HUGO CHÁVEZ. EL LEGADO BOLIVARIANO DEL FÚTBOL (V)

junio 5, 2013

Tras comprobar como el opositor Capriles se acercó al populismo que impregnó al chavismo para intentar derrotar al candidato oficialista en las pasadas elecciones presidenciales y como éste también se sirvió del fútbol para promocionarse entre la ciudadania, en esta nueva entrega abordamos algunos episodios menos conocidos de la biografía del difunto dirigente venezolano relacionados con el fútbol.

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Chávez ensimismado con un balón durante un acto protocolario

GOLEANDO CON LAS BOTAS PUESTAS

En 1999 –poco después de su victoria en las elecciones presidenciales– Hugo Chávez visitó la ciudad de Mérida. Aún ataviado con su uniforme de camuflaje, botas militares y su característica gorra roja, aquella que portaba cuando en 1992 comandando un regimiento paracaidista en Maracay se rebeló contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez y que posteriormente se convirtió en icono del chavismo, se personó en el estadio Soto Rosa donde  la Universidad de Los Andes, el popular ULA FC, jugaba contra el Táchira un partido correspondiente a la jornada 20 del campeonato nacional de liga de Primera división. Chávez era el encargado de realizar el saque inicial del encuentro.

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Chávez saludando al guardameta del ULA FC Armando “Muralla” Navarrete

Pero ante la sorpresa del público y  los jugadores, cuando el colegiado Gustavo Brand sopló su silbato Chávez en lugar de desplazar el balón empezó a correr con el hacia la portería. Armando Navarrete, guardameta colombiano del ULA FC le persiguió hasta lograr parar el primer chut con la pierna izquierda del presidente. Chávez decidido a marcar recogió el rechace para rematar de nuevo. Se convirtió en el primer goleador con botas militares y uniforme de camuflaje del fútbol venezolano. Aquel día el entonces máximo mandatario del país fue nombrado presidente honorario del ULA FC. Paradójicamente, el año 2001 el club debido a diversos problemas económicos vendió sus derechos de participación en el campeonato liguero al recién creado Monagas FC certificando su desaparición. No fue hasta 2010 cuando la institución logró superar dichos contratiempos y se refundó para disputar el torneo de Tercera división nacional.

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Gadafi junto a Chávez durante una visita a Venezuela en el 2009

LA HISTORIA DE UN ATÍPICO ESTADIO AFRICANO

También en el continente africano la figura de Chávez despertó admiración, en parte por su enardecido discurso antiimperialista que le granjeó amplias complicidades. Convertido en emblema revolucionario mundial pronto fue agasajado por diversos líderes internacionales, como el también fallecido ex presidente libio Muamar el Gadafi. No en vano en 2004 Chávez visitó Trípoli para recoger el Premio Gadafi de Derechos Humanos, en su entrega conoció personalmente al líder libio.

Cinco años más tarde, como muestra de amistad hacia el presidente venezolano, el dirigente norteafricano decidió construir un estadio de fútbol en su honor. Según manifestó el propio Gadafi, la decisión de bautizar con su nombre el campo fue su particular forma de reconocer “su programa revolucionario en Venezuela y su papel en el futuro sudamericano”.

Así el 5 de marzo de 2009 era inaugurado oficialmente el “Hugo Chávez Football Stadium” en la ciudad de Benina, situada al noreste del país cerca de Bengasi. Así rezaban las letras doradas que relucían en un rótulo colocado en un arco de acero próximo a las taquillas del recinto. Ese día se enfrentaron las selecciones sub 23 de Libia y Siria en un partido amistoso. Más allá de las excentricidades del mandatario libio, dicho terreno de juego no era ninguna nimiedad. Al contrario, el estadio fue el primero del país en contar con todo el aforo de asientos. Toda una apuesta para mejorar las infraestructuras deportivas del país de cara a la Copa África de Naciones (CAN) que debía albergar en el año 2013 (que finalmente organizará Sudáfrica). Un moderno complejo deportivo con césped artificial que podía albergar hasta 10.550 espectadores y en el que jugaron tanto los clubes de Bengasi –como el Al Nasr o el Al Ahly– como la selección nacional. Sin embargo, pronto, como el resto del país, caería en desgracia.

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Fachada principal del Hugo Chávez Stadium de Benina

El motivo no fue otro que el estallido de una guerra civil que se zanjaría con la muerte del líder libio a manos de milicianos rebeldes. Tras su caída las escenas de escarnio hacía cualquier edificio, estamento, funcionario o símbolo gubernamental se sucedieron. Y el estadio de Benina no fue menos. De hecho durante los combates que tuvieron como escenario Bengasi el estadio fue utilizado como centro de refugiados para albergar a trabajadores de origen turco, mauritano o tunecino que esperaban ser repatriados. Hasta 5.000 inmigrantes se reunieron en él usando sus tribunas o el césped para dormir y tendiendo su ropa en las redes de las porterías. Tan sólo dos semanas antes de estallar la revolución que derrocaría a Gadafi el terreno de juego había acogido el último partido de fútbol antes de la revuelta antigubernamental.

En marzo de 2011 el Consejo Nacional de Transición (CNT) acordó cambiar el nombre del mismo tras la demanda presentada por la población local. Así fue como el Estadio Hugo Chávez pasó a denominarse oficialmente “Estadio Mártires de febrero” en recuerdo a todos aquellos opositores que murieron durante el conflicto armado. Paradójicamente, con el país inmerso en una traumática posguerra, en el acceso principal al estadio aún luce el letrero que lo identifica como el “Hugo Chávez Football Stadium”. Sin medios para derribarlo o por mera desidia el cartel sigue mostrando al visitante su nombre original mientras las paredes adyacentes están repletas de pintadas espontáneas de color rojizo con la leyenda “Estadio Mártires de febrero”.

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jugadores en el césped del Hugo Chávez Stadium libio


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (VI)

septiembre 21, 2011

El balompié libio se convirtió en un reflejo de las transformaciones sociales que sufrió el país tras el comienzo de las protestas iniciadas a mediados de febrero. Con el campeonato de liga suspendido por las hostilidades tampoco la selección nacional pudo desarrollar su actividad habitual. Tras la caída de Trípoli, el Consejo Nacional de Transición (CNT) trató de normalizar la cotidianidad de la población. Uno de los ámbitos en los que trabajó, además de tratar de reanudar la producción de petróleo para financiar la contienda, fue el deportivo.

felicitación de los seguidores del Al Ahly de Tripoli a Gadaffi en el aniversario de la revolución

DEL VERDE AL BLANCO. UNA NUEVA SELECCIÓN NACIONAL

Tras siete meses de conflicto la sociedad libia empezó a vislumbrar los primeros cambios. El 3 de septiembre el combinado nacional jugó su primer partido oficial desde el inicio de la revuelta. El encuentro, correspondiente a la fase de clasificación para la Copa Africana de Naciones, le enfrentó a Mozambique y se disputó a puerta cerrada por motivos de seguridad en el estadio de El Cairo. El verde oficial del régimen dio paso a un nuevo uniforme que recuperaba el blanco de la era pre-Gadaffi combinado con los colores de la nueva enseña nacional tricolor. Con él los jugadores libios, muchos de ellos integrantes de la plantilla del Al Ahly Bengasi SC,  lograron derrotar a su débil contrincante por 1 gol a 0, obra de Riyadh al Laafi, extremo del Al Ittihad de Trípoli.

La mayoría de los futbolistas que consiguieron la primera victoria para la nueva selección libia se habían mantenido alejados del frente. Sólo cuatro de ellos, como el portero Juma Gtat, optaron por unirse en junio a los rebeldes. Junto a estos, otros catorce futbolistas decidieron alinearse con las fuerzas insurgentes. También se adhirió a las protestas contra Gadaffi el técnico del Al Ahly de Trípoli Adel bin Issa.

Juma Gtat posando en un vehículo armado rebelde en la ciudad de Zintan

Su posicionamiento a favor del CNT les valió la reprimenda de los jerarcas del régimen y de compañeros de profesión como el centrocampista Tariq Ibrahim el Taib, jugador internacional que inició su carrera en el club entrenado por Bin Issa. El Taib manifestó su rechazo a los rebeldes, a los que identificó como “perros y ratas”.

VICTORIA Y HOMENAJE A MOHAMED AL NABUS

La primera victoria de la renovada selección trascendió el ámbito deportivo. Fue un triunfo con un alto contenido simbólico como manifestó un aficionado anónimo: “Fue algo especial en todos los sentidos. Es una victoria para los mártires, no sólo un partido de fútbol”. Así lo entendió también uno de los jugadores del renovado equipo nacional, Ahmed Almasli, cuando tras pitar el árbitro el final del partido festejó la victoria con una camiseta con la leyenda: “No te olvidaré, Mohammed el combatiente y los mártires”. El lema hacía referencia a Mohamed Al Nabus, un ingeniero de telecomunicaciones que se convirtió en todo un símbolo de la resistencia en Bengasi tras morir al recibir un balazo durante una protesta ocurrida en dicha ciudad el 19 de febrero. Al Nabus, a través de su blog, difundía imágenes sobre la represión que Gadaffi ejercía contra los manifestantes. Su muerte le convirtió en uno de los mártires de febrero que Almasli homenajeó en el Petrosport Stadium de El Cairo.

Libia ganó en su retorno a la competición oficial con un solitario gol del extremo Al Laafi ante la selección de Mozambique


EL FUTBOL LIBIO BAJO EL RÉGIMEN DE GADAFFI. DE DEPORTE ANTIREVOLUCIONARIO A DETONANTE DE LA REVUELTA DEL 17F (V)

septiembre 15, 2011

Las políticas autoritarias impuestas por Gadaffi, junto a la represión de todo signo de disidencia, favorecieron la aparición de las primeras muestras públicas de desencanto. Mezquitas y estadios fueron los principales escenarios donde los opositores manifestaron su frustración. Tras años de coacciones y prohibiciones, el malestar estalló en forma de revuelta. La población libia salió a la calle para protestar. Se estaba fraguando la Revolución del 17-F.

familiares de las víctimas de la Masacre de Abu Salim manifestándose

ESTALLA LA REVUELTA EN LAS CALLES DE BENGASI

Para entender las causas que generaron la llamada Revolución del 17-F es preciso remontarse a un hecho que ocurrió en 1996, cuando cerca de 1.200 islamistas fueron masacrados en la cárcel de Abu Salim de Trípoli por las fuerzas del orden. Este sería un nuevo episodio de represión del régimen si no fuera porque el abogado que en su momento representó a los familiares de las víctimas, el letrado Fati Terbi, fue detenido el 15 de febrero de 2011. Su arresto provocó una gran protesta en Bengasi que fue disuelta con fuego real por parte de la policía libia. Ese fue el detonante que desencadenó la llamada Revolución del 17-F en la que los seguidores del Al Ahly y los habitantes de Bengasi se convirtieron en los primeros en salir a la calle para protestar contra el régimen de Gadaffi.

Tan sólo tres días más tarde, las fuerzas del orden mataron en Bengasi a catorce manifestantes. Un día después, la nómina de muertos creció en una docena más tras la actuación del ejército. La ciudad, con su millón de habitantes, se convirtió en el principal feudo de los rebeldes. La Plaza de los Juzgados, rebautizada por los opositores como Plaza de la Libertad, que acogía uno de los cuarteles generales de los sublevados se convirtió en el símbolo de las protestas. Fue allí donde el Al Ahly Bengasi SC instaló una tienda para conseguir fondos para la revolución. Bengasi pasó a ser el corazón de la Libia rebelde y los shebabs, jóvenes manifestantes reconvertidos en guerrilleros, fueron los protagonistas de la revuelta.

miembro de las fuerzas insurgentes paseando ante un mural de la enseña del CNT

Paradójicamente, coincidiendo con la eclosión de la Revolución del 17- F, Al- Saadi Gadaffi, que ostenta como su padre el rango de teniente coronel del ejército libio, se encontraba en Bengasi. Aprovechó su estancia para liderar a las tropas leales a su padre y reprimir las protestas populares. Para calmar a los airados manifestantes Al- Saadi prometió que se acelerarían las obras de reconstrucción del estadio del Al Ahly, en un intento desesperado por congraciarse con la multitud. En esa misma línea el capitán del equipo, el centrocampista Moataz Ben Amer, recibió una llamada para que se presentara en los estudios de televisión para grabar un mensaje condenando públicamente las protestas. Ben Amer colgó. También lo hizo el presidente del club tras pedirle que relacionara a los manifestantes con Al-Qaeda. En Bengasi nadie creía ya las palabras de Al- Saadi. El hijo del líder libio tuvo que huir junto a sus guardaespaldas y demás acólitos no sin antes ordenar a sus fieles disparar contra los manifestantes desarmados.

al- Saadi exhibiendo una camiseta del Sao Paulo FC con su nombre

GUERRA Y RECONSTRUCCIÓN

Con el final del conflicto aún latente, en Bengasi los insurgentes ya se apresuraban a planificar la reconstrucción de la ciudad. Uno de los recintos que pretenden reedificar es el estadio del Al Ahly, que desde 2005 juega sus partidos en el llamado Estadio Hugo Chávez, un moderno complejo deportivo con capacidad para 11.000 espectadores que desde el mes de febrero, coincidiendo con el estallido de la revuelta pasó a llamarse Estadio de los Mártires de Febrero. A pesar de que hoy en día el viejo estadio no es más que un montón de escombros flanqueados por alguna torre eléctrica oxidada, en sus muros sigue viva la pasión de sus aficionados por el club. Pintadas con eslóganes como “Ahly te amanos” se mezclan con  otras que reproducen los colores verde, negro y rojo de la enseña del Consejo Nacional de Transición (CNT).

En las vallas que cercan el solar donde antes se levantaba el estadio los aficionados del Al Ahly han colgado banderas tricolores del CNT y pancartas con mensajes como “Somos la generación de la furia. Tu nos distes ese nombre. Ahora vas a ver una furia como jamás habrías imaginado”, que rememora el apelativo despectivo con el que en su momento Gadaffi se refirió a la afición del Al Ahly Bengasi SC.

Ben Amer celebrando un gol con la camiseta del Al Ahly Bengasi SC

En el frente son visibles entre los guerrilleros partidarios del CNT las camisetas rojas de un club diezmado por el conflicto. Con su presidente en el exilio, su entrenador y diversos de sus jugadores regresaron a sus países de origen, mientras algunos de los futbolistas libios se unían a los insurgentes. Solo continúa en Bengasi la mitad de la plantilla. Lo único que los mantiene unidos son los entrenamientos que organizan en un pequeño bosque de las afueras de la ciudad donde corren durante unos minutos para olvidar el drama que sufre su país. Incluso plantearon al CNT la posibilidad de disputar un partido amistoso para celebrar el avance de los opositores a Gadaffi. Los problemas de seguridad impidieron su disputa como ya hicieran en su momento con el campeonato de liga libio. Mientras tanto, Ben Amer y sus compañeros siguen entrenando, donando sangre y visitando a los heridos en Misrata esperando el día en que puedan volver a jugar un partido donde se levantaba su antiguo estadio.


FÚTBOL Y GUERRA CIVIL: ¿FC BARCELONA, UNA COLECTIVIZACIÓN FRUSTRADA? (III)

mayo 16, 2011

La ampliación del comité de empleados encargado de gestionar el club propició la participación de los trabajadores en la dirección del mismo. Obreros y futbolistas, mayoría en el mismo ante los tres socios representados por ex directivos, fueron quienes ejercieron el control total de la entidad azulgrana desde la creación del comité hasta mediados de 1937. Durante este periodo el club funcionó de forma asamblearia evitando además caer en manos ajenas al mismo.

el entrenador del club, Patrick O’Connell, en el medio con sombrero

UNA PLANTILLA COMPROMETIDA CON EL CLUB

El comité fue el encargado de mantener activo el club durante el estallido bélico. Procuró reorganizar la entidad y mantener, en la medida de lo posible, sin alterar su quehacer diario. A pesar de la disminución del número de espectadores el club continuó disputando partidos amistosos o benéficos hasta que en enero de 1937 se empezó a jugar la llamada Lliga Mediterrània, que contó con la participación de los cuatro equipos mejor clasificados del campeonato de Cataluña y cuatro clubes valencianos (Valencia CF, Hércules, Levante y el Atlético Castellón). El FC Barcelona se alzó con la victoria y también ganó la Lliga Catalana 1937/ 38. Integraron aquella plantilla jugadores como Escolà, Argemí, Balmanya, Rafa, Ventolrà, Zabalo, Urquiaga (portero del Betis fichado poco antes del golpe militar), Areso, Fernando García, Gual, Munlloch, Pagés, Babot, Villaba López, Oró, Raich y el mencionado Esteve Pedrol. Todos ellos se entrenaron a las órdenes del técnico irlandés Patrick O’Connell, a quién los empleados del club ofrecieron la posibilidad de quedarse en Irlanda ya que cuando estalló la Guerra Civil se encontraba en su país natal, algo a lo que O’Connell renunció porque quería cumplir su contrato a pesar de las dificultades derivadas del conflicto bélico.

Barcelona llena de barricadas durante los llamados “Fets de maig del 37”

MAYO DE 1937. EL PRINCIPIO DEL FIN

Los hechos de mayo de 1937, que enfrentaron en la retaguardia a cenetistas y miembros del POUM con el gobierno republicano y los militantes del PSUC y ERC, provocaron el declive de las fuerzas anarco-sindicalistas y de su incidencia en la esfera pública. Ello unido a las enormes dificultades existentes para mantener la actividad deportiva del club y las consecuencias derivadas de la gira americana del primer equipo comportó que los miembros del comité argumentaran que “habían desaparecido los motivos que determinaron esta precipitada resolución”, es decir, la creación del comité. Ante el nuevo escenario que se aventuraba, los propios empleados acordaron retornar la dirección del club a sus anteriores dirigentes. Se ponía fin de esta forma al periodo en que el FC Barcelona evitó la confiscación anarquista mediante la formación de un comité de empleados que se incautó del club y sus dependencias.

militantes del POUM desfilando por las calles de la capital catalana

LA CONFISCACIÓN REAL

A pesar de no lograr su objetivo en el caso del estadio, la CNT- FAI si que consiguió incautarse con otras dependencias del club. Fue en el mes de julio de 1936 cuando milicianos del sindicato anarco-sindicalista confiscaron las pistas que el FC Barcelona tenía alquiladas al Club de Tenis la Salut para que entrenaran los miembros de su sección de tenis, fundada en mayo de 1926. A la finalización de la Guerra Civil el club consiguió recuperar los terrenos pero el elevado coste que suponía su mantenimiento precipitó la disolución de la sección bajo la presidencia de Enrique Piñeyro de Queralt, marqués de la Mesa de Asta, un aristócrata afín al régimen franquista. En la década de los años setanta, coincidiendo con la presidencia de Agustí Montal, el club azulgrana intentó recuperar la sección contando con tenistas destacados como Manuel Orantes, Josep Lluís Arilla o Joan Gisbert.


FÚTBOL Y GUERRA CIVIL: ¿FC BARCELONA, UNA COLECTIVIZACIÓN FRUSTRADA? (II)

mayo 10, 2011

Tras la absorción por parte de la UGT del CADCI, el club quedó en manos de sus trabajadores. De esta manera se frustró la tentativa libertaria de hacerse con el poder en el FC Barcelona. Así, bajo una dirección obrera, tutelada o si más no consentida por la junta directiva precedente, el club evitó caer en manos del sindicato anarco-sindicalista. La colectivización existió pero esta tomó un cariz más bien cooperativista.


carnets de filiación al CADCI de los empleados del FC Barcelona

LA LEGITIMIZACIÓN ANTE EL COMITÉ CENTRAL DE LAS MILICIAS ANTIFASCISTAS

Los dieciséis trabajadores votaron a favor de la creación del comité. Entre ellos se encontraban, según desveló el historiador salmantino Policarpo Sánchez, Rossend Calvet Mata (secretario general), Josep Olivé Serra (cobrador), Manuel Bassols Valls (contable y encargado a partir de entonces de firmar la documentación oficial del club), Josep Farré Julià (oficinista), Josep Cubells Bargalló (conserje del local social), Josep Pujol Malaret (dependiente), Marià Pellegero Gasca (encargado de material, Àngel Mur Navarro (atleta y posteriormente masajista del primer equipo), Eusebi Carbonell i Jaume Roig. Inmediatamente se encargaron de retirar los carteles cenetistas. Lejos de represalias, los milicianos anarquistas respetaron la “acción revolucionaria” de los obreros azulgranas. Para dar legimitidad a la confiscación, los miembros del comité de empleados entregaron una copia del acta de incautación al Comité Central de las Milicias Antifascistas para su autorización y reconocimiento. También se notificó su creación a la Federación Catalana de Fútbol y a las entidades bancarias vinculadas al club: el Banco de Bilbao y la Banca Jover.

En su seno el comité aunó al conjunto de trabajadores de la entidad, tanto de aquellos que se ocupaban de la administración en las oficinas como de los que cuidaban los terrenos de juego, sin importar su filiación sindical ya que además de los miembros del CADCI había otros empleados que militaban en la CNT. Dicha pluralidad se evidenció en uno de sus primeros acuerdos, como fue la decisión de suscribirse a los periódicos Solidaridad Obrera, CNT i Mundo Obrero. Además, el comité también ser acordó no cobrar entrada durante los dos siguientes meses.

Esteve Pedrol i Albareda, jugador del FC Barcelona

LA AMPLIACIÓN DEL COMITÉ DE EMPLEADOS

En la segunda acta del comité figuraron, aparte de los ya citados, los nombres de los empleados que participaron en la formación definitiva del mismo: Manuel Torres (conserje del campo de Les Corts), José Brassó, Joan Sebastián, Pere Ballarín y Àngel Sánchez. En un primer momento, los que actuaron con mayor celeridad fueron los empleados de las oficinas a los cuales, posteriormente, se unieron aquellos que trabajaban cuidando los campos de entrenamiento y el estadio de Les Corts.

El 20 de agosto de 1936 el comité convocó a los jugadores del club para darles a conocer la nueva situación y anunciarles las dificultades que tenía la entidad azulgrana para asumir el pago de sus sueldos. A pesar de ello los quince futbolistas que acudieron a la cita comprendieron la situación y apoyaron en todo momento al recién creado comité. Este fue el caso del mediocentro Josep Raich que renunció a una gratificación de 8.000 pesetas derivada de su renovación.

El 31 de agosto a estos empleados y jugadores, como el portero Ramon Llorens y el mediocampista Esteve Pedrol i Albareda (a posteriori presidente del Sindicato Profesional de Futbolistas), se unieron tres directivos que formaron también parte del comité en su calidad de socios del club: Francesc Xavier Casals, Agustí Bo y Paulí Carbonell. De esta forma el comité consiguió representar a los trabajadores del club, tanto fueran empleados como futbolistas, así como a su masa social, representada por los directivos elegidos en los últimos comicios presidenciales.


FÚTBOL Y GUERRA CIVIL: ¿FC BARCELONA, UNA COLECTIVIZACIÓN FRUSTRADA? (I)

mayo 2, 2011

El levantamiento militar que provocó el inicio de la Guerra Civil española afectó, obviamente, al desarrollo de la actividad deportiva. La contienda motivó la suspensión de diversas competiciones y la muerte y el exilio de muchos deportistas. También los clubes padecieron, de formas distintas dependiendo del caso, las consecuencias del alzamiento y el estallido bélico. Así mientras algunas entidades deportivas se alineaban junto al bando nacional, otras permanecieron fieles al régimen republicano.

alineación del FC Barcelona durante la temporada 1936/37

EL DEPORTE DE MASAS COMO HERRAMIENTA DE PROPAGANDA POLÍTICA

Los dos bandos contendientes trataron de utilizar el deporte como elemento de propaganda para sus respectivas causas. Así, mientras los militares golpistas creaban una selección de fútbol “nacional” para romper el aislamiento internacional disputando algunos encuentros contra otros países con gobiernos totalitarios como Portugal, Alemania e Italia. En las zonas bajo dominio republicano se procuró mantener activas el máximo de competiciones posible como muestra de normalidad a pesar de estar en guerra. En este contexto diversos partidos políticos y sindicatos leales al gobierno de la República se lanzaron a una vorágine de incautaciones con el objetivo de fortalecer sus correspondientes estructuras organizativas y ampliar su presencia pública. Así fue como decenas de periódicos y semanarios fueron confiscados para pasar a ejercer como portavoces de las respectivas organizaciones. Este fue el caso, entre otros, de publicaciones como ABC, bajo control de la Unión Republicana, el Diari de Barcelona, que pasó a ser el periódico oficial de Estat Català, El Siglo Futuro, que cambió su nombre por el de CNT y el del rotativo La Rambla que se convirtió en el órgano oficial del Partit dels Socialistes Unificat de Catalunya (PSUC). También el deporte se vió afectado por esta voluntad de control por parte de partidos y sindicatos e incluso algún club vio peligrar su independencia institucional. Este fue, por ejemplo, el caso del Fútbol Club Barcelona.

portada del Diari de Barcelona con motivo del 11 de septiembre de 1936

FC BARCELONA: ¿DE CLUB LA BURGUESÍA  A CLUB LIBERTARIO?

Tras los primeros días de contienda, el 15 de agosto de 1936, un grupo de milicianos del Departamento de Parques y Jardines de la CNT- FAI se presentó en las oficinas del FC Barcelona y colgó sendos carteles en la puerta de las mismas y también en el estadio de Les Corts. En ellos se anunciaba la incautación del club por parte de dicho sindicato anarco-sindicalista.

Para evitar que el club azulgrana cayera en manos de personas ajenas al mismo, y contando con la connivencia de la junta directiva de la entidad barcelonista, sus trabajadores se coordinaron esa misma mañana para crear un comité de empleados que tuviera legitimidad ante el sindicato libertario para asumir la dirección del club. La creación del un comité de trabajadores evitó la confiscación del FC Barcelona por parte de la CNT. Rápidamente, aquellos empleados que no estaban sindicados se adherieron al Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria (CADCI), un organismo fundado en Barcelona en 1903 por un grupo de dependientes de comercio y oficinistas de tendencia catalanista.

hoja de contribución al CADCI de seis empleados del FC Barcelona

La sección de trabajo del CADCI, organización presidida en aquella época por el diputado en las Cortes por el Partit Català Proletari (PCP) Pere Aznar Seseres, se vinculó el 6 de agosto de 1936 a la Unión General de Trabajadores (UGT), dirigida entonces por miembros del CADCI pero estrechamente relacionada con el PSUC. Una decisión controvertida ya que fue tomada en una asamblea que contó tan solo con 900 delegados ya que la mayoría de sus más de 23.000 afiliados se encontraban combatiendo en el frente. Con su vinculación a la UGT la sección de trabajo del CADCI, no así el resto de dicha asociación, cumplió con el Decreto de Sindicación Obligatoria promulgado por el Gobierno de la Generalitat de Cataluña.