ISTAMBUL UNITED. LOS RIVALES SOLIDARIOS DEL FÚTBOL TURCO

julio 17, 2013

Como sucedió en Túnez, un hecho a priori poco transcendente, como es la operación urbanística que el gobierno pretendía llevar a cabo en la Plaça Taksim de Estambul ha provocado una reacción inesperada de la población. Si en Sidi Bouzid la chispa fue la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante harto de los abusos policiales que sufría, en la capital turca el aglutinador de las protestas contra el presidente Recep Tayyip Erdogan ha sido la defensa del parque Gezi ante una nueva intervención especulativa.

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manifestantes contrarios a la destrucción del parque Gezi

Más allá de la defensa de este espacio situado en el distrito de Beyoğlu los manifestantes han mostrado su indignación con la dura represión ejercida por las fuerzas del orden. La controvertida actuación policial lejos de apaciguar las protestas las ha enardecido. Entre los miles de asistentes a las concentraciones anti gubernamentales que se han extendido al resto del país sobresalen los hinchas de los equipos de fútbol.

Si hasta hace unas semanas se habían destacado por los enfrentamientos violentos que habían protagonizado, desde la concentración de Taksim los radicales del fútbol han decidido unir sus fuerzas. Algo inaudito si tenemos en cuenta las luchas fratricidas que habían sostenido hasta entonces. Su presencia es visible en la amalgama de colores de las camisetas que lucen los seguidores del Beşiktaş, el Fenerbahçe y el Galatasaray, los clubes de la capital que desde el estallido de la revuelta configuran el ficticio Istambul United. Una situación que se ha extendido a ciudades como Izmir, Trabzon, Bursa o Adana.

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hinchas de diversos clubes unidos en las concentraciones contra Erdogan

Los primeros aficionados que se movilizaron en apoyo a los manifestantes fueron los Çarsi, el grupo radical del Beşiktaş fundado en 1982. No en vano sus miembros ostentan un posicionamiento ácrata y de izquierdas en un vecindario de tradición laica y obrera muy crítico con la política de Erdogan. Unos seguidores que hacía un mes ya se habían enfrentado con la policía en el último partido de liga de la temporada y que en Taksim blandieron una excavadora provocando la retirada de las fuerzas del orden. A ellos se unieron otros grupos radicales. En un comunicado sin precedentes, firmado por Çarsi, UltrAslan del Galatasaray y Vamos Bien del Fenerbahçe, los radicales denunciaban la violencia policial y animaban a sus integrantes a participar en las manifestaciones. Esto pasaba menos de un mes después que un joven aficionado del Fenerbahçe muriese a manos de hinchas del Galatasaray. Como reconocía un seguidor: “tenemos que agradecer a Erdogan que nos haya unido a todos”.

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escudo del Istambul United que auna los emblemas de los tres grandes clubes de la ciudad

Su experiencia en los choques con la policía les ha otorgado un rol relevante en las protestas. De hecho es el anti autoritarismo lo que realmente cohesiona la llamada “solidaridad ultra”, que por suerte para el Primer ministro se produce con la temporada de liga finalizada. Habrá que ver si la presión contra Erdogan persiste o si, por contra, se desvanece. Mientras tanto, en Taksim los hinchas de fútbol cantan desafiando a los policías: “Puedes usar bombas lacrimógenas, puedes utilizar gas, ten valor si eres un hombre de verdad, sácate el casco y deja la porra, veremos entonces quién es el hombre de verdad”.

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ultras unidos en las manifestaciones antigubernamentales

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LA BISAGRA TURCA. UN PAÍS EN LA ENCRUCIJADA

junio 30, 2013

Una operación de especulación urbanística, la construcción de un centro comercial en el parque Gezi de Estambul, ha encendido la mecha en Turquía. Lo que comenzó como una protesta ciudadana contra esta decisión gubernamental ha derivado en una serie de manifestaciones multitudinarias por todo el país. Su virulencia y duración ha sorprendido tanto al propio Primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, como a la mayoría de dirigentes occidentales. Con la guerra civil larvada en Siria y con muchos de los países de su entorno aún en plena efervescencia a raíz de la llamada Primavera Árabe, un nuevo foco de tensión en Turquía supondría un obstáculo considerable en el intento de devolver la estabilidad a la zona.

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El Primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, líder del AKP

Cuando se preveía una posible extensión de las protestas a la Argelia de Bouteflika estas han estallado en Turquía. Aduciendo el talante pro occidental del país i el laicismo de parte de su población los expertos han desvinculado los hechos de Taksim de las revueltas árabes. Si bien es cierto que la situación económica de Turquía no tiene nada que ver con la existente en países como Egipto, Libia o Túnez, y  a pesar de su vocación europeísta –expresada ya en 1963 con la firma del Tratado de asociación a la CEE– el país encara una encrucijada que puede transformar la geopolítica en la región.

Turquía se debate, desde la modernización del país llevada a cabo por Mustafá Kemal Atatürk en la década de los años veinte del siglo pasado, entre Oriente y Occidente. Nada extraño si tenemos en cuenta su situación geográfica a medio camino entre Europa y Asia. Por su deseo de formar parte de la Unión Europea, su tradición democrática y su crecimiento económico, las actuales manifestaciones anti gubernamentales se tendrían que equiparar con protestas como las ocurridas en las banlieus parisinas, el norte de Londres o los suburbios de Estocolmo. O sea, estallidos de violencia provocados por las desigualdades sociales, la marginalidad o arbitrarias actuaciones policiales. ¿Son estas las causas que se esconden detrás de las movilizaciones de Turquía?

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manifestante antigubernamental en Estambul 

Más allá de les reivindicaciones iniciales para frenar el proyecto del centro comercial en un espacio verde, las protestas en todo el país han derivado contra el autoritarismo de Erdogan y la represión ejercida por las fuerzas del orden. El grito Istifa (dimite) dirigido al Primer ministro no difiere nada del popular erhal (vete) que exclamaba la ciudadanía egipcia en la Plaza Tahrir contra Mubarak. Como en la mayoría de revueltas árabes las protestas se iniciaron por un hecho, a priori, poco trascendente. También como sucedió en el caso egipcio los manifestantes responden a un perfil transversal (estudiantes, ecologistas, gays, feministas, hinchas de fútbol, sindicalistas y nacionalistas turcos y kurdos). Otros elementos que homologan los sucesos de Turquía con los ocurridos en Túnez o Egipto serian la extensión de les protestas a todo el país, su persistencia y la política represiva ejercida por los respectivos gobiernos contra la ciudadanía.

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Fuerzas policiales parapetadas en la Plaza Taksim lanza gas contra los manifestantes

Si bien el contexto socioeconómico turco muestra obvias diferencias con respecto al de los países protagonistas de la Primavera Árabe, es evidente que las movilizaciones contra Erdogan presentan múltiples similitudes con estas revueltas. Turquía refleja más que nunca su papel de bisagra entre el mundo islámico y la Europa occidental. Un equilibrio sostenido durante años por el Ejército, partidario del laicismo de la sociedad turca. La limitación de las libertades y la represión de las protestas del gobierno islamista moderado pueden poner en peligro su afán por integrarse en la UE a pesar de las reformas que han supuesto la abolición de la pena de muerte y el reconocimiento de los derechos del pueblo kurdo. La resolución de la crisis actual puede incidir, más allá del ámbito local, en la evolución política de la región. Si la bisagra se tambalea Taksim se puede convertir en una nueva Tahrir.