el extremo derecho superior se encuentra Calmuquia

FC URALAN, EL ORGULLO DE ELISTA

La autonomía calmuc no fue restaurada hasta 1958, cuando un decreto presidencial restableció la RSSC. Precisamente, ese mismo año se fundaba el FC Uralan Elista, un club con estrechos vínculos con la empresa local de construcción Avtobaza. Su nombre, que en lengua calmuc significa “adelante”, evidenciaba el compromiso de la institución con su comunidad. El equipo, sin rival en el campeonato local, exhibió todo su potencial ganando Liga y Copa del Caúcaso Norte consecutivamente hasta 1965. De la mano de los éxitos del Uralan el fútbol se popularizó en la región. La temporada siguiente el club fue admitido en la liga B soviética, que en 1971 se conocería como Liga de Segunda División, donde su rendimiento se atenúo producto de la competitividad de los equipos participantes. Fue en la época en que su estadio, lleno hasta la bandera, se convirtió en un hervidero que presionaba sin cesar a los rivales.

Con el hundimiento de la URSS Calmuquia se transformó en una república autónoma sujeta a la Federación Rusa que derivó en un régimen presidencialista liderado por el magnate local Kirsan Ilyumzhinov. Este multimillonario, ex boxeador, campeón de ajedrez y sargento mayor del Ejército Rojo que hizo fortuna con la compraventa de coches y cuyo nombre significa “prosperidad” en tibetano, fue el verdadero alma mater del FC Uralan Elista, club que compró y presidió desde inicios de los años noventa. Su carácter excéntrico le hizo plantearse fichar para su equipo a futbolistas de la talla del argentino Diego Armando Maradona o el francés de ascendencia armenia y calmuc Youri Djorkaeff. Un sueño que jamás llegó a cumplir.

vista parcial del estadio del FC Uralan Elista

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EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (VI)

septiembre 21, 2011

El balompié libio se convirtió en un reflejo de las transformaciones sociales que sufrió el país tras el comienzo de las protestas iniciadas a mediados de febrero. Con el campeonato de liga suspendido por las hostilidades tampoco la selección nacional pudo desarrollar su actividad habitual. Tras la caída de Trípoli, el Consejo Nacional de Transición (CNT) trató de normalizar la cotidianidad de la población. Uno de los ámbitos en los que trabajó, además de tratar de reanudar la producción de petróleo para financiar la contienda, fue el deportivo.

felicitación de los seguidores del Al Ahly de Tripoli a Gadaffi en el aniversario de la revolución

DEL VERDE AL BLANCO. UNA NUEVA SELECCIÓN NACIONAL

Tras siete meses de conflicto la sociedad libia empezó a vislumbrar los primeros cambios. El 3 de septiembre el combinado nacional jugó su primer partido oficial desde el inicio de la revuelta. El encuentro, correspondiente a la fase de clasificación para la Copa Africana de Naciones, le enfrentó a Mozambique y se disputó a puerta cerrada por motivos de seguridad en el estadio de El Cairo. El verde oficial del régimen dio paso a un nuevo uniforme que recuperaba el blanco de la era pre-Gadaffi combinado con los colores de la nueva enseña nacional tricolor. Con él los jugadores libios, muchos de ellos integrantes de la plantilla del Al Ahly Bengasi SC,  lograron derrotar a su débil contrincante por 1 gol a 0, obra de Riyadh al Laafi, extremo del Al Ittihad de Trípoli.

La mayoría de los futbolistas que consiguieron la primera victoria para la nueva selección libia se habían mantenido alejados del frente. Sólo cuatro de ellos, como el portero Juma Gtat, optaron por unirse en junio a los rebeldes. Junto a estos, otros catorce futbolistas decidieron alinearse con las fuerzas insurgentes. También se adhirió a las protestas contra Gadaffi el técnico del Al Ahly de Trípoli Adel bin Issa.

Juma Gtat posando en un vehículo armado rebelde en la ciudad de Zintan

Su posicionamiento a favor del CNT les valió la reprimenda de los jerarcas del régimen y de compañeros de profesión como el centrocampista Tariq Ibrahim el Taib, jugador internacional que inició su carrera en el club entrenado por Bin Issa. El Taib manifestó su rechazo a los rebeldes, a los que identificó como “perros y ratas”.

VICTORIA Y HOMENAJE A MOHAMED AL NABUS

La primera victoria de la renovada selección trascendió el ámbito deportivo. Fue un triunfo con un alto contenido simbólico como manifestó un aficionado anónimo: “Fue algo especial en todos los sentidos. Es una victoria para los mártires, no sólo un partido de fútbol”. Así lo entendió también uno de los jugadores del renovado equipo nacional, Ahmed Almasli, cuando tras pitar el árbitro el final del partido festejó la victoria con una camiseta con la leyenda: “No te olvidaré, Mohammed el combatiente y los mártires”. El lema hacía referencia a Mohamed Al Nabus, un ingeniero de telecomunicaciones que se convirtió en todo un símbolo de la resistencia en Bengasi tras morir al recibir un balazo durante una protesta ocurrida en dicha ciudad el 19 de febrero. Al Nabus, a través de su blog, difundía imágenes sobre la represión que Gadaffi ejercía contra los manifestantes. Su muerte le convirtió en uno de los mártires de febrero que Almasli homenajeó en el Petrosport Stadium de El Cairo.

Libia ganó en su retorno a la competición oficial con un solitario gol del extremo Al Laafi ante la selección de Mozambique


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (V)

septiembre 15, 2011

Las políticas autoritarias impuestas por Gadaffi, junto a la represión de todo signo de disidencia, favorecieron la aparición de las primeras muestras públicas de desencanto. Mezquitas y estadios fueron los principales escenarios donde los opositores manifestaron su frustración. Tras años de coacciones y prohibiciones, el malestar estalló en forma de revuelta. La población libia salió a la calle para protestar. Se estaba fraguando la Revolución del 17-F.

familiares de las víctimas de la Masacre de Abu Salim manifestándose

ESTALLA LA REVUELTA EN LAS CALLES DE BENGASI

Para entender las causas que generaron la llamada Revolución del 17-F es preciso remontarse a un hecho que ocurrió en 1996, cuando cerca de 1.200 islamistas fueron masacrados en la cárcel de Abu Salim de Trípoli por las fuerzas del orden. Este sería un nuevo episodio de represión del régimen si no fuera porque el abogado que en su momento representó a los familiares de las víctimas, el letrado Fati Terbi, fue detenido el 15 de febrero de 2011. Su arresto provocó una gran protesta en Bengasi que fue disuelta con fuego real por parte de la policía libia. Ese fue el detonante que desencadenó la llamada Revolución del 17-F en la que los seguidores del Al Ahly y los habitantes de Bengasi se convirtieron en los primeros en salir a la calle para protestar contra el régimen de Gadaffi.

Tan sólo tres días más tarde, las fuerzas del orden mataron en Bengasi a catorce manifestantes. Un día después, la nómina de muertos creció en una docena más tras la actuación del ejército. La ciudad, con su millón de habitantes, se convirtió en el principal feudo de los rebeldes. La Plaza de los Juzgados, rebautizada por los opositores como Plaza de la Libertad, que acogía uno de los cuarteles generales de los sublevados se convirtió en el símbolo de las protestas. Fue allí donde el Al Ahly Bengasi SC instaló una tienda para conseguir fondos para la revolución. Bengasi pasó a ser el corazón de la Libia rebelde y los shebabs, jóvenes manifestantes reconvertidos en guerrilleros, fueron los protagonistas de la revuelta.

miembro de las fuerzas insurgentes paseando ante un mural de la enseña del CNT

Paradójicamente, coincidiendo con la eclosión de la Revolución del 17- F, Al- Saadi Gadaffi, que ostenta como su padre el rango de teniente coronel del ejército libio, se encontraba en Bengasi. Aprovechó su estancia para liderar a las tropas leales a su padre y reprimir las protestas populares. Para calmar a los airados manifestantes Al- Saadi prometió que se acelerarían las obras de reconstrucción del estadio del Al Ahly, en un intento desesperado por congraciarse con la multitud. En esa misma línea el capitán del equipo, el centrocampista Moataz Ben Amer, recibió una llamada para que se presentara en los estudios de televisión para grabar un mensaje condenando públicamente las protestas. Ben Amer colgó. También lo hizo el presidente del club tras pedirle que relacionara a los manifestantes con Al-Qaeda. En Bengasi nadie creía ya las palabras de Al- Saadi. El hijo del líder libio tuvo que huir junto a sus guardaespaldas y demás acólitos no sin antes ordenar a sus fieles disparar contra los manifestantes desarmados.

al- Saadi exhibiendo una camiseta del Sao Paulo FC con su nombre

GUERRA Y RECONSTRUCCIÓN

Con el final del conflicto aún latente, en Bengasi los insurgentes ya se apresuraban a planificar la reconstrucción de la ciudad. Uno de los recintos que pretenden reedificar es el estadio del Al Ahly, que desde 2005 juega sus partidos en el llamado Estadio Hugo Chávez, un moderno complejo deportivo con capacidad para 11.000 espectadores que desde el mes de febrero, coincidiendo con el estallido de la revuelta pasó a llamarse Estadio de los Mártires de Febrero. A pesar de que hoy en día el viejo estadio no es más que un montón de escombros flanqueados por alguna torre eléctrica oxidada, en sus muros sigue viva la pasión de sus aficionados por el club. Pintadas con eslóganes como “Ahly te amanos” se mezclan con  otras que reproducen los colores verde, negro y rojo de la enseña del Consejo Nacional de Transición (CNT).

En las vallas que cercan el solar donde antes se levantaba el estadio los aficionados del Al Ahly han colgado banderas tricolores del CNT y pancartas con mensajes como “Somos la generación de la furia. Tu nos distes ese nombre. Ahora vas a ver una furia como jamás habrías imaginado”, que rememora el apelativo despectivo con el que en su momento Gadaffi se refirió a la afición del Al Ahly Bengasi SC.

Ben Amer celebrando un gol con la camiseta del Al Ahly Bengasi SC

En el frente son visibles entre los guerrilleros partidarios del CNT las camisetas rojas de un club diezmado por el conflicto. Con su presidente en el exilio, su entrenador y diversos de sus jugadores regresaron a sus países de origen, mientras algunos de los futbolistas libios se unían a los insurgentes. Solo continúa en Bengasi la mitad de la plantilla. Lo único que los mantiene unidos son los entrenamientos que organizan en un pequeño bosque de las afueras de la ciudad donde corren durante unos minutos para olvidar el drama que sufre su país. Incluso plantearon al CNT la posibilidad de disputar un partido amistoso para celebrar el avance de los opositores a Gadaffi. Los problemas de seguridad impidieron su disputa como ya hicieran en su momento con el campeonato de liga libio. Mientras tanto, Ben Amer y sus compañeros siguen entrenando, donando sangre y visitando a los heridos en Misrata esperando el día en que puedan volver a jugar un partido donde se levantaba su antiguo estadio.


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (IV)

septiembre 10, 2011

La clausura del Al Ahly Bengasi SC dejó al descubierto la voluntad de los dirigentes libios de acabar con cualquier tipo de disidencia, tanto en la esfera social como en la deportiva. Cualquier signo de oposición fue duramente reprimido. El caso del club de fútbol de Bengasi puso de manifiesto la existencia de unas primarias formas de resistencia al régimen que culminarían con el proceso revolucionario del 17-F.

AL AHLY BENGASI SC, UN CLUB BAJO SOSPECHA PERMANENTE

El fútbol es el deporte más popular en Bengasi, no en vano la segunda ciudad en importancia del país cuenta con cinco de los dieciséis clubes que integran la Primera División del fútbol libio. Dos de estos equipos son el Al Ahly y el Al Nasr, fundados en 1947 y 1954 respectivamente. A pesar de la gran rivalidad que ambos mantienen, el Al Ahly, que cuenta con un mayor número de seguidores, se erigió en el competidor directo de los clubes de Trípoli. Más allá de la pugna entre la capital y Bengasi, el enfrentamiento entre los dos Al Ahly traspasó los límites deportivos.

escudo del Al Nasr, club de Bengasi rival del Al Ahly

El equipo de Bengasi fue creado a partir de la Sociedad Omar Mukthar, una agrupación constituida por los antiguos guerrilleros que lucharon contra las tropas coloniales fascistas italianas. Fue a partir de la década de los cincuenta cuando el Al Alhy Bengasi SC se convirtió en uno de los clubes más populares del país, llenando quincenalmente las 30.000 localidades de su estadio. Durante el mandato de Al- Saadi Gadaffi al frente del fútbol libio la rivalidad entre el club de Bengasi y su homónimo de Trípoli se acrecentó. Al Saadi no podía soportar que aquel laureado equipo, que cuenta con 18 títulos de liga y un subcampeonato de liga africana, dejara en un segundo plano a su amado Al Ahly Trípoli.

iconografia gadaffista que reproduce al Al Ahly de Trípoli junto al líder libio

Incluso antes de vestir la camiseta verde del conjunto de la capital, Al Saadi ya tuvo sus más y sus menos con los aficionados de Bengasi cuando en 1996 sus guardaespaldas mataron a balazos a varios seguidores del Al Ahly Bengasi SC por mofarse públicamente del hijo del líder libio. A raíz de estos acontecimientos se gestó una trama para acabar con los éxitos y la popularidad del equipo de Bengasi. Al- Saadi usó sus influencias en la Federación de Fútbol de Libia para designar árbitros, cambiar las reglas del campeonato, obligar a repetir partidos, decidir que equipos ascendían y descendían de categoría, fichar a jugadores de Bengasi para el Trípoli o sobornar y coaccionar a los colegiados. Una verdadera conspiración a ojos de los seguidores del Al Alhy de Bengasi. Por si todo esto fuera poco, Al- Saadi también puso en entredicho que el club de Bengasi utilizará el mismo nombre que el equipo de la capital.

Lejos de utilizar el fútbol como distracción para mantener a la población alejada de la política, las decisiones de Al- Saadi agudizaron el simbolismo del conjunto de Bengasi. Este, tras cinco años de suspensión, pudo retomar en el año 2005 la actividad disputando, eso si, el campeonato de Segunda División.

Gadaffi luciendo  la camiseta de su hijo en la selección nacional

“A GADAFFI NO LE GUSTA BENGASI”

La rivalidad futbolística entre los equipos de Bengasi y Trípoli traspasa como hemos podido comprobar el mero enfrentamiento deportivo. Una vez más el fútbol ejerce como reflejo de la sociedad. En Libia la competencia entre el club de la capital y el de la segunda ciudad del país encierra otro tipo de lectura. No en vano, Bengasi fue considerada desde la instauración del régimen gadaffista en Libia como la capital rebelde del país. Una condición que comparte con otras localidades del este, como Ajdabiya, Derna o Tobruk, donde los opositores cuentan con numerosos apoyos.

La ciudad cirenaica se ha caracterizado por mostrar en diversas ocasiones su rechazo a Gadaffi. Una disidencia que el líder libio castigó con el ostracismo. Bengasi no entró en los planes de desarrollo económico. Sin inversión estatal, los jóvenes vieron reducidas sus expectativas de futuro. Algunos decidieron emigrar a Italia mientras otros se integraron en los incipientes grupos de oposición política. La discriminación y el desprecio del gobernante hacía la población de Bengasi pronto se tradujo en las primeras muestras de oposición. Las caricaturas de Gadafi con la estrella de David pintada en su frente proliferaron en los muros de la ciudad. No es de extrañar pues que el líder libio visitara Bengasi en contadas ocasiones.

el derby de Bengasi, encuentro de máxima rivalidad entre Al Alhy Vs Al Nasr


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (III)

septiembre 5, 2011

Tras recuperar su cargo al frente del fútbol libio Al- Saadi se propuso un nuevo objetivo, dar el salto al fútbol europeo. En Libia ya se había convertido en el jugador más popular después de ordenar que en las retransmisiones deportivas los comentaristas no pudieran mencionar el nombre de ningún otro jugador, citándoles solo por su dorsal. La ambición sin límite de Al- Saadi le llevó al calcio italiano, donde tras pasar por varios clubes acabó colgando las botas en el año 2007. En su efímero paso por el fútbol transalpino el hijo de Gadaffi utilizó toda su influencia para conseguir sus propósitos.

escudo del Birkirkara FC, equipo donde pretendía jugar Al- Saadi

EL INICIO DEL PERIPLO EUROPEO

Al- Saadi abandonó el Al Ittihad de Trípoli la temporada 2002/ 03. Su deseo era iniciar una carrera deportiva en Europa, al máximo nivel. En un primer momento se barajó como posible destino el Birkirkara FC, el campeón maltés que ese año disputaba la Champions League. Finalmente, cuando parecía inmediata su incorporación a los rayados, el fichaje se frustró.

Fue entonces cuando Al- Saadi decidió probar suerte en Italia. La serie A fue su destino. Primero, como ya hiciera en el fútbol libio, se procuró un puesto como directivo. En el año 2002, por medio de la empresa Lybian Arab Foreign Investment (LAFICO), adquirió un 7,5 % de las acciones de la Juventus FC previo pago de 21 millones de euros. Con esta operación, que convertía al régimen libio en el segundo máximo accionista del club después de la familia Agnelli, Al- Saadi esperaba poder hacerse un hueco en el equipo turinés. Sus buenas relaciones con los propietarios del club, no en vano LAFICO invirtió importantes sumas de dinero en FIAT cuando la marca automovilística pasó por importantes recesiones en 1977 y 1986, eran un buen presagio. Pero Gadaffi no contaba con la oposición de su técnico, Marcello Lippi, que rechazó su fichaje tras comprobar su exiguo potencial futbolístico. Al- Saadi tuvo que conformarse con entrenar en alguna ocasión con el primer equipo blanquinegro y con formar parte de la Junta de Administración de la Vecchia Signora.

Gadaffi junto al presidente del Perugia Luciano Gaucci el dia de su presentación

En junio de 2003 consiguió enrolarse en el Perugia Calcio SpA, motivo por el cual tuvo que renunciar al cargo directivo que ocupaba en el equipo de Turín. Fue presentado con la máxima opulencia en el castillo de Torre Alfina construido en el siglo XVIII y propiedad de Luciano Gaucci, presidente del club de Umbria. Al- Saadi se convertía en el primer futbolista libio del calcio. Cinco meses más tarde, sin llegar a debutar, fue suspendido durante tres meses por dar positivo en nandrolona durante un control antidopaje rutinario cuando su preparador físico era el ex atleta canadiense Ben Johnson. Se convirtió así en el peor jugador de la historia de la Serie A del fútbol italiano. Finalmente pudo cumplir uno de sus sueños, disputar quince minutos contra la Juventus.

UNA HISTORIA DE LUJO Y OSTENTACIÓN

En su etapa en el Perugia Al- Saadi mostró su carácter excéntrico. Solía acudir a los entrenamientos del equipo, cuando asistía a ellos, conduciendo un Lamborghini blanco que se hizo traer desde Libia, a bordo de un Mercedes blindado, de un Porsche de color rojo o bien en el helicóptero que aparcaba en las instalaciones del club. Durante su estancia en la entidad decidió albergarse en el lujoso Hotel Brufani, nada extraño si no fuera porque alquiló trece habitaciones para él y sus colaboradores.

En el año 2005 firmó por el Udinese Calcio, equipo en el que fue relegado a la suplencia por el técnico Giovanni Galeone a excepción de una aparición fugaz durante un encuentro intrascendente disputado al final de la temporada. Ese día Al- Saadi jugó diez minutos ante el Cagliari Calcio. A pesar de su debut pronto volvió a cambiar de equipo. En Udine Al- Saadi se instaló junto a su sequito en el Hotel Là di Moret. Allí consumió grandes cantidades de caviar y de leche. Paradójicamente, mientras dilapidaba el dinero donaba su sueldo de futbolista a instituciones benéficas. Su extravagancia llegó hasta el punto de reservar una de las habitaciones en exclusiva para su doberman Dina que ocupaba la amplia cama de la suite mientras su cuidador dormía en el suelo.

el presidente de la Sampdoria junto a sus jugadores, luciendo propaganda de su empresa ERG

En 2006 pasó a entrenarse con la UC Sampdoria después de ser invitado por el presidente del club Riccardo Garrone, propietario de la compañía petrolera ERG que por aquel entonces patrocinaba al conjunto genovés. La intención de Garrone era estrechar sus relaciones con el régimen libio, uno de los principales países exportadores de petróleo del mundo, para obtener mayores beneficios en sus contratos. En su temporada en la Sampdoria, Al- Saadi nunca llegó puntual a ningún entrenamiento. Tras esta nueva frustrada experiencia, al final de la temporada 2006/ 07 abandonó el club y colgó definitivamente las botas.

La escasa incidencia de Gadaffi en el fútbol italiano pronto suscitó la burla entre sus compatriotas, muy proclives a la ironía. Así fue común entre la población libia el chascarrillo que pregonaba que Al- Saadi era el único jugador de fútbol que pagaba por jugar y no se le paga para jugar.

Al- Saadi entrenando con el equipo genovés

EL FÚTBOL COMO ARMA DIPLOMÁTICA

Donde Al- Saadi obtuvo mejores resultados fue en el ámbito organizativo. El dirigente deportivo libio consiguió que se celebrara en su país la final de la Supercopa de Italia en el año 2002 tras pagar un millón de dólares a la Federación transalpina. El partido, disputado en el estadio de Trípoli, enfrentó a la Juventus con el Parma. Tras el pitido final, Al- Saadi no dudó en bajar al terreno de juego para fotografiarse junto a los jugadores blanquinegros con el trofeo. Finalmente supo rentabilizar sus vínculos con el equipo turinés.

La inversión se amortizó y Gadaffi utilizó el futbol para romper el bloqueo internacional impuesto tras los atentados de Lockerbie. La diplomacia del balón financiada por los petrodólares empezó a dar sus primeros frutos. Un año después la celebración de una nueva edición de la Supercopa italiana en suelo libio tuvo que suspenderse por motivos de seguridad cuando ya estaba pactada. Ese año tuvo que conformarse con organizar un partido entre Libia y Argentina en Trípoli, por el que los sudamericanos entrenados por Marcelo Bielsa se embolsaron un millón de dólares.

Pero los vínculos entre el régimen libio y el club turinés no terminaron aquí. En 2005 la empresa petrolífera libia Tamoil, tras pagar 240 millones de euros, se convirtió en el patrocinador oficial de la camiseta de la Juventus.

La fijación por el fútbol de Al- Saadi motivó que propusiera, esta vez sin éxito, que Libia optara a organizar el primer Mundial de Fútbol disputado en suelo africano. La FIFA finalmente decidió otorgar el campeonato a Sudáfrica. A pesar del revés, el hijo de Gadaffi intentó acceder a la presidencia de la Confederación Africana de Fútbol (CAN) aunque tampoco obtuvo un resultado satisfactorio para sus intereses al no resultar elegido.

Incluso en el año 2009 se llegó a rumorear que negociaba con el primer ministro italiano Silvio Berlusconi la compra del Milan AC.

 

reportaje sobre la particular relación de Al-Saadi con Bengasi