DE HÉROE A VILLANO: ALEXANDRE VILLAPLANE, UN COLABORACIONISTA EN LA SELECCCIÓN FRANCESA (I)

mayo 19, 2012

La recuperación de la memoria histórica no se cierne únicamente en el hallazgo de fosas comunes, cadáveres olvidados o la celebración de actos de desagravio con las víctimas de las diversas contiendas bélicas que padeció Europa durante el siglo XX. También es preciso, a nuestro entender, analizar la actuación de los participantes en las mismas.

La firma del armisticio entre las fuerzas aliadas y la Alemania nazi que puso punto y final a la Segunda Guerra Mundial supuso el inicio, en determinados países, de las investigaciones. El objetivo era conocer, denunciar y juzgar a todos aquellos ciudadanos que hubieran cometido actos punibles más allá de los que se suponen como habituales en una guerra. En este contexto se llevaron a cabo los célebres juicios de Nüremberg, que acabaron con diversas condenas a dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nazi por crímenes y abusos contra la Humanidad.

cartel propagandístico del régimen de Vichy con la imagen de Pétain

LES COLLABOS. LA FRANCIA PRONAZI

En Francia, tras la liberación, el nuevo gobierno de la IV República decidió emprender también acciones legales contra aquellos individuos que habían apoyado o mostrado simpatía por el ejército nazi durante la ocupación.

El colaboracionismo francés fue ciertamente un fenómeno muy complejo. De hecho sus primeros integrantes provenían de distintas organizaciones de la izquierda socialista y radical o de las filas comunistas, como Jacques Doriot, ex secretario de la Juventudes Comunistas de Francia y posterior fundador del Parti Populaire Français (PPF) y de la Légion des Volontaires Français contre le Bolshevisme (LVF). Su magnitud, lejos de ser residual, llegó a cifras considerables. Según los expertos más de 170.000 franceses, una tercera parte de ellos jóvenes, dieron un apoyo activo al nazismo.

Hitler y Pétain departiendo durante uno de sus encuentros oficiales

A todos estos ciudadanos y organizaciones que habían cooperado con el Tercer Reich se les denominó “collabos”. El término, acuñado en noviembre de 1940 por el periodista Marcel Déat –fundador del partido filofascista Rassemblement National Populaire (RNP)–, acabó utilizándose para referirse de forma despectiva a estos franceses pro nazis.

De los 311.000 procesados por colaboración, 124.000 fueron condenados. Algunos incluso a la pena de muerte. Entre estos últimos destacaron figuras como las del mariscal Pétain (cabeza visible del régimen de Vichy), el político Charles Maurras o los escritores Robert Brasillach o Pierre Drieu La Rochelle, quién se suicidó antes de que le fuera aplicada la pena capital. Además de estas personalidades del ámbito político e intelectual, entre los miles de procesados por colaboracionismo se encontraba también un futbolista: Alexandre Villaplane.

los colaboracionistas Charles Maurras, Robert Brasillach y Pierre Drieu La Rochelle

DE JUGADOR PRECOZ A VEDETTE DEL FÚTBOL FRANCÉS DE ENTREGUERRAS

Nacido en Argelia en 1905, a los dieciséis años Villaplane se trasladó a Francia acompañando a su tío. Pronto destacaría con el balón en los pies en las filas del FC Séte, conjunto del sur del país. Su habilidad como centrocampista provocó que el entrenador del club, el escocés Victor Gibson, le subiera al primer equipo. Jugó allí hasta 1924 cuando ingresó en el ejército, jugando con la selección militar de fútbol francesa en dos ocasiones.

No fue hasta 1926 cuando fue convocado para formar parte del combinado nacional absoluto. Debutando con los “bleus” el 11 de abril de ese año en un partido que les enfrentó con Bélgica, a la que derrotaron por 4 a 3. Aunque durante aquella temporada sufre diversas lesiones, Villaplane acaba convirtiéndose en un habitual de la selección nacional francesa destapándose como un gran rematador de cabeza.

una imagen de un joven Villaplane vistiendo traje

Con el fútbol francés inmerso en el debate sobre la necesidad de dar el paso del amateurismo al profesionalismo, Villaplane fichó en 1927 por el Sporting Club Nîmois a cambio de un trabajo. Una oferta ficticia que escondía un suculento contrato como futbolista profesional. Con el conjunto rojiblanco, precursor del posterior Nîmes Olympique, ganó el campeonato el sureste tras mantenerse invicto toda la temporada logrando de esta manera el ascenso a la División de honor del fútbol galo. Un año después, Villaplane formó parte de la selección olímpica que disputó los Juegos celebrados en Amsterdam y quedó eliminada en la primera fase tras caer ante Italia.


ZAZOUS: LOS REBELDES DEL SWING FRANCESES (II)

diciembre 7, 2010

Los zazous fueron considerados un mal ejemplo moral para la juventud francesa. El ministro de educación del gobierno de Vichy, Abel Bonnard, les consideró “un vestigio de una sociedad individualista”. De ahí que diversos medios, como el semanario La Jeunesse o el periódico La Gerbe, publicaran numerosos artículos anti- zazous (78 en 1941, 49 en 1941 y 38 en 1943), en los que se criticaba su “degeneración, egoísmo y simpatías judeo- gaullistas”.

pintada antizazou firmada por la JPF

RASEZ LE ZAZOU!: DE PERSEGUIDOS A OLVIDADOS

A partir de 1942 las palizas callejeras a zazous empezaron a ser habituales tras convertirse en el chivo expiatorio de organizaciones fascistas como Jeunesse Populaire Française (JPF). Los miembros de esta organización, liderada por Jacques Doriot, solían arremeter contra los zazous provistos con máquinas de afeitar al grito de “Scalp les zazous!”. Precisamente, una de sus principales diversiones consistía en afeitar las largas cabelleras de los zazous. Y eso fue lo que hicieron el 14 de junio de 1942, cuando centenares de jóvenes collabos organizaron una gran batida en Neuilly (barrio Latino) y los Campos Elíseos contra los zazous al grito de “Vive Pétain, Vive Doriot!”.

Jacques Doriot, líder de la JPF

Los camisas azules de la JPF eran la antítesis de los zazous. El propio líder de dicha organización teorizó alrededor del vestuario como “signo distintivo de la raza”, exhortando a sus afiliados a “ser duros, violentos, pero ir correctamente vestidos”.

LA JUVENTUD DISIDENTE, NI NAZIS NI COLLABOS

La procedencia multiétnica de los zazous, junto a su pasión por el swing jazz, y su vestuario extravagante les otorgaron una aurea de bohemia que fue percibida como un acto de disidencia por las autoridades nazis que regían la Francia ocupada. Los zazous tampoco fueron del agrado del régimen colaboracionista de Vichy, que los consideró una “degeneración cultural”. De hecho, sus homólogos alemanes, los denominados “chicos swing”, fueron también perseguidos durante los años treinta por las escuadras nacionalsocialistas. Durante la Segunda Guerra Mundial más de 300 de estos apasionados del swing fueron internados en campos de exterminio. También algún francés fue deportado. Este fue el caso de Pierre Seel, un zazou de Mulhouse que fue recluido en Schirmeck- Vörburck (Alsacia) por ser homosexual.

dibujo satírico de los encontronazos entre zazous y miembros de la JPF

Pero la actitud beligerante de los zazous ante el totalitarismo nazi fue más allá de sus preferencias musicales. Cuando en 1942 se obligó a los ciudadanos judíos de Paris a lucir una estrella de David amarilla identificativa en su pecho, los jóvenes zazous optaron por colgarse también una con la palabra “swing” o “zazou” escrita en medio de la misma. Este tipo de acciones, junto con su “inmoral” forma de bailar, fueron consideradas como inaceptables tanto por los jerarcas nazis como por el gobierno de Vichy.

estrella de David que exhibieron los zazous

Paralelamente, otros zazous fueron arrestados por la policía y confinados en áreas rurales siendo obligados a trabajar en el campo. Se prohibieron los bailes, pasando estos a ser clandestinos. Aunque de facto estos ya se celebraban en secreto, reviviendo las “fiestas sorpresa” ilegales de los años veinte, desde que los Estados Unidos declararon el estado de guerra y el jazz y el swing fueran censurados por los nazis. Algo similar ocurrió con los films norteamericanos posteriores a 1937. También fueron clausurados los cafés del Boulevard Saint- Michel como respuesta al “mauvais sprit” (mal espíritu) de los zazous. Este cúmulo de persecuciones, arrestos y prohibiciones convirtió el estilo en un fenómeno underground. Muchos zazous evitaron las detenciones y el hostigamiento transformando su vestuario por otro menos llamativo. Así fue como el estilo fue menguando hasta desaparecer a finales de los años cuarenta.


ZAZOUS: LOS REBELDES DEL SWING FRANCESES (I)

noviembre 30, 2010

Inicialmente llamados “petits swings” y posteriormente “ultra swings”, los zazous surgieron durante la década de los cuarenta del siglo pasado. Tomaron su nombre definitivo de la canción “Zah Zuh Zah” que el jazzman norteamericano Cabell Cab Calloway compuso en 1933, erigiéndose en el primer estilo juvenil gestado en Francia. Otras fuentes apuntan a otro músico, el trompetista Freddy Taylor que giró ese mismo año por Francia con la orquestra de Lucky Millinder y abrió su propio club en Montmartre, como el verdadero inspirador del término zazou.

Los integrantes del estilo se sintieron atraídos por el fenómeno zoot- suit y los géneros musicales en boga por aquellos años en Estados Unidos: el swing jazz y el be- bop. Entre sus ídolos musicales autóctonos destacó el crooner francés Johnny Hess, que en 1942 interpretó “Je suis swing”. La canción se popularizó entre la juventud gracias a su letra: “Za zou, za zou, za zou, za zou ze”, convirtiéndose en el disco más vendido hasta ese momento en el país galo.

un zazou paseando por las calles de Paris

UNA ESTÉTICA PARISINA EXTRAVAGANTE

Estéticamente los zazous, radicados mayoritariamente en la capital parisina, se caracterizaron por lucir una imagen similar a la de los zooties norteamericanos. Vestían chaquetas largas, pantalones holgados de algodón, calcetines y corbatas de colores, tirantes y zapatos creepers de suela ancha (que en los años cincuenta se convertirían en el calzado habitual de los teddy boys). Llevaban el pelo largo y peinado con gran cantidad de gomina, de ahí que el semanario parisino L’Illustration les denominara los “aceitosos como ensaladas”. También les gustaba lucir un bigote fino emulando al que exhibía el actor norteamericano Clark Gable en sus films.

Por su parte, las chicas adscritas al estilo preferían lucir el cabello rubio y los labios pintados de rojo. Vestían chaquetas con amplias hombreras, faldas cortas plisadas, medias de red y zapatos de suela de madera ancha (conocidos como Minnie Mouse shoes). También usaban gafas de sol y otros complementos como pendientes, pulseras y bolsos.

La implantación del estilo en Paris se repartía en dos grandes áreas. Por un lado, los zazous que residían en el barrio Latino y se reunían en clubes como Le Dupont- Latin o La Capoulade, o los que frecuentaban la zona de los Campos Elíseos, habituales del café Pam Pam, y el Boulevard Saint- Michel, cerca de la Sorbona. De edades comprendidas entre los 17 y los 20 años, los zazous eran de extracciones sociales diversas, aunque predominaban los de clase media baja.

“Ils sount zazous!” de Johnny Hess

ESPRIT DE SACRIFICE: LOS JÓVENES BAJO EL RÉGIMEN DE VICHY

La administración colaboracionista presidida por el mariscal Pétain y el primer ministro Pierre Laval, que reemplazó el lema republicano por el de “Trabajo, Familia, Patria”, argumentó que la derrota ante Hitler fue el resultado de la resquebrajada moral francesa causada por “comunistas, judíos e intelectuales”. Por ello, aprobó leyes anti alcohol y contra las enfermedades venéreas y el aborto, además de promover el deporte y la lectura entre los jóvenes. De este modo, a través de organizaciones como los Compagnons de France, pretendía disciplinar a la juventud francesa. Para conseguir este objetivo, en 1940 el gobierno de Pétain llegó incluso a crear un Ministerio de la Juventud.

El régimen de Vichy puso énfasis en que los jóvenes trabajaran en el campo. De hecho, en el sur del área dominada por los collabos (nombre que recibían los simpatizantes franceses del nazismo), la agricultura se convirtió en un sustitutivo del servicio militar para muchos jóvenes. Según las autoridades, estas labores rurales eran la “mejor vía para inculcarles el nuevo carácter nacional”.