CHE GUEVARA. UN SÍMBOLO PARA EL FÚTBOL REVOLUCIONARIO (II)

octubre 13, 2013

Después de conocer los orígenes deportivos de Ernesto Che Guevara y dilucidar porqué se declaró públicamente hincha de Rosario Central, a pesar de no haber presenciado nunca un encuentro en directo el equipo canalla, en esta entrada vamos a escrutar como su figura ha perdurado en el imaginario popular futbolístico hasta convertirse en todo un símbolo para diversos aficionados al balompié. A través de distintos ejemplos  nos  percataremos de la incidencia de la imagen del líder revolucionario en el mundo del fútbol actual.

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escudo del Madureira Esporte Clube

MADUREIRA ESPORTE CLUBE. EL TRICOLOR SUBURBANO

Fundado el 8 de agosto de 1914 en el norte de Rio de Janeiro por unos comerciantes bajo el nombre inicial de Fidalgo Madureira Atlético Club, también conocido popularmente como el Tricolor suburbano por las listas verticales de color azul, amarillo y grana de su camiseta, el Madureira Esporte Clube deambula en la actualidad por la Tercera división del campeonato brasileño. El conjunto carioca, a pesar de ser un histórico del fútbol brasilero, nunca ha alcanzado un trofeo importante. Sus máximos hitos deportivos fueron el subcampeonato estatal conseguido en 1936 cuando contaba en sus filas con el habilidoso delantero Antonio Almeida Bahia, la estrella del conjunto tricolor de la época, y la Taça Rio obtenida en 2006 tras derrotar por 1-0 al Americano Futebol Clube, el conjunto de Campos dos Goytacazes.

En el Madudeira también jugaron futbolistas que luego despuntaron en diversos equipos, como Evaristo de Macedo, que vistió la camiseta del FC Barcelona; Jair da Rosa Pinto, ídolo posteriormente del Vasco da Gama; Lelé, Isaías y Waldo (máximo goleador de la historia del Fluminense) o Marcelinho Carioca, que jugó en el Valencia y diversas ligas internacionales.

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Lelé, Isaías y Jair vistiendo la camiseta tricolor durante su etapa como como jugadores del Madureira

Lejos de ser recordado por su palmarés, el equipo tricolor presume de ser el conjunto brasileño en realizar la gira internacional más extensa. Sucedió en 1961, cuando los futbolistas y el cuerpo técnico del equipo carioca estuvieron 144 dias fuera del país disputando 36 partidos en Europa, Asia y América. El balance deportivo arrojó unos resultados altamente positivos, con 23 victorias, 3 empates y 10 derrotas, además de 107 goles anotados. Se dió la circunstancia que durante ese periplo internacional se convirtió en el primer equipo brasileño de fútbol que visitó Japón y Hong Kong.

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jugadores del Madureira estrechando la mano a Mao Tse- tung durante su gira por tierras asiáticas

EL ENCUENTRO CON EL CHE DURANTE LA GIRA POR TIERRAS AMERICANAS

Esa no sería la única experiencia internacional que realizaron los jugadores del Madureira Esporte Clube. Dos años después, en 1963, la directiva del club decidió disputar una nueva gira, esta vez restringida a tierras americanas.  La misma fue posible gracias a uno de sus expresidentes, José da Gama Correia da Silva, que lideró la institución durante el bienio 1959- 60. Durante su tournée balompédica los futbolistas brasileños visitaron Colombia, Costa Roca, El Salvador, Méjico y Cuba.

Fue precisamente en la última parada de su viaje por tierras cubanas donde los futbolistas del Madureira conocieron al Che Guevara. Sólo hacía cuatro años que había triunfado la revolución, protagonizada por el Movimiento 26 de Julio, que había derrocado a Fulgencio Batista del poder. El encuentro se produjo el 18 de mayo, cuando el equipo carioca se enfrentó por segundo día consecutivo a una selección de jugadores de la Habana al que derrotó también en esta ocasión por 2 a 3. Con anterioridad los brasileños habían disputado otros 4 encuentros con sendos triunfos, contra el campeón local, el Industriales, el equipo de la Municipalidad de Morrón, una selección de la provincia de Camaguey y un combinado de futbolistas universitarios.

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el Che Guevara saludando a los jugadores del Madureira en La Habana

El Che Guevara, que por aquel entonces ostentaba el cargo de Ministro de Industria, asistió al último de los encuentros que el Madureira jugó en suelo cubano, contra la citada selección de La Habana. Al final del partido el líder revolucionario bajó al césped para saludar y departir con los futbolistas y técnicos visitantes, un instante que fue reproducido por la prensa local mediante un reportaje gráfico que documentó dicho encuentro.

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CHE GUEVARA. UN SÍMBOLO PARA EL FÚTBOL REVOLUCIONARIO (I)

septiembre 29, 2013

Por muchos es conocida la faceta política de Ernesto Che Guevara, el médico argentino que se convirtió en símbolo de la Cuba comunista y en emblema de la izquierda revolucionara a nivel internacional. Quizás está menos acreditada su relación con el balompié. Gran apasionado del deporte, que practicó desde pequeño por prescripción médica, el Che Guevara mantuvo una relación distante pero a la vez próxima con el balón. Más allá de su vinculación personal con el fútbol su figura ha trascendido ligada a dicho deporte hasta el punto ver plasmada su efigie en las camisetas de diversos equipos suramericanos.

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Ernesto Guevara durante su etapa como jugador de rugby (abajo con protector en la cabeza) 

UN ASMÁTICO FORZADO A LA PRÁCTICA DEL DEPORTE

Nacido en Rosario, Santa Fe, en 1928 en el seno de una familia amante de la naturaleza y el deporte, Ernesto Guevara pronto siguió los pasos de sus padres. A los dos años sufrió un grave ataque de asma. Fue entonces cuando los médicos le aconsejaron la práctica deportiva y un cambio de aires. El destino fue Alta Gracia, localidad situada en la Sierra Chica al sur de Córdoba a 400 km de Rosario, donde el aire fresco permitió al joven Chancho, como se le conocía por aquel entonces, a apaciguar su dolencia pulmonar. En la sierra cordobesa se aficionó al alpinismo, aunque en esa época también practicó la natación y el ajedrez, no en vano años más tarde declaró: “el ajedrez es un educador del racicionio”. Incluso llegó a ejercer como caddie dado que su familia vivía al lado del campo de golf local. En sus años de formación escolar fue cuando se inició en el fútbol, jugando como portero en el colegio durante los recreos. Lo cierto es que la afición de Ernesto por el balompié vino propiciada por el entrenador de la escuela de Bouer, Paco Díaz, un malagueño que había huido junto a su familia republicana del drama de la Guerra Civil española. Fue el técnico quién decidió que Ernesto ocupara la portería pensando que de esta manera estaría más descansado y podría tener cerca su inhalador Aspomul ante un eventual ataque de asma. Cuando sus padres descubrieron que jugaba al fútbol e intentaron reprimir al técnico, éste les dijo: “Tiene un carácter tan rebelde Ernestito, que no he podido negarle que jugase en el equipo”.

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Ernesto Guevara, a la derecha, posando junto a sus compañeros del Atalaya

A pesar de ello, si en algún deporte despuntó Ernesto Guevara fue, sin duda, en el rugby. A los 14 años empezó a jugar en el club Estudiantes de Córdoba donde trabó amistad con los hermanos Granados, de hecho fue el mayor de ellos, Alberto, quién le aleccionó para lograr ingresar en el equipo. En 1947, ya en Buenos Aires fichó por el  San Isidro Club, del que su padre fue fundador y su tío Martín Martínez Castro presidente. Allí fue reserva hasta que se agravó su asma y fue descartado. Jugó hasta los 23 años a pesar de las reticencias de su tutor, que percibía al rugby como un deporte excesivamente rudo para un asmático. “Viejo, me gusta el rugby. Y aunque reviente lo voy a seguir practicando” fueron las palabras del joven Guevara a su progenitor. Tras su paso por el San Isidro formo parte del Yporá Rugby Club y, posteriormente, del Atalaya Polo Club. Jugó como tres cuartos y compaginó la disputa de partidos con las tareas de redactor de la revista semanal Tackle, de la que fue uno de sus fundadores junto a su hermano. Una experiencia como periodista que le llevó a cubrir los Juegos Panamericanos celebrados en Méjico en 1955 como corresponsal de la Agencia Latina.

Revista Tackle portada del semanario argentino Tackle

UN HINCHA  QUE NUNCA VIÓ A LOS CANALLAS

La relación de Ernesto Guevara con el fútbol también tiene su vertiente como aficionado. De hecho la hinchada del Club Atlético Rosario Central lo asume como uno de sus seguidores más célebres. Y ello a pesar de que el Che nunca residió en Rosario ni presenció un partido del conjunto canalla. Según su biógrafo, Hugo Gambini, el líder revolucionario jamás piso el Estadio Gigante de Arroyito pero se declaró hincha rosarino como explica el periodista, “Leía las crónicas deportivas para informarse sobre los campeonatos profesionales de fútbol y como la mayoría de sus amigos eran adictos a los mismos clubes (Boca o River) Ernesto quiso elegir uno distinto. Cuando descubrió la existencia de Rosario Central, un club de la ciudad donde él había nacido, adhirió fervorosamente a su divisa. A partir de ese instante le encantó que le preguntaran ‘¿De qué cuadro sos?’, porque le daba la oportunidad de responder con cierta altivez: ‘De Rosario, de Rosario Central. Yo soy rosarino’. No tenía la menor idea sobre esa ciudad ni había visto jamás a su equipo, pero él era rosarino y defendía su identidad…” Algo similar hizo durante su estancia en Córdoba, donde en lugar de seguir a clubes con mayor prestigio como Talleres o Belgrano, Ernesto Guevara simpatizó con el Sportivo Alta Gracia, el modesto conjunto local.

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Enrique ‘Chueco’ García, El poeta de la zurda, toda un leyenda de Rosario Central y el culpable de la afición canalla del Che

En referencia a su predilección por Rosario Central, más allá de reafirmar con orgullo sus orígenes, el Che se hizo hincha de la Academia rosarina por la admiración que sentía por uno de sus futbolistas, el Enrique Chueco García, ídolo de la afición canalla de aquella época. El poeta de la zurda, como era conocido el citado extremo santafecino, por aquel entonces encandilaba a la parroquia de Rosario con sus gambetas desde que en 1933 fichara por el club canalla procedente de Unión Santa Fe. Durante dos años formó una temible y recordada delantera junto a Cagnotti, Guzmán, Potro y Gómez. Guevara también sucumbió a la magia de un futbolista único, de un genio y figura. Aún recuerdan en Rosario cuando en una ocasión tras marcar un golazo tras zafarse de cuatro jugadores rivales volvió al círculo central arrastrando su bota izquierda, cuando un compañero le preguntó ¿Por qué haces eso?, el Chueco le respondió: “Borro la jugada, para que no la copien”. En 1936 fue traspasado a Racing dejando una huella imborrable entre la hinchada rosarina.