LA CRIMINALIZACIÓN DEL ESTILO ZOOT SUIT: EL CASO SLEEPY LAGOON (I)

En entradas anteriores dimos cuenta de la concreción de un estilo propio por parte de los jóvenes afroamericanos y pachucos de origen mejicano, los llamados zoot suiters. El mismo se remontó a la década de los años cuarenta del siglo XX y estuvo focalizado en grandes metrópolis urbanas como Los Ángeles. Después de conocer como el estilo sufrió una creciente criminalización a raíz de los episodios violentos conocidos como zoot suit riots, a continuación vamos a tratar un hecho previo que, sin duda, ayudó a generar todo tipo de prejuicios contra los pachucos.

Harry James, trompetista y líder de la orquestra que popularizó el tema que dió nombre a Sleepy Lagoon

UN ASESINATO COMO DETONANTE

Sleepy Lagoon era una de las dos mayores reservas de agua que irrigaba las cosechas del rancho propiedad de la familia Williams, cercano al área rural próxima por aquel entonces a Los Angeles y que posteriormente tomó el nombre de Bell. La pequeña laguna, situada en el sudeste de la ciudad y llamada así por una canción homónima del popular trompetista Harry James, era usada como zona de asueto por los adolescentes con escasos recursos que no podían permitirse ir hasta el centro. Fue precisamente allí donde la noche del 1 de agosto de 1942 se descubrió el cadáver de uno de los jóvenes empleados del rancho. Las sospechas pronto recayeron en la cuadrilla de chicos de origen chicano que frecuentaron la zona aquel dia.

Varias parejas de jóvenes procedentes de Los Angeles se habían dirigido ese mismo dia a Sleepy Lagoon. Entre ellas se encontraban Hank Leyvas y su novia Dora Barrios. Mientras la pareja se hallaba departiendo bajo la luz de la luna fueron atacados por un grupo de muchachos de una banda rival. Tras huir, Leyvas se dirigió a su barrio para recabar ayuda de los miembros de la banda de la Calle 38 (38th Street gang), la pandilla de South Central creada en la década de los años veinte a la que pertenecía. Pronto consiguió reunir a una treintena de jóvenes que se dirigieron en coche hasta Sleepy Lagoon. Allí se encontraba José Díaz que asistía a una fiesta de cumpleaños que se celebraba en el rancho, donde él y otras famílias inmigrantes trabajaban.

miembros de la 38th Street Gang de Los Angeles

Cuando Leyvas y sus compinches llegaron al lugar donde habían sido atacados no encontraron a nadie, pero oyeron la algarabía de la fiesta y se dirigieron hacía allí convencidos de encontrar a los agresores. Tras una tumultuosa pelea que duró cerca de diez minutos la pandilla de Leyvas se marchó. Al dia siguiente el cuerpo inerte de Díaz fue hallado tendido en el suelo. Había sido apuñalado y golpeado.

LOS ZOOTIES COMO CHIVO EXPIATORIO

El suceso fue aprovechado por unas autoridades altamente preocupadas por el aumento de la delincuencia asociada a la juventud. El gobernador de California, el demócrata Cuthbert L. Olson, decidió emplear toda la fuerza que fuera precisa para acabar con este tipo de actos. Así fue como la policía tuvo amplias competencias para detener a todo aquel joven que considerara sospechoso. El 10 de agosto más de 600, la mayoría pachucos, fueron detenidos acusados de asaltos y robo a mano armada. Algunos de ellos fueron arrestados simplemente por lucir la estética zoot suit. Entre los apresados estaba Hank Leyvas que fue encausado por la muerte de Díaz junto a 21 jóvenes más, entre los que se encontraban Chepe Ruiz, Robert Telles, Manuel Reyes, Ángel Padilla, Henry Ynostrosa, Manuel Delgado, Gus Zamora, Jack Meléndez y John Matuz. Otros 175 latinos fueron también a juicio por diversos cargos.

recorte de prensa sobre el juicio a Heny Leyvas

El juicio centró la atención de la prensa durante varios meses. Los articulistas afirmaban que el encarcelamiento de los pachucos era “una necesidad para la seguridad nacional”. Según ellos, los jóvenes mejicano- americanos habían formado “grupos quintacolumnistas (pro-fascistas) en el interior de los Estados Unidos”.

Finalmente, los pachucos de la Calle 38 fueron condenados por el jurado tras el juicio paralelo al que fueron sometidos por periódicos como el Herald Express o The Los Angeles Times. Leyvas, sentenciado a cadena perpétua por el juez Charles G. Fricke, en enero de 1943 fue trasladado al penal de San Quintín. Otros dos acusados recibieron la misma pena, nueve fueron acusados de homicidio en segundo grado y fueron condenados a cinco años de cárcel, mientras cinco más fueron acusados por asalto y ya habían cumplido la pena esperando el juicio. Solo otros cinco fueron absueltos. La decisión del magistrado fue apelada por los defensores, entre los que se encontraban abogados como Ben Margolis y Selma Bachelis.

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