EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (III)

Tras recuperar su cargo al frente del fútbol libio Al- Saadi se propuso un nuevo objetivo, dar el salto al fútbol europeo. En Libia ya se había convertido en el jugador más popular después de ordenar que en las retransmisiones deportivas los comentaristas no pudieran mencionar el nombre de ningún otro jugador, citándoles solo por su dorsal. La ambición sin límite de Al- Saadi le llevó al calcio italiano, donde tras pasar por varios clubes acabó colgando las botas en el año 2007. En su efímero paso por el fútbol transalpino el hijo de Gadaffi utilizó toda su influencia para conseguir sus propósitos.

escudo del Birkirkara FC, equipo donde pretendía jugar Al- Saadi

EL INICIO DEL PERIPLO EUROPEO

Al- Saadi abandonó el Al Ittihad de Trípoli la temporada 2002/ 03. Su deseo era iniciar una carrera deportiva en Europa, al máximo nivel. En un primer momento se barajó como posible destino el Birkirkara FC, el campeón maltés que ese año disputaba la Champions League. Finalmente, cuando parecía inmediata su incorporación a los rayados, el fichaje se frustró.

Fue entonces cuando Al- Saadi decidió probar suerte en Italia. La serie A fue su destino. Primero, como ya hiciera en el fútbol libio, se procuró un puesto como directivo. En el año 2002, por medio de la empresa Lybian Arab Foreign Investment (LAFICO), adquirió un 7,5 % de las acciones de la Juventus FC previo pago de 21 millones de euros. Con esta operación, que convertía al régimen libio en el segundo máximo accionista del club después de la familia Agnelli, Al- Saadi esperaba poder hacerse un hueco en el equipo turinés. Sus buenas relaciones con los propietarios del club, no en vano LAFICO invirtió importantes sumas de dinero en FIAT cuando la marca automovilística pasó por importantes recesiones en 1977 y 1986, eran un buen presagio. Pero Gadaffi no contaba con la oposición de su técnico, Marcello Lippi, que rechazó su fichaje tras comprobar su exiguo potencial futbolístico. Al- Saadi tuvo que conformarse con entrenar en alguna ocasión con el primer equipo blanquinegro y con formar parte de la Junta de Administración de la Vecchia Signora.

Gadaffi junto al presidente del Perugia Luciano Gaucci el dia de su presentación

En junio de 2003 consiguió enrolarse en el Perugia Calcio SpA, motivo por el cual tuvo que renunciar al cargo directivo que ocupaba en el equipo de Turín. Fue presentado con la máxima opulencia en el castillo de Torre Alfina construido en el siglo XVIII y propiedad de Luciano Gaucci, presidente del club de Umbria. Al- Saadi se convertía en el primer futbolista libio del calcio. Cinco meses más tarde, sin llegar a debutar, fue suspendido durante tres meses por dar positivo en nandrolona durante un control antidopaje rutinario cuando su preparador físico era el ex atleta canadiense Ben Johnson. Se convirtió así en el peor jugador de la historia de la Serie A del fútbol italiano. Finalmente pudo cumplir uno de sus sueños, disputar quince minutos contra la Juventus.

UNA HISTORIA DE LUJO Y OSTENTACIÓN

En su etapa en el Perugia Al- Saadi mostró su carácter excéntrico. Solía acudir a los entrenamientos del equipo, cuando asistía a ellos, conduciendo un Lamborghini blanco que se hizo traer desde Libia, a bordo de un Mercedes blindado, de un Porsche de color rojo o bien en el helicóptero que aparcaba en las instalaciones del club. Durante su estancia en la entidad decidió albergarse en el lujoso Hotel Brufani, nada extraño si no fuera porque alquiló trece habitaciones para él y sus colaboradores.

En el año 2005 firmó por el Udinese Calcio, equipo en el que fue relegado a la suplencia por el técnico Giovanni Galeone a excepción de una aparición fugaz durante un encuentro intrascendente disputado al final de la temporada. Ese día Al- Saadi jugó diez minutos ante el Cagliari Calcio. A pesar de su debut pronto volvió a cambiar de equipo. En Udine Al- Saadi se instaló junto a su sequito en el Hotel Là di Moret. Allí consumió grandes cantidades de caviar y de leche. Paradójicamente, mientras dilapidaba el dinero donaba su sueldo de futbolista a instituciones benéficas. Su extravagancia llegó hasta el punto de reservar una de las habitaciones en exclusiva para su doberman Dina que ocupaba la amplia cama de la suite mientras su cuidador dormía en el suelo.

el presidente de la Sampdoria junto a sus jugadores, luciendo propaganda de su empresa ERG

En 2006 pasó a entrenarse con la UC Sampdoria después de ser invitado por el presidente del club Riccardo Garrone, propietario de la compañía petrolera ERG que por aquel entonces patrocinaba al conjunto genovés. La intención de Garrone era estrechar sus relaciones con el régimen libio, uno de los principales países exportadores de petróleo del mundo, para obtener mayores beneficios en sus contratos. En su temporada en la Sampdoria, Al- Saadi nunca llegó puntual a ningún entrenamiento. Tras esta nueva frustrada experiencia, al final de la temporada 2006/ 07 abandonó el club y colgó definitivamente las botas.

La escasa incidencia de Gadaffi en el fútbol italiano pronto suscitó la burla entre sus compatriotas, muy proclives a la ironía. Así fue común entre la población libia el chascarrillo que pregonaba que Al- Saadi era el único jugador de fútbol que pagaba por jugar y no se le paga para jugar.

Al- Saadi entrenando con el equipo genovés

EL FÚTBOL COMO ARMA DIPLOMÁTICA

Donde Al- Saadi obtuvo mejores resultados fue en el ámbito organizativo. El dirigente deportivo libio consiguió que se celebrara en su país la final de la Supercopa de Italia en el año 2002 tras pagar un millón de dólares a la Federación transalpina. El partido, disputado en el estadio de Trípoli, enfrentó a la Juventus con el Parma. Tras el pitido final, Al- Saadi no dudó en bajar al terreno de juego para fotografiarse junto a los jugadores blanquinegros con el trofeo. Finalmente supo rentabilizar sus vínculos con el equipo turinés.

La inversión se amortizó y Gadaffi utilizó el futbol para romper el bloqueo internacional impuesto tras los atentados de Lockerbie. La diplomacia del balón financiada por los petrodólares empezó a dar sus primeros frutos. Un año después la celebración de una nueva edición de la Supercopa italiana en suelo libio tuvo que suspenderse por motivos de seguridad cuando ya estaba pactada. Ese año tuvo que conformarse con organizar un partido entre Libia y Argentina en Trípoli, por el que los sudamericanos entrenados por Marcelo Bielsa se embolsaron un millón de dólares.

Pero los vínculos entre el régimen libio y el club turinés no terminaron aquí. En 2005 la empresa petrolífera libia Tamoil, tras pagar 240 millones de euros, se convirtió en el patrocinador oficial de la camiseta de la Juventus.

La fijación por el fútbol de Al- Saadi motivó que propusiera, esta vez sin éxito, que Libia optara a organizar el primer Mundial de Fútbol disputado en suelo africano. La FIFA finalmente decidió otorgar el campeonato a Sudáfrica. A pesar del revés, el hijo de Gadaffi intentó acceder a la presidencia de la Confederación Africana de Fútbol (CAN) aunque tampoco obtuvo un resultado satisfactorio para sus intereses al no resultar elegido.

Incluso en el año 2009 se llegó a rumorear que negociaba con el primer ministro italiano Silvio Berlusconi la compra del Milan AC.

 

reportaje sobre la particular relación de Al-Saadi con Bengasi

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