ULTRAS EN JAPÓN ¿HACÍA UNA CULTURA DEL HOOLIGANISMO?

CUANDO HABLAMOS DE VIOLENCIA EN EL FÚTBOL las imágenes más usuales al respecto son las que nos llegan de países europeos o sudamericanos. La globalización ha provocado la expansión de este deporte por todo el planeta como negocio- espectáculo. De esta forma el fútbol ha arraigado en lugares recónditos como Japón, donde a pesar de su difusión el deporte más popular sigue siendo el beisbol (reflejo de la influencia norteamericana en el país desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial).

El fútbol se abrió camino en Japón en la década de los años noventa con la creación de la J-League (el campeonato profesional) que reemplazó en 1992 a la anterior liga amateur. La implicación de las empresas multinacionales (Mitsubishi, Mazda, Panasonic o Nissan) que en 1996 aportaron 5.300 millones de pesetas sirvió para revalorizar el fútbol nipón. Fue entonces cuando se fundaron la mayoría de clubes, algunos de ellos nacidos de la fusión de equipos ya existentes (como en el caso del Yokohama F- Marinos). El resultado fue la popularización del fútbol en el país, sobre todo entre la juventud. Los estadios se convirtieron en una fiesta familiar donde cada fin de semana acudían los padres con sus hijos y multitud de jóvenes. Entre estos últimos muchas chicas atraídas por el marketing que elevó a los jugadores a estrellas mediáticas.

Esta asistencia plural y con una notable representación femenina favoreció la inexistencia de altercados en las gradas de la J- League a pesar de la emergencia de los primeros grupos de hinchas organizados. Unos colectivos creados por mero mimetismo respecto a los europeos y sudamericanos, un hecho recurrente en la sociedad nipona actual siempre predispuesta a reproducir cualquier manifestación occidental con extrema fruición por el simple hecho de ser foránea como muestra de prestigio. Así vieron la luz los grupos pioneros en clubes como Kashiwa Reysol, Kashima Antlers o Consodole Sapporo. La cultura del fan emergió con pasión y pronto se organizaron grupos de hinchas que emulaban a los existentes en países como Italia, Inglaterra o Brasil. La mayoría de clubes de la J-League 1 contaron con sus propios representantes. Los nombres adoptados por estos grupos, muchos de ellos en italiano, inglés o portugués (cabe recordar como la colonia brasileña es la que cuenta con mayor número de residentes en Japón), evidenciaron una vez más el carácter imitativo del fenómeno. Así podemos encontrar grupos autodenominados ultras como In Fight (Kashima Antlers), No surrender (Tokyo FC), Ultra Obri (Avispa Fukuoka), Ultra’ Sapporo Curva Nord 1996 (Consodole Sapporo), Ultras Boys Snake 98 (Urawa Reds Diamonds), Black & White Squad o Brigate Neroazzurre (Gamba Osaka), Commandos R. G. Ultra (Nagoya Grampus) o Mafia Azul (Kofu) entre muchos otros.

Desde su concreción, los ultras japoneses han aportado colorido a las gradas de los estadios con sus coreografías (tifos), banderas, pancartas y cánticos con los que han animado a sus respectivos equipos. Paradójicamente, este fenómeno de imitación no reprodujo los comportamientos vandálicos acaecidos en Europa o Sudamérica sino únicamente la iconografía y parafernalia de sus homólogos. En Japón, la relación entre las aficiones rivales siempre se ha caracterizado por el más estricto respeto, tanto dentro de los estadios como en sus alrededores. Jugadores y árbitros tampoco han sufrido violencia alguna, ni física ni verbal. Sin duda, un comportamiento favorecido por la idiosincrasia y los valores de una sociedad como la japonesa muy tradicional. Como ejemplo de ello podemos citar la reverencia que el equipo local realiza al finalizar el encuentro ante su público, gane o pierda, como muestra de respeto a su afición.

La adopción del fútbol como deporte de moda entre los jóvenes y el eterno seguidismo que ejercen los ultras locales respecto a las dinámicas de los grupos italianos, ingleses y brasileños han supuesto algunos cambios en la concepción de la cultura del aficionado. Así, el 17 de mayo de 2008 durante un partido de liga que enfrentó a los Urawa Red Diamonds contra el Gamba Osaka en el estadio de Saitama, en el que vencieron los visitantes por 2 a 3 con un hat trick de Yasuhito Endō, se sucedieron diversos altercados. La celebración en el césped de los jugadores de Osaka degeneró en una pelea entre los futbolistas de ambos equipos. La tensión se trasladó a las gradas donde los aficionados rojos intentaron destrozar la valla que les separaba de los seguidores rivales e incluso les lanzaron objetos ante la sorpresa de unas fuerzas policiales poco experimentadas en la contención de multitudes en acontecimientos deportivos. Un hincha de Osaka resultó herido con fractura de tobillo. 5000 aficionados de Urawa se congregaron durante más de tres horas para bloquear la salida de la hinchada rival hasta que la policía les disuadió y se dispersaron.

Este es el vídeo de los incidentes emitido por la televisión japonesa:

Pero este no ha sido el primero ni el único altercado que ha sufrido el fútbol japonés. En noviembre de 1994 hinchas de Urawa lanzaron botellas y otros objetos al terreno de juego contra sus propios futbolistas por el mal juego del equipo. Un comportamiento que se ha ido reproduciendo durante la década de los años noventa en otros estadios como el Hitachi Kashiwa Soccer Stadium donde lanzaron monedas y objetos a los seguidores rivales. Y es que los seguidores de Urawa se han ganado la fama de ser los “hooligans” del Japón, salvando las evidentes distancias respecto a los ingleses, al recrear una imagen de hinchas “duros”.

Encontronazo entre hinchas de Urawa Reds Diamonds y Gamba Osaka

Pero la violencia no ha sido patrimonio de los hinchas rojos. En septiembre de 2008 el centrocampista brasileño del Kashiwa Reysol, Álex, fue agredido con un palo de bandera en el estadio de Kashima Antlers cuando iba a sacar un córner. El agresor fue sancionado con una suspensión de por vida para acceder a recintos deportivos, mientras ambos clubes recibieron una multa económica. A pesar de ello, los casos de violencia se acostumbran a minimizar desde la J-League y la Asociación Japonesa de Fútbol (JFA). Lo cierto es que el tópico que asociaba el fútbol japonés con aficionados pacíficos y coloristas ya no se corresponde con la realidad. ¿Acabará reproduciéndose en un futuro próximo el fenómeno hooligan en el país del sol naciente?

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