“LES APACHES”: LOS GAMBERROS DE LA BELLE ÉPOQUE COMO ANTECEDENTE DEL FENÓMENO RACAILLE (II)

Las bandas de jóvenes pandilleros proliferaron en Paris a partir de mediados de la primera década del siglo XX. La trascendencia mediática de las acciones de los primeros apaches favoreció la extensión del fenómeno entre los jóvenes de los barrios más desfavorecidos. Convertirse en un apache significaba para muchos de estos adolescentes conseguir un cierto estatus, aunque ello fuera a cualquier precio.

el revólver apache podía ser usado como pistola, navaja o puño americano

UNA HISTORIA DE SAVATE, REVÓLVERES Y CUCHILLOS

Entre el armamento que acostumbraban a usar destacaba un tipo de pistola muy peculiar, el llamado “revólver apache”. Una arma de fuego sin tambor de 7 milímetros de calibre y poco más de 400 gramos de peso que a la vez podía usarse como navaja o puño americano, de aquí que también fuera conocido como “margarita” ya que se abría como una flor. Un peculiar revólver que inventó en 1860 el belga Dolne Brevete. Otros elementos habituales en las peleas eran los palos, las porras, los anillos con clavos (como el popular “golpeador espina”), las muñequeras de bronce con puntas afiladas que causaban graves heridas a los policías que intentaban detenerles o los bastones con punta afilada cortante, aunque la arma predilecta era una especie de cuchillo delgado y puntiagudo llamado “zarin” que podían esconder con facilidad entre su ropa para que pasara inadvertido y así poder sorprender a sus víctimas.

Además de este arsenal, los apaches también se caracterizaron por su agresividad en el cuerpo a cuerpo. No en vano desarrollaron una forma de lucha callejera a partir del savate (un estilo de lucha surgido de los barrios bajos cuando la legislación francesa consideró los puños como arma letal y que evolucionó hasta convertirse en un arte marcial, el boxeo francés). La prohibición de pelearse a golpes de puño en las calles bajo pena de ser movilizado durante un largo tiempo en el ejército provocó la evolución de la lucha callejera de los apaches. Para evitar la nueva legislación desarrollaron la llamada lutte parisienne (lucha parisina) y todo tipo de artimañas, como el “golpe de Pére François”, consistente en acercarse sigilosamente por detrás de la víctima para echar una bufanda sobre su cabeza apretando el cuello mientras se obstruye con un puño la espalda mientras un cómplice desvalija al asaltado.

una muestra del arsenal usado por los apaches y los delincuentes de la época

LA “PLAGA APACHE”: LA BATALLA DE LA BASTILLA

Más allá de la supervivencia vital, los apaches ansiaban prosperar y gozar de reconocimiento social. Una de las vías para conseguirlo, aparte de lucir un vestuario peculiar y mostrar una actitud altiva y desafiante, era a través de las prácticas violentas, entendidas como método para conseguir respeto. Los apaches se preocupaban por su honor, por mantener una reputación ganada a puñetazo limpio. La agresión, lejos de ser sancionada o mal vista, era jaleada como un medio para lograr cierta notoriedad social. Por ello no dudaban en asaltar a los transeúntes para robar un par de zapatos y así poder lucirlos ante sus compañeros de pandilla.

Nada era demasiado escandaloso o inmoral para ellos. Algo obvio si tenemos en cuenta los diversos sucesos que protagonizaron, desde robos o asesinatos de ancianas, hasta agresiones a policías a plena luz del día e incluso ataques a los bomberos que extinguían los incendios que previamente ellos mismos habían provocado. No es de extrañar pues que se convirtieran en un todo fenómeno social en aquellos años. Sin duda, el incidente que tuvo mayor repercusión fue la batalla campal ocurrida el 14 de agosto de 1904 en la Plaza de la Bastilla en la que participaron diversas pandillas de apaches. Los hechos se iniciaron cuando dos bandas adversarias se enzarzaron en una pelea con cuchillos y revólveres en la que perecieron tres jóvenes y siete más resultaron heridos. Los altercados, lejos de finalizar, se recrudecieron extendiéndose a las calles adyacentes. Cuando ochos agentes del orden, alertados por los vecinos, acudieron para mediar en la reyerta los hechos dieron un súbito vuelco. Ante la presencia policial, los apaches unieron sus fuerzas. Durante horas el centro de Paris se convirtió en un campo de batalla a la que se incorporaron más de un centenar de apaches de otras bandas. De los ochos policías que trataron de apaciguar los ánimos seis acabaron en el Hospital de Saint Antoine de Paris con heridas de bala. La llegada de refuerzos provocó la huida de los pandilleros, nueve de ellos yacían malheridos sobre el pavimento de la plaza.

prácticas represivas empleadas por las autoridades contra los apaches

LA CREACIÓN DE LAS BRIGADAS DEL TIGRE. LOS INTOCABLES DE CLEMENCEAU

La magnitud del fenómeno apache superó a las autoridades. Los 8.000 agentes y 1.000 inspectores con los que contaba la dirección de seguridad en la capital eran escasos para enfrentarse a los casi 30.000 jóvenes pandilleros parisinos, toda una plaga según medios como Le Petit Journal. Ante la gravedad de la situación el entonces ministro de Interior Georges Clemenceau promovió en 1907 la creación de las llamadas Brigadas regionales de policía móvil, popularmente conocidas como las Brigadas del Tigre en honor al apodo del propio Clemenceau –le tigre–, un escuadrón policial especializado en el combate cuerpo a cuerpo y entrenado en técnicas de savate dirigido por el comisario Jules Sébille. Ni siquiera así el gobierno puedo acabar con la criminalidad y las fechorías de los apaches. Una situación que provocó que la propia población se organizara en patrullas para preservar el orden en sus calles.

Pero lo que las autoridades no pudieron enmendar si lo hizo la guerra. Sin ninguna duda el punto de inflexión del fenómeno apache fue el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 en la que fueron movilizados muchos de estos jóvenes pandilleros. Tras la contienda bélica el estilo entró en declive, en parte por las bajas humanas producidas durante el conflicto. Sin embargo, el fenómeno apache a pesar de languidecer dejó una fuerte impronta en Francia. Tras dos décadas de implantación los apaches lograron convertirse en todo un mito.

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