DE HÉROE A VILLANO: ALEXANDRE VILLAPLANE, UN COLABORACIONISTA EN LA SELECCCIÓN FRANCESA (I)

mayo 19, 2012

La recuperación de la memoria histórica no se cierne únicamente en el hallazgo de fosas comunes, cadáveres olvidados o la celebración de actos de desagravio con las víctimas de las diversas contiendas bélicas que padeció Europa durante el siglo XX. También es preciso, a nuestro entender, analizar la actuación de los participantes en las mismas.

La firma del armisticio entre las fuerzas aliadas y la Alemania nazi que puso punto y final a la Segunda Guerra Mundial supuso el inicio, en determinados países, de las investigaciones. El objetivo era conocer, denunciar y juzgar a todos aquellos ciudadanos que hubieran cometido actos punibles más allá de los que se suponen como habituales en una guerra. En este contexto se llevaron a cabo los célebres juicios de Nüremberg, que acabaron con diversas condenas a dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nazi por crímenes y abusos contra la Humanidad.

cartel propagandístico del régimen de Vichy con la imagen de Pétain

LES COLLABOS. LA FRANCIA PRONAZI

En Francia, tras la liberación, el nuevo gobierno de la IV República decidió emprender también acciones legales contra aquellos individuos que habían apoyado o mostrado simpatía por el ejército nazi durante la ocupación.

El colaboracionismo francés fue ciertamente un fenómeno muy complejo. De hecho sus primeros integrantes provenían de distintas organizaciones de la izquierda socialista y radical o de las filas comunistas, como Jacques Doriot, ex secretario de la Juventudes Comunistas de Francia y posterior fundador del Parti Populaire Français (PPF) y de la Légion des Volontaires Français contre le Bolshevisme (LVF). Su magnitud, lejos de ser residual, llegó a cifras considerables. Según los expertos más de 170.000 franceses, una tercera parte de ellos jóvenes, dieron un apoyo activo al nazismo.

Hitler y Pétain departiendo durante uno de sus encuentros oficiales

A todos estos ciudadanos y organizaciones que habían cooperado con el Tercer Reich se les denominó “collabos”. El término, acuñado en noviembre de 1940 por el periodista Marcel Déat –fundador del partido filofascista Rassemblement National Populaire (RNP)–, acabó utilizándose para referirse de forma despectiva a estos franceses pro nazis.

De los 311.000 procesados por colaboración, 124.000 fueron condenados. Algunos incluso a la pena de muerte. Entre estos últimos destacaron figuras como las del mariscal Pétain (cabeza visible del régimen de Vichy), el político Charles Maurras o los escritores Robert Brasillach o Pierre Drieu La Rochelle, quién se suicidó antes de que le fuera aplicada la pena capital. Además de estas personalidades del ámbito político e intelectual, entre los miles de procesados por colaboracionismo se encontraba también un futbolista: Alexandre Villaplane.

los colaboracionistas Charles Maurras, Robert Brasillach y Pierre Drieu La Rochelle

DE JUGADOR PRECOZ A VEDETTE DEL FÚTBOL FRANCÉS DE ENTREGUERRAS

Nacido en Argelia en 1905, a los dieciséis años Villaplane se trasladó a Francia acompañando a su tío. Pronto destacaría con el balón en los pies en las filas del FC Séte, conjunto del sur del país. Su habilidad como centrocampista provocó que el entrenador del club, el escocés Victor Gibson, le subiera al primer equipo. Jugó allí hasta 1924 cuando ingresó en el ejército, jugando con la selección militar de fútbol francesa en dos ocasiones.

No fue hasta 1926 cuando fue convocado para formar parte del combinado nacional absoluto. Debutando con los “bleus” el 11 de abril de ese año en un partido que les enfrentó con Bélgica, a la que derrotaron por 4 a 3. Aunque durante aquella temporada sufre diversas lesiones, Villaplane acaba convirtiéndose en un habitual de la selección nacional francesa destapándose como un gran rematador de cabeza.

una imagen de un joven Villaplane vistiendo traje

Con el fútbol francés inmerso en el debate sobre la necesidad de dar el paso del amateurismo al profesionalismo, Villaplane fichó en 1927 por el Sporting Club Nîmois a cambio de un trabajo. Una oferta ficticia que escondía un suculento contrato como futbolista profesional. Con el conjunto rojiblanco, precursor del posterior Nîmes Olympique, ganó el campeonato el sureste tras mantenerse invicto toda la temporada logrando de esta manera el ascenso a la División de honor del fútbol galo. Un año después, Villaplane formó parte de la selección olímpica que disputó los Juegos celebrados en Amsterdam y quedó eliminada en la primera fase tras caer ante Italia.


ROTE JÄGER: EL VICTORIOSO EQUIPO DE FÚTBOL DE LA LUFTWAFFE (III)

febrero 17, 2012

Retomamos en esta entrada la historia del equipo de fútbol más victorioso de la aviación germana durante la Segunda Guerra Mundial, los Rote Jäger (cazadores rojos), cuyos futbolistas fueron reclutados por el as de la aviación alemana Hermann Graf entre los jugadores que se encontraban sirviendo en los diversos frentes durante la contienda bélica. Tras la debacle militar del Eje el conjunto deportivo de la Luftwaffe fue disuelto y sus integrantes corrieron suerte diversa.

Graf durante una de sus convalescencias junto a sus soldados futbolistas

DE LA PORTERIA AL CAMPO DE INTERNAMIENTO SOVIÉTICO

Una vez finalizada la experiencia futbolística, Graf llegó a ejercer durante cuatro meses como coronel de la unidad encargada de la defensa del Reich, la JG- 11. A pesar de tener prohibido volar en misiones operativas consiguió cuatro derribos más para añadir a su historial de combate aéreo. En las postrimerías del conflicto fue herido y obligado a permanecer internado en un hospital. Tras un breve periodo de convalecencia fue destinado a la escuadrilla JG- 52 que operaba en el Frente Oriental.

Cuando se intuía próximo el final de la Guerra, Graf recibió la orden de dirigirse al sector ocupado por los británicos para evitar ser capturado por las tropas soviéticas. Contradiciendo a sus superiores, el 8 de mayo de 1945 el piloto capituló ante la 90 División de Infantería del Tercer Ejército norteamericano cerca de la localidad checoeslovaca de Pisek. Su hoja de combates reflejaba los 212 derribos conseguidos y las 830 misiones de combate en las que había participado. A pesar de haberse rendido a los americanos, tanto él como el comandante de cazas Erich Hartmann, apodado El Diablo Negro, fueron entregados a los soviéticos que les recluyeron en el campo de prisioneros de Griazovets, ubicado en la región de Vologda Oblast, donde realizaron trabajos forzados.

Walter luciendo la elástica del Kaiserlautern junto al también internacional alemán Albert Sing

EL BALÓN QUE SALVÓ A FRITZ WALTER DEL GULAG

Fritz Walter corrió una suerte similar a la de su superior. Tras ser destruidos todos los aviones de su escuadrilla fue apresado junto a sus compañeros y recluido en un campo de prisioneros bajo tutela norteamericana. Tras unas semanas de incerteza fue entregado junto a miles de soldados alemanes presos a las tropas soviéticas. Su traslado a un gulag de Siberia se realizó de inmediato. Pero el azar reservó un final distinto al jugador germano. El convoy que le transportaba hizo una última parada en un centro de recepción de Ucrania. Fritz Walter se percató que los guardias estaban preparándose para disputar un partido de fútbol. Causalmente el balón rodó hasta sus pies tras un disparo defectuoso y Walter, con sus pesadas botas militares, ejecutó una volea para devolver el esférico al improvisado terreno de juego. En pocos segundos pasó a formar parte de uno de los equipos que disputaban el encuentro. Durante la media parte uno de los guardias se acercó a él y le espetó “yo a ti te conozco. Hungría- Alemania en Budapest, 1942, ganasteis 5 a 3”. Al día siguiente su nombre desapareció de la lista de los prisioneros que iban a ser enviados al campo de internamiento. Algunas fuentes apuntan al centinela húngaro que lo reconoció como el artífice de su salvación al asegurar que el futbolista no era alemán sino austriaco. Aquel fue, según el propio Walter, “el partido más importante de mi vida”. Enfermo de malaria retornó a su país y se reincorporó a la disciplina del 1 FC Kaiserlautern, equipo con el que conquistaría dos ligas en 1951 y 1953.

almanaque del fútbol alemán de la revista Kicker (1942)

UN EPÍLOGO DE HÉROES Y TRAIDORES

Por su parte, Graf a diferencia de Hartmann, que permaneció 10 años recluido en un gulag, reconoció públicamente que la guerra había sido un error y se integró en la Federación de Oficiales Alemanes (BDO) que colaboraba con el Ejército Rojo. Así fue como, a finales de 1949, consiguió ser liberado. Un año más tarde escribió un pequeño manuscrito sobre sus vivencias deportivas en la Luftwaffe titulado Die Rote Jäger: Ein Schicksalsbericht namhafter deutscher Fussballer aus dem letzen kriege. Sin embargo, su colaboración con los soviéticos le supuso, a su retorno a Alemania, el rechazo de sus ex compañeros de armas y la exclusión de la Kameradschaftsbund der Jagdflieger, la Hermandad de antiguos pilotos de caza. A ello se sumó su divorcio y los rumores que le vincularon con el espionaje soviético, agudizados tras la publicación del libro Digo la verdad, escrito por otro as de la aviación alemana, el mayor Hans Assi Hahn. Aislado y repudiado por su antiguos camaradas, Graf consiguió trabajo gracias a sus contactos futbolísticos. Sepp Herberger, el antiguo entrenador de los Rote Jäger, le presentó a Roland Endler, un industrial que llegaría a ser presidente del Bayern de Munich entre 1958 y 1962. Fue este empresario quién le ayudó ofreciéndole un empleo como vendedor en su compañía de manufacturas electrónicas, donde llegaría a ser jefe de ventas de la región de Baden. Así fue como pudo rehacer su vida casándose por tercera vez en mayo de 1959 con Helga Graf con quién tuvo dos hijos. Ese mismo año Fritz Walter publicó el libro 11 Rote Jäger: Nationalspieler im Kriege con el que quería homenajear a Graf y al resto de sus compañeros de equipo. En sus páginas la estrella de los Roten Teufel (diablos rojos), apodo que identifica al 1 FC Kaiserlautern, afirmó que el fútbol para Graf durante la guerra se convirtió en un medio para “crear un equilibrio con su encuentro diario con la muerte”, una especie de válvula de escape imprescindible para el piloto.


ROTE JÄGER: EL VICTORIOSO EQUIPO DE FÚTBOL DE LA LUFTWAFFE (I)

enero 28, 2012

Corría el año 1912 cuando en una pequeña localidad alemana del land de Baden- Württemberg, Engen, nacía Hermann Graf. Hijo de una familia humilde de escasos recursos pronto tuvo que buscarse la vida trabajando como aprendiz de cerrajero e incluso como ayudante del clérigo local. En esa época, como la mayoría de los jóvenes alemanes, se aficionó a los deportes llegando a compaginar sus empleos con una de sus mayores aficiones, el fútbol.

Graf de uniforme luciendo sus condecoraciones

HERMANN GRAF. UN AS DE LA AVIACIÓN BAJO PALOS

Graf empezó a estudiar gestión y a practicar este deporte como aficionado en el FC Hewen Engen, destacando en la demarcación de portero. En 1932, una vez finalizada su formación escolar obtuvo una licencia para pilotar planeadores, hecho que le permitió cuatro años más tarde conseguir el título de aviador de aparatos a motor e ingresar en las Fuerzas Aéreas militares alemanas, la Luftwaffe. Con anterioridad, coincidiendo con la llegada de Hitler al poder, Graf se había afiliado al NSDAP, el partido nacionalsocialista. Durante dos años, en paralelo a la expansión del Estado nazi, prosiguió su adiestramiento como piloto de combate hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial y fue destinado a la escuadrilla Jagdgeschwader 51 (JG- 51) con el rango de sargento hasta que en enero de 1940 fue trasladado a Merseburg para ejercer como instructor de vuelo de un grupo de pilotos de cazas. Poco después de ser ascendido a teniente fue transferido a la escuadrilla JG- 52 emplazada en Rumania. Allí se encargó de la formación de aviadores locales hasta que en mayo de 1941 fue enviado con su unidad a Grecia para dar apoyo aéreo a la invasión de Creta. Tras participar en diversos combates Graf marchó a un aeródromo situado en el frente del este ocupado durante la Operación Barbarroja. Allí fue donde fraguó su leyenda como as de la aviación germana. En tan sólo tres semanas consiguió derribar a 48 cazas enemigos por los que recibió la Cruz de Hierro. Pero su popularidad en el ejército alemán creció aún más cuando en un solo día derribó a 8 aviones aliados. Así fue como añadió a su laureado palmarés una nueva condecoración, las Hojas de Roble tras sumar 104 combates victoriosos.

Hermann Graf (centro) junto a sus hermanos Josef y Wilhelm

LA GÉNESIS DE UN EQUIPO DE FÚTBOL INVENCIBLE

Por sus méritos de guerra en el cerco de Stalingrado, Graf logró el grado de capitán. La fama que había alcanzado entre sus compañeros de armas provocó que los máximos mandatarios nazis prefirieran mantenerlo alejado del frente para evitar que fuera abatido y ello minara la moral de los pilotos, como ya sucedió con otro as de la aviación alemana Hans- Joachim Marseille, conocido como La Estrella de África, que murió tras sufrir un accidente durante un reconocimiento. Apartado del frente por motivos propagandísticos y ya con el grado de mayor, Graf fue enviado a Burdeos para dirigir una escuela de vuelo para pilotos de combate, la Ergänzungs- Jagdgruppe Ost. La escasez de efectivos favoreció su reincorporación al servicio activo como comandante de la escuadrilla JG- 50, especializada en interceptar aviones spitfire británicos.

el seleccionador de fútbol alemán Josef Sepp Herberger

Más allá de sus deberes militares, Graf mantuvo intacta su pasión por el fútbol. Tras mantener conversaciones con Josef Sepp Herberger, el técnico que sucedió a Otto Nerz al frente de la selección alemana, el laureado piloto consiguió crear en 1943 un equipo de fútbol en su unidad, los denominados Rote Jäger (Cazadores rojos), que gozaron de una enorme popularidad en el Ejército alemán. Su nombre obedecía al color de sus camisetas, donadas por un empresario amigo de Graf, y a su condición como pilotos de combate. Pero el condecorado aviador no se conformó con configurar una escuadra cualquiera, quería a los mejores futbolistas a su lado. Así fue como, usando sus influencias, fue transfiriendo a distintos  jugadores que servían en diversos frentes a su unidad bajo el pretexto de ser los técnicos expertos que precisaba su escuadrilla. De esta manera, los soldados futbolistas requeridos por Graf consiguieron escapar de una más que probable muerte.

Graf visitando un entrenamiento de un equipo militar dirigido por Herberger


ZAZOUS: LOS REBELDES DEL SWING FRANCESES (II)

diciembre 7, 2010

Los zazous fueron considerados un mal ejemplo moral para la juventud francesa. El ministro de educación del gobierno de Vichy, Abel Bonnard, les consideró “un vestigio de una sociedad individualista”. De ahí que diversos medios, como el semanario La Jeunesse o el periódico La Gerbe, publicaran numerosos artículos anti- zazous (78 en 1941, 49 en 1941 y 38 en 1943), en los que se criticaba su “degeneración, egoísmo y simpatías judeo- gaullistas”.

pintada antizazou firmada por la JPF

RASEZ LE ZAZOU!: DE PERSEGUIDOS A OLVIDADOS

A partir de 1942 las palizas callejeras a zazous empezaron a ser habituales tras convertirse en el chivo expiatorio de organizaciones fascistas como Jeunesse Populaire Française (JPF). Los miembros de esta organización, liderada por Jacques Doriot, solían arremeter contra los zazous provistos con máquinas de afeitar al grito de “Scalp les zazous!”. Precisamente, una de sus principales diversiones consistía en afeitar las largas cabelleras de los zazous. Y eso fue lo que hicieron el 14 de junio de 1942, cuando centenares de jóvenes collabos organizaron una gran batida en Neuilly (barrio Latino) y los Campos Elíseos contra los zazous al grito de “Vive Pétain, Vive Doriot!”.

Jacques Doriot, líder de la JPF

Los camisas azules de la JPF eran la antítesis de los zazous. El propio líder de dicha organización teorizó alrededor del vestuario como “signo distintivo de la raza”, exhortando a sus afiliados a “ser duros, violentos, pero ir correctamente vestidos”.

LA JUVENTUD DISIDENTE, NI NAZIS NI COLLABOS

La procedencia multiétnica de los zazous, junto a su pasión por el swing jazz, y su vestuario extravagante les otorgaron una aurea de bohemia que fue percibida como un acto de disidencia por las autoridades nazis que regían la Francia ocupada. Los zazous tampoco fueron del agrado del régimen colaboracionista de Vichy, que los consideró una “degeneración cultural”. De hecho, sus homólogos alemanes, los denominados “chicos swing”, fueron también perseguidos durante los años treinta por las escuadras nacionalsocialistas. Durante la Segunda Guerra Mundial más de 300 de estos apasionados del swing fueron internados en campos de exterminio. También algún francés fue deportado. Este fue el caso de Pierre Seel, un zazou de Mulhouse que fue recluido en Schirmeck- Vörburck (Alsacia) por ser homosexual.

dibujo satírico de los encontronazos entre zazous y miembros de la JPF

Pero la actitud beligerante de los zazous ante el totalitarismo nazi fue más allá de sus preferencias musicales. Cuando en 1942 se obligó a los ciudadanos judíos de Paris a lucir una estrella de David amarilla identificativa en su pecho, los jóvenes zazous optaron por colgarse también una con la palabra “swing” o “zazou” escrita en medio de la misma. Este tipo de acciones, junto con su “inmoral” forma de bailar, fueron consideradas como inaceptables tanto por los jerarcas nazis como por el gobierno de Vichy.

estrella de David que exhibieron los zazous

Paralelamente, otros zazous fueron arrestados por la policía y confinados en áreas rurales siendo obligados a trabajar en el campo. Se prohibieron los bailes, pasando estos a ser clandestinos. Aunque de facto estos ya se celebraban en secreto, reviviendo las “fiestas sorpresa” ilegales de los años veinte, desde que los Estados Unidos declararon el estado de guerra y el jazz y el swing fueran censurados por los nazis. Algo similar ocurrió con los films norteamericanos posteriores a 1937. También fueron clausurados los cafés del Boulevard Saint- Michel como respuesta al “mauvais sprit” (mal espíritu) de los zazous. Este cúmulo de persecuciones, arrestos y prohibiciones convirtió el estilo en un fenómeno underground. Muchos zazous evitaron las detenciones y el hostigamiento transformando su vestuario por otro menos llamativo. Así fue como el estilo fue menguando hasta desaparecer a finales de los años cuarenta.


ZAZOUS: LOS REBELDES DEL SWING FRANCESES (I)

noviembre 30, 2010

Inicialmente llamados “petits swings” y posteriormente “ultra swings”, los zazous surgieron durante la década de los cuarenta del siglo pasado. Tomaron su nombre definitivo de la canción “Zah Zuh Zah” que el jazzman norteamericano Cabell Cab Calloway compuso en 1933, erigiéndose en el primer estilo juvenil gestado en Francia. Otras fuentes apuntan a otro músico, el trompetista Freddy Taylor que giró ese mismo año por Francia con la orquestra de Lucky Millinder y abrió su propio club en Montmartre, como el verdadero inspirador del término zazou.

Los integrantes del estilo se sintieron atraídos por el fenómeno zoot- suit y los géneros musicales en boga por aquellos años en Estados Unidos: el swing jazz y el be- bop. Entre sus ídolos musicales autóctonos destacó el crooner francés Johnny Hess, que en 1942 interpretó “Je suis swing”. La canción se popularizó entre la juventud gracias a su letra: “Za zou, za zou, za zou, za zou ze”, convirtiéndose en el disco más vendido hasta ese momento en el país galo.

un zazou paseando por las calles de Paris

UNA ESTÉTICA PARISINA EXTRAVAGANTE

Estéticamente los zazous, radicados mayoritariamente en la capital parisina, se caracterizaron por lucir una imagen similar a la de los zooties norteamericanos. Vestían chaquetas largas, pantalones holgados de algodón, calcetines y corbatas de colores, tirantes y zapatos creepers de suela ancha (que en los años cincuenta se convertirían en el calzado habitual de los teddy boys). Llevaban el pelo largo y peinado con gran cantidad de gomina, de ahí que el semanario parisino L’Illustration les denominara los “aceitosos como ensaladas”. También les gustaba lucir un bigote fino emulando al que exhibía el actor norteamericano Clark Gable en sus films.

Por su parte, las chicas adscritas al estilo preferían lucir el cabello rubio y los labios pintados de rojo. Vestían chaquetas con amplias hombreras, faldas cortas plisadas, medias de red y zapatos de suela de madera ancha (conocidos como Minnie Mouse shoes). También usaban gafas de sol y otros complementos como pendientes, pulseras y bolsos.

La implantación del estilo en Paris se repartía en dos grandes áreas. Por un lado, los zazous que residían en el barrio Latino y se reunían en clubes como Le Dupont- Latin o La Capoulade, o los que frecuentaban la zona de los Campos Elíseos, habituales del café Pam Pam, y el Boulevard Saint- Michel, cerca de la Sorbona. De edades comprendidas entre los 17 y los 20 años, los zazous eran de extracciones sociales diversas, aunque predominaban los de clase media baja.

“Ils sount zazous!” de Johnny Hess

ESPRIT DE SACRIFICE: LOS JÓVENES BAJO EL RÉGIMEN DE VICHY

La administración colaboracionista presidida por el mariscal Pétain y el primer ministro Pierre Laval, que reemplazó el lema republicano por el de “Trabajo, Familia, Patria”, argumentó que la derrota ante Hitler fue el resultado de la resquebrajada moral francesa causada por “comunistas, judíos e intelectuales”. Por ello, aprobó leyes anti alcohol y contra las enfermedades venéreas y el aborto, además de promover el deporte y la lectura entre los jóvenes. De este modo, a través de organizaciones como los Compagnons de France, pretendía disciplinar a la juventud francesa. Para conseguir este objetivo, en 1940 el gobierno de Pétain llegó incluso a crear un Ministerio de la Juventud.

El régimen de Vichy puso énfasis en que los jóvenes trabajaran en el campo. De hecho, en el sur del área dominada por los collabos (nombre que recibían los simpatizantes franceses del nazismo), la agricultura se convirtió en un sustitutivo del servicio militar para muchos jóvenes. Según las autoridades, estas labores rurales eran la “mejor vía para inculcarles el nuevo carácter nacional”.


LA CRIMINALIZACIÓN DE UN ESTILO: ZOOT SUIT RIOTS (I)

septiembre 4, 2010

EN LA IMPLANTACIÓN DEL ESTILO ZOOT SUIT entre la juventud latina y afroamericana residente en Estados Unidos en la década de los años treinta del siglo pasado merece tener en consideración como este estilo se convirtió en una estética de resistencia para estos jóvenes.

Los Angeles, epicentro de la emigración mejicana

La sequía que abarcó en la década de los años treinta el área comprendida entre el Golfo de Méjico y Canadá fue uno de los peores desastres naturales acontecidos en aquella época.  El Dust Bowl, como se conoció al fenómeno meteorológico que levantaba densas nubes de polvo y arena, destruyó cosechas y provocó que miles de mejicanos buscaran nuevas oportunidades para prosperar en el vecino estado de California. Su capital, Los Angeles, fue la ciudad que acogió a la mayor parte de estos emigrantes. Entre ellos muchos jóvenes que pronto adoptaron el estilo de moda del momento en la ciudad: los trajes zoot suit.

En plena recesión económica las condiciones de insalubridad, el desempleo y la indigencia agravaron la tensión entre las comunidades latina y autóctona. Los jóvenes pachucos, nombre con el que se conocía a estos chicos latinos que lucían la imagen zootie, fueron los que experimentaron esta hostilidad en primera persona.

jóvenes zoot suiters bailando en un salón

Guerra en el Pacífico, violencia en la ciudad

Aquel verano de 1943, los Estados Unidos y Japón se veían enzarzados en plena ofensiva por el control del Pacífico. En dicho frente, la armada nipona intentaba conquistar Australia mientras el ejército norteamericano se esforzaba por detener su avance. El desgaste a la que se sometía a las tropas que luchaban cuerpo a cuerpo en las islas provocó que, regularmente, estas fueran enviadas a Estados Unidos para descansar antes de volver a ser movilizadas. En ese periodo, Los Angeles albergó un importante centro de entrenamiento y tránsito de personal militar. Los soldados e infantes de marina coparon la ciudad en búsqueda de diversión. Los encontronazos entre marines y pachucos no tardaron en producirse por la rivalidad que ambos grupos entablaron entorno al cortejo de las mujeres de la ciudad.

marines exhibiendo una bandera japonesa en una isla del Pacífico

Los rumores empezaron a correr como la pólvora entre militares y pachucos. Mientras en la comunidad latina se especulaba con que los marines no respetaban a sus mujeres y las acosaban sexualmente,  los soldados se quejaban de que sus esposas eran vejadas y objeto de todo tipo de burlas en las calles por parte de los jóvenes de procedencia mejicana. La tensión entre marines y pachucos se agravó hasta que el 30 de mayo de 1943 estalló violentamente.


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