“LES APACHES”: LOS GAMBERROS DE LA BELLE ÉPOQUE COMO ANTECEDENTE DEL FENÓMENO RACAILLE (IV)

octubre 21, 2012

A pesar de la preponderancia masculina existente en el seno de las bandas apaches parisinas, las amazonas –citadas en nuestra anterior entrada– también lograron cierta notoriedad pública, sobre todo a raíz del denominado “caso Casque d’Or”.

Amélie Hélie, la prostituta conocida como “Casque d’Or”

EL CASO “CASQUE D’OR”.

Una de estas mujeres que merodeaban el ambiente frecuentado por los apaches y logró cierta trascendencia fue Amélie Hélie, conocida como Casque d’Or. Nacida en el distrito XX de Paris en 1878 en el seno de una familia humilde, desde su adolescencia ejerció la prostitución. Cuando cumplió los veinte años esta bella pelirroja se enamoró de Marius Plaigneur, un joven que trabajaba como pulidor y acabó abandonando su empleo para convertirse en protector de su amada. Después de acoger a nuevas pupilas se erigió en líder de la temida banda Orteaux. A partir de entonces pasó a ser conocido como “Manda” u “Homme”, mientras Amélie tomó el alias de “Casque d’Or”.

El suceso, conocido como el “caso Casque d’Or” aconteció una noche en la que Manda y su amante se fueron a cenar junto a otro reputado proxeneta, Dominique Leca, cabecilla de la banda Popincourt, y su partenaire Germaine Panther. Tras un flirteo entre Leca i Amélie Hélie los dos pandilleros salieron a las puertas del local a dirimir sus diferencias. El hecho desencadenó una guerra de bandas que enfrentó a la pandilla de Bellevieu encabezada por Manda contra los apaches de Popincourt liderados por Leca.

postal que reproducía el enfrentamiento entre Manda y Leca por Casque d’Or

UN DESAIRE COMO DESENCADENAMIENTO DE UNA PELEA DE BANDAS

La pelea se saldó con Leca detenido con dos balazos en el cuerpo. Rápidamente fue trasladado al hospital Tenon, lugar al que se dirigió Casque d’Or para interesarse por su estado. Cuando se encontraba ayudando a subir a un taxi al malherido Leca oyó un grito: “Los Orteaux”.  Por sorpresa aparecieron Manda y dos de sus lugartenientes con ansías de venganza, luciendo un pañuelo rojo en el cuello y un cuchillo en la mano asestaron un par de navajazos al líder rival para luego esfumarse entre los disparos de los pandilleros de Popincourt que trataban de proteger a su cabecilla. La gravedad de las heridas provocó un nuevo ingreso hospitalario de Leca. Pronto se personaron las autoridades para dilucidar lo acontecido y fue entonces cuando el pandillero inculpó a su rival ante el comisario Deslandes, algo inusual en las trifulcas entre bandas apaches. Con la declaración de Leca la policía detuvo de inmediato a Manda.

JUICIO A UN PECULIAR TRIÁNGULO AMOROSO

El 31 de mayo de 1902 comenzó el juicio contra Manda en el tribunal penal del Sena de la capital gala. La amplificación mediática del mismo convirtió a Amélie Hélie en una especie de musa de los bajos fondos. La alta sociedad parisina quedó prendada por la historia de Casque d’Or, por aquel entonces conocida como la “reina de los apaches”. Un mes antes del juicio incluso llegó a ser contratada para participar en una revista musical titulada “Casque d’Or y los apaches”.

Ya ante la audiencia, la joven Hélie negó ante los magistrados haber presenciado ninguna agresión: “No vi nada” juró. A pesar de su testimonio el juez condenó al acusado a cumplir cadena perpetua en galeras.

Marius Plaigneur, alias Manda, líder de la banda apache Orteaux

El 21 de octubre de ese mismo año, se llevó a cabo el juicio contra Dominique Leca. En esta ocasión el veredicto fue más benévolo, ocho años de prisión, en parte porque el fenómeno apache ya estaba en plena decadencia tras la alarma social que generó el enfrentamiento entre las bandas Orteaux i Popincourt.

UN FINAL CON TRES EPÍLOGOS DISTINTOS

Ambos fueron encarcelados en la penitenciaría de Cayenne, la capital de la Guayana francesa, la colonia que por aquel entonces utilizaba la metrópolis para alejar a los convictos más peligrosos. Tras cumplir la pena Leca fue liberado, lejos de intentar volver a París se estableció en este departamento de ultramar francés hasta que fue asesinado durante una pelea entre buscadores de oro. Por su parte, Manda sufrió una metamorfosis personal en la cárcel, erigiéndose en un ciudadano honesto alejado de los actos pendencieros que había protagonizado con anterioridad. Se convirtió en el jefe de la enfermería del centro penitenciario. Todo ello favoreció que fuera liberado por buen comportamiento. Pero Manda tampoco regresó nunca a París, estableció su residencia en Cayenne hasta que el clima de la zona acabó con su vida en 1936.

Por su parte Amélie Hélie prosiguió su carrera fulgurante en la París de principios del siglo XX. Cabaretera ilustre, fue amante de diversas personalidades e incluso publicó sus memorias. Posteriormente, su vida fue llevada al cine por el director Jacques Becker que eligió a la actriz Simone Signoret para encarnar el papel de la joven prostituta parisina en el film “Casque d’Or” (1952).

cartel de la película “Casque d’Or” protagonizada por Simone Signoret

Una vez el público encontró una nueva “princesa del pueblo”, Hélie cayó en el olvido. Llegó a aceptar un trabajo como domadora en un circo. Fue justamente al término de una de sus funciones circenses cuando fue apuñalada por Rouget, uno de los lugartenientes de Manda. A pesar de la gravedad de las heridas Casque d’Or sobrevivió. Al salir del hospital, lejos de los focos de la actualidad Hélie volvió al anonimato. En 1917 se casó con un obrero parisino, M. Nardin, con el que convivió hasta que murió en 1933.

escenas del film “Casque d’Or” (1952) dirigido por Jacques Becker

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“LES APACHES”: LOS GAMBERROS DE LA BELLE ÉPOQUE COMO ANTECEDENTE DEL FENÓMENO RACAILLE (I)

julio 22, 2012

Retomando la descripción de los precedentes estilos juveniles contemporáneos, como ya hicimos en el caso de los scuttlers ingleses (véase la serie de entradas anteriores bajo el título Scutllers: los pandilleros de la Segunda Revolución Industrial I, II y III), en esta ocasión nos adentraremos en la Francia de la Belle Époque para conocer a las pandillas de jóvenes que pulularon por los callejuelas de Paris a inicios del siglo XX: les apaches.

un grupo de apaches parisinos posando ante la cámara

LOS PIELES ROJAS. UN ORIGEN INCIERTO

Originarios de barrios del noreste de la capital gala, como Belleville, la Bastilla, la Vilette, Ménilmontant o Montmatre, les apaches deben su nombre a la prensa de sucesos de la época. Fue el 12 de diciembre de 1900 cuando el columnista Henri Fourquier en su crónica del periódico Le Matin recogió de manera irónica la existencia de una “tribu de Apaches” que se había trasladado de las Montañas Rocosas a los distritos insalubres de Paris. Sin duda, la brutalidad de las acciones cometidas por estos jóvenes parisinos indujo al periodista a compararles con aquellos indígenas americanos que poblaban las tierras de Arizona, Nuevo Méjico y Texas, cuya imagen estereotipada había lanzado a la fama la novela de Fenimore Cooper, El último mohicano, publicada en 1826. A raíz de la popularización de dicha obra y de la fascinación que suscitó en Francia la cultura de los indios americanos tras la gira europea del espectáculo circense Buffalo Bill’s Wild West, fue habitual desde la segunda mitad del siglo XIX el uso de la voz “Peaux- Rouges” (pieles rojas) para referirse a los jóvenes residentes de los suburbios de la capital.

A pesar de ello el origen del nombre resulta incierto. Según otras fuentes, se remonta a la detención por parte de la policía de un joven de dieciocho años apodado “Terror”, miembro de la banda de Belleville. Durante los interrogatorios el rufián se jactó con arrogancia de los diversos delitos cometidos llegando a exasperar al inspector encargado del caso que llegó a exclamar: “¡Os comportáis como apaches!”. Tanto gusto a “Terror” el apelativo que no dudó en afirmar: “Eso es, apaches”. Otras versiones apuntan a un reportaje sobre un altercado acaecido en Montmatre que describía “la furia de un incidente entre dos hombres y una mujer similar a la ferocidad de los salvajes indios apaches en una batalla”. Mientras una tercera interpretación apunta como procedencia del término el descubrimiento de un cadáver brutalmente torturado que se encontró en la calle Faubourg du Temple, un hallazgo que trascendió bajo el titular: “El crimen cometido por los Apaches de Belleville”. Sea como fuere, parece claro que la denominación apache en referencia a estas pandillas callejeras integradas por jóvenes parisinos fue una invención de los medios de comunicación de la época. Así al menos lo confirman los interrogatorios hechos por la policía en los que los jóvenes pillos negaron identificarse con dicho vocablo. A pesar de ello, el término fue popularizado por la prensa mediante titulares sensacionalistas como “Los Apaches aterrorizan Paris”, “Bandas de asesinos de Paris” o “Una ejecución sangrienta en el centro de Paris”. Desde ese momento los apaches pasaron a ser sinónimo de estafadores, proxenetas y ladrones.

portada que identifica a los apaches como “la plaga de Paris”

El fenómeno apache posteriormente se expandió a los barrios más céntricos de la capital, formándose pandillas en zonas como Maubert, La Mouffe, Montparnasse o Les Halles. También se irradió a otras ciudades francesas, como Marsella o Lyon, aunque allí tomó otras denominaciones, como “nervis” o “kangourous” respectivamente.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD JUVENIL

Fourquier en su artículo definía a los apaches como unos pandilleros semi nómadas, huérfanos o desvinculados de sus familias, que al no contar con un trabajo fijo se dedicaban a deambular por las calles. Por su parte, la policía les tildaba de ejército de criminales. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los 10- 20 años, solían agruparse en pandillas. Las más afamadas fueron Les Coeurs d’Acier (corazones de hierro), Les Riffaudes, Les Aristos, Gars de Charonne, Les Habits Noirs  o la banda de Manda.

Usaban una jerga callejera propia e ininteligible para el resto de la ciudadanía, el jare. Además, poseían un código de justicia particular que castigaba con dureza cualquier traición o delación. Se les identificaba fácilmente por su vestimenta, caracterizada por el uso de chaquetas de satén negras, camisas de colores extravagantes, blusas azules, chalecos, camisetas rayadas de marinero, cinturones de franela roja, fulares de colores (con el que se reconocía a la banda a la que pertenecían), gorras planas y sus inconfundibles pantalones de fieltro apretados en las rodillas conocidos popularmente como Bénard, en horno al sastre que los confeccionó, Auguste Bénard. De hecho consiguieron tanta fama que desde entonces la palabra bénard y sus derivadas, ben o bénouze, pasaron a formar parte del argot parisino como sinónimo de pantalón. En la época de los apaches también eran conocidos como los pantalones “dolor de barriga”, debido a sus enormes bolsillos delanteros que eran empleados por los jovenzuelos para ocultar armas y los objetos que sustraían. Completaban su vestuario con un par de botas lustradas de color amarillo con botones de oro.

Otro de los elementos que les definían era los tatuajes, que por aquel entonces solían lucir únicamente los marineros y aquellos que frecuentaban los bajos fondos. Uno de los más característicos de los apaches era el llamado “oeil de biche”, un pequeño tatuaje que llevaban alrededor de los ojos. Por lo general, acostumbraban a tatuarse el pecho y los brazos con motivos diversos.

un grupo de pillos de barrio parisinos a inicios del siglo XX