HUGO CHÁVEZ. EL LEGADO BOLIVARIANO DEL FÚTBOL (V)

Tras comprobar como el opositor Capriles se acercó al populismo que impregnó al chavismo para intentar derrotar al candidato oficialista en las pasadas elecciones presidenciales y como éste también se sirvió del fútbol para promocionarse entre la ciudadania, en esta nueva entrega abordamos algunos episodios menos conocidos de la biografía del difunto dirigente venezolano relacionados con el fútbol.

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Chávez ensimismado con un balón durante un acto protocolario

GOLEANDO CON LAS BOTAS PUESTAS

En 1999 –poco después de su victoria en las elecciones presidenciales– Hugo Chávez visitó la ciudad de Mérida. Aún ataviado con su uniforme de camuflaje, botas militares y su característica gorra roja, aquella que portaba cuando en 1992 comandando un regimiento paracaidista en Maracay se rebeló contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez y que posteriormente se convirtió en icono del chavismo, se personó en el estadio Soto Rosa donde  la Universidad de Los Andes, el popular ULA FC, jugaba contra el Táchira un partido correspondiente a la jornada 20 del campeonato nacional de liga de Primera división. Chávez era el encargado de realizar el saque inicial del encuentro.

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Chávez saludando al guardameta del ULA FC Armando “Muralla” Navarrete

Pero ante la sorpresa del público y  los jugadores, cuando el colegiado Gustavo Brand sopló su silbato Chávez en lugar de desplazar el balón empezó a correr con el hacia la portería. Armando Navarrete, guardameta colombiano del ULA FC le persiguió hasta lograr parar el primer chut con la pierna izquierda del presidente. Chávez decidido a marcar recogió el rechace para rematar de nuevo. Se convirtió en el primer goleador con botas militares y uniforme de camuflaje del fútbol venezolano. Aquel día el entonces máximo mandatario del país fue nombrado presidente honorario del ULA FC. Paradójicamente, el año 2001 el club debido a diversos problemas económicos vendió sus derechos de participación en el campeonato liguero al recién creado Monagas FC certificando su desaparición. No fue hasta 2010 cuando la institución logró superar dichos contratiempos y se refundó para disputar el torneo de Tercera división nacional.

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Gadafi junto a Chávez durante una visita a Venezuela en el 2009

LA HISTORIA DE UN ATÍPICO ESTADIO AFRICANO

También en el continente africano la figura de Chávez despertó admiración, en parte por su enardecido discurso antiimperialista que le granjeó amplias complicidades. Convertido en emblema revolucionario mundial pronto fue agasajado por diversos líderes internacionales, como el también fallecido ex presidente libio Muamar el Gadafi. No en vano en 2004 Chávez visitó Trípoli para recoger el Premio Gadafi de Derechos Humanos, en su entrega conoció personalmente al líder libio.

Cinco años más tarde, como muestra de amistad hacia el presidente venezolano, el dirigente norteafricano decidió construir un estadio de fútbol en su honor. Según manifestó el propio Gadafi, la decisión de bautizar con su nombre el campo fue su particular forma de reconocer “su programa revolucionario en Venezuela y su papel en el futuro sudamericano”.

Así el 5 de marzo de 2009 era inaugurado oficialmente el “Hugo Chávez Football Stadium” en la ciudad de Benina, situada al noreste del país cerca de Bengasi. Así rezaban las letras doradas que relucían en un rótulo colocado en un arco de acero próximo a las taquillas del recinto. Ese día se enfrentaron las selecciones sub 23 de Libia y Siria en un partido amistoso. Más allá de las excentricidades del mandatario libio, dicho terreno de juego no era ninguna nimiedad. Al contrario, el estadio fue el primero del país en contar con todo el aforo de asientos. Toda una apuesta para mejorar las infraestructuras deportivas del país de cara a la Copa África de Naciones (CAN) que debía albergar en el año 2013 (que finalmente organizará Sudáfrica). Un moderno complejo deportivo con césped artificial que podía albergar hasta 10.550 espectadores y en el que jugaron tanto los clubes de Bengasi –como el Al Nasr o el Al Ahly– como la selección nacional. Sin embargo, pronto, como el resto del país, caería en desgracia.

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Fachada principal del Hugo Chávez Stadium de Benina

El motivo no fue otro que el estallido de una guerra civil que se zanjaría con la muerte del líder libio a manos de milicianos rebeldes. Tras su caída las escenas de escarnio hacía cualquier edificio, estamento, funcionario o símbolo gubernamental se sucedieron. Y el estadio de Benina no fue menos. De hecho durante los combates que tuvieron como escenario Bengasi el estadio fue utilizado como centro de refugiados para albergar a trabajadores de origen turco, mauritano o tunecino que esperaban ser repatriados. Hasta 5.000 inmigrantes se reunieron en él usando sus tribunas o el césped para dormir y tendiendo su ropa en las redes de las porterías. Tan sólo dos semanas antes de estallar la revolución que derrocaría a Gadafi el terreno de juego había acogido el último partido de fútbol antes de la revuelta antigubernamental.

En marzo de 2011 el Consejo Nacional de Transición (CNT) acordó cambiar el nombre del mismo tras la demanda presentada por la población local. Así fue como el Estadio Hugo Chávez pasó a denominarse oficialmente “Estadio Mártires de febrero” en recuerdo a todos aquellos opositores que murieron durante el conflicto armado. Paradójicamente, con el país inmerso en una traumática posguerra, en el acceso principal al estadio aún luce el letrero que lo identifica como el “Hugo Chávez Football Stadium”. Sin medios para derribarlo o por mera desidia el cartel sigue mostrando al visitante su nombre original mientras las paredes adyacentes están repletas de pintadas espontáneas de color rojizo con la leyenda “Estadio Mártires de febrero”.

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jugadores en el césped del Hugo Chávez Stadium libio

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